lunes, 14 de febrero de 2011

699 ¿En realidad tenemos alma?


699   “LA CHISPA”    (27 octubre 2009)
Lema: “En la indolencia cívica del ciudadano, se fundamentan los abusos del Poder”
¿EN REALIDAD TENEMOS ALMA?
            Un amigo lector me ha estado escribiendo desde hace algún tiempo.  La razón: alguna de las “Chispas” que escribí en relación con este tema.  Y aclaro para él y todos los que tengan alguna duda.  Todo lo que propongo en mis notas no es necesariamente aquello en lo que yo creo.  Son temas que someto a la consideración de mis amigos, como una gran tertulia, para que pensemos.  No para discutir ni polemizar.  Eso no me interesa ni conduce a parte alguna.  Solo son ponencias.  Este amigo me señala, muy convencido, que alma y espíritu no son la misma cosa; además, me asegura que hay dos tipos de alma.  En todo lo que me dice estoy de acuerdo; es más, en alguna de mis notas hice la aclaración sobre el alma animal, humana y espiritual.   Así que no hay razón alguna para que nos fastidiemos; al contrario, talvez pueda ayudarme a divulgar el mensaje que subyace en el contenido de esas “Chispas” que he venido publicando en forma salteada y como al desgaire.  En realidad, aunque parezcan temas frívolos, corresponden a un programa planificado que tiene como objetivo develar uno de los más abstrusos temas con los que el hombre tiene que lidiar en algún momento de su vida: la muerte.   Y no creo que sea un asunto de interés solo de curas y viejos al borde de hacer “el clavado final”.   Saber (o intentar conocer) acerca del más allá, la muerte, el cielo o la nada, es un tema mucho más interesante que el estudio de los agujeros negros del espacio; o de los posibles meteoros que podrían fulminarnos en cualquier momento.  O hace cuántos millones de años apareció el hombre.
            También le ofrezco disculpas por la manera tan superficial como traté el aspecto de la fe.  No quise menospreciarla y sé muy bien cuál es su valor social y espiritual.  Lo que quise decir fue otra cosa: que esta no sirve como instrumento para conocer, descubrir o investigar.  Solo para aceptar y reforzar todo aquello que forma parte de nuestra educación religiosa. Es un elemento pasivo aunque muy valioso.  Todos sabemos que la fe es parte de un poder superior en el hombre: la voluntad.  Pero como esta última no puede ser practicada por la mayoría, tenemos que conformarnos con ejercitar la fe.  Sin embargo, NO es la fe la que mueve montañas sino la VOLUNTAD, y es aquí en donde tenemos la única diferencia de apreciación.  Tampoco estoy de acuerdo con que la muerte es una materia que no interesa a los jóvenes; es cierto que ellos no la tienen tan presente, pero eso no significa que no piensen en esa eventualidad (anti natural, desde luego) que nunca se aleja de nosotros desde que nacemos.  Tampoco es cierto que la existencia del alma sea un hecho probado solo porque las religiones así lo dicen.  Como pensamos que esta es el vehículo hacia la inmortalidad, nos aferramos a la idea de que tenemos ese algo al que llamamos alma, pero que, en forma inconsciente le negamos validez, ya que la consideramos solo como una puerta o sendero de salvación.   No nos identificamos con ella, pues en realidad no sabemos qué es.  Creemos en su existencia por fe, y solo porque nos ofrece la posibilidad de supervivencia más allá de la muerte.  Nosotros somos el “Yo soy Yo”, y decimos tener cuerpo y alma. 
            Del primero tenemos claro conocimiento, pero del alma, ninguno.  Creemos (fe) en ella porque es una especie de bote salvavidas para la personalidad, el “Yo soy yo”.  Es más, la consideramos como algo ajeno, diferente del “YO”; mística y elusiva, como otra cosa que solo está (o puede estar) allí, observándonos, sufriendo o feliz en su mundo célico.  Esperando ser condenada o salvada según nuestros actos.  Pero siempre pensamos de ella (aunque la consideremos como nuestra propiedad) como un ente ajeno, que no es mi yo, y sobre la cual no tenemos dominio alguno.  Entonces ¿cómo es que nuestra personalidad habrá de unirse con esa “cosa” que de nada nos sirve durante la vida?  ¿En qué momento de la vida o la muerte nos fundimos con ella, o toma posesión de nosotros?  ¿Y qué parte nuestra es lo que se introduce y une con ella?  ¿Solo el registro de los recuerdos?  Aseguramos tener alma, pero la verdad es que no tenemos la capacidad de identificarnos con ella no solo por su posible constitución física, sino porque nada sabemos de ella ni de nuestra probable relación.  Y esto es inquietante y generador de más dudas.      
            ¿Piensa el alma y tiene su propia identidad?  ¿Tiene poderes y conocimientos superiores a los nuestros?  Y de ser así, ¿por qué no los utiliza para evitarnos tanto sufrimiento o la comisión de tantas estupideces a las que somos proclives?   Mi estimado amigo: si usted tiene las respuestas a esto, es un hombre realizado.  Pero solo si sabe las respuestas fundamentadas en el conocimiento científico o intuitivo, y no las basadas en  la conformidad derivada de la fe.  Usted me dice que en la voz de la consciencia tenemos la demostración de la existencia del alma.   A mí también me gusta ese argumento, pero es una prueba deleznable y acomodaticia, pues lo que llamamos así, también parece ser un producto de la ética, de nuestros valores y de la enseñanza moral con la que nos formaron: cuestión de memoria y automatismos de la mente.
            Solo cuando rezamos hacemos una identificación de conveniencia con el alma.  La encomendamos a Dios, Jesucristo o lo que sea, con la secreta ilusión de que en ella vayamos incluidos.  Es nuestro pasaporte a la eternidad; es una criatura, ser o entidad con acceso al cielo y a la gente importante de ahí, y eso nos hace pensar que tiene las influencias necesarias (como en la política) para allanarnos el camino al Paraíso, para sortear las trabas que nos aparezcan; para resolver todas aquellas minucias derivadas de los pecadillos que cometimos en la Tierra.  Y una vez dentro del Edén, bien podemos volver a prescindir de ella, porque ya en la “vida eterna” no la necesitamos.  Pero ¿cómo podemos identificarnos con ella en vida?  ¿Cómo podemos sacarle alguna utilidad antes de morir?  Ese sería un gran negocio pero… antes tenemos que localizarla, saber dónde vive o en qué parte del cuerpo es posible encontrarla.  ¿O reside en el mundo de ultratumba?  Y entre ese misterioso plano tan poblado de las más variadas criaturas, ¿cómo sabremos que se trata de ella?   Más preguntas que respuestas, y el misterio sigue.  ¿En realidad tenemos alma?  Sigamos investigando, pensando, dudando, porque ni no lo hacemos, estamos perdidos.   O solo tengamos fe, eso podría ser suficiente.  La Meditación es la única vía hacia el conocimiento del "pasajero interior".
            Fraternalmente
                                   Ricardo Izaguirre S.                         E-mail:  rhizaguirre@gmail.com
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884 Contratos con el Estado


884    “LA CHISPA”         (2 de febrero 2011)
Lema: “En la indolencia cívica del ciudadano, se fundamentan los abusos del Poder”
LOS CONTRATOS CON EL ESTADO
            Todas las empresas extranjeras que contratan lo que sea con el Estado de Costa Rica, solo necesitan algo para hacer lo que les da la gana: una quinta columna.  Y esta siempre está presente y lista para echarse al bolsillo las “asesorías legales”, los porcentajes de lo aumentos de las obras y todo lo que sea posible sacarle al gobierno, según la fórmula ya universalizada.  Y ante esta repetida agresión en contra del tesoro público tenemos que preguntarnos: ¿son tan idiotas los funcionarios nacionales que no pueden redactar un contrato de acuerdo con la conveniencia de los intereses de la nación?  ¿No hay alguien en el gobierno (ministerio, oficina, personal o individuo) capaz de fijar los requerimientos de un contrato en la forma como se llevan a cabo en otros países?  ¿Por qué es que siempre, SIEMPRE, cualquier empresa extranjera termina poniendo manos arriba al estado costarricense y demandándolo por sumas astronómicas?  Porque cuentan con los quintacolumnistas nacionales que, desde diversas posiciones (estatales o privadas) les facilitan el camino a cambio de las respectivas y archiconocidas comisiones.  ¿Cómo es posible que una empresa extranjera de dudosa calidad, demostrada en los innumerables defectos de la ruta a Caldera, haya triplicado los precios de una obra de tan mediocre calidad?  Porque cuenta con su quinta columna.
            ¿Cómo es que hasta ahora el Estado costarricense se viene a dar cuenta de que la empresa “Autopistas del sol” NO TENÍA dinero para hacerle frente a los gastos de operación?  ¿No debe esa ser una cláusula fundamental en cualquier contrato?   Y haberse saltado ese requisito, solo se puede explicar mediante la acción secreta de la quinta columna de dicha compañía: los testaferros nacionales y los comisionistas.  Hasta ahora nos damos cuenta de que ese grupo anduvo buscando financiación por toda Europa y que no la consiguió, lo cual es un indicio de la insolvencia de esa gente a la que, sin tener las credenciales profesionales requeridas, el Estado costarricense le otorgó una licitación con la que han hecho clavos de oro, bajo los más diversos pretextos.  Solo les faltó que la banca nacional los hubiera financiado, y eso si que sería una faena muy española, con rabo y orejas.  ¿Quiénes están implicados en esa dudosa maniobra?  ¿Quiénes son “Corporación M&S Internacional?  ¿Existe de verdad esa cosa?  Ahora resulta que el MOPT está estudiando la posibilidad de suplicarle a la concesionaria que entregue el proyecto a otra empresa “que sí tenga fondos”.  ¿Cómo es eso?  De esta manera, el estado se convierte en rehén de una empresa fantasma y quebrada, que habrá de alzarse con centenares de millones del erario costarricense.   Y todo por una carretera mal hecha. 
            ¿Cómo se hizo la licitación de esa obra?  ¿Qué empresas participaron y cuáles fueron sus ofertas?  ¿O solo fue una maniobra entre gente conocida?  ¿Entre españoles residentes y con influencias en el gobierno y contactos con dicha constructora?  Todas las empresas del mundo saben que en Costa Rica pueden hacer millones; que solo necesitan los empalmes internos que todo lo facilitan.  Quintacolumnistas al servicio del mejor postor.  Así se han hecho docenas de negocios archimillonarios con empresas francesas, alemanas, españolas, finlandesas y de donde sea.  Todo lo que se necesita son “patas” bien conectadas.  Y en esa lista hay bufetes de poderosos abogados, empresas fantasmas (fachadas), políticos y funcionarios de todos los niveles, incluyendo presidentes.  Y como aquí existe el recurso de declarar cualquier negocio turbio como “secreto de estado”, el pueblo nunca se da cuenta de los chanchullos que se llevan a cabo bajo la mesa.  Hasta que se destapan los tamales y empiezan a aparecer los bandidos: compradores y vendidos.  Además, los cómplices del gobierno.  Si la autopista a Caldera no hubiera sido de tan mala calidad, es posible que todo el escándalo que la rodea se hubiera quedado en el silencio.  Incluso el pago de sobreprecios inventados a discreción.
            Esa es la parte turbia, y por el otro lado, está la negligencia, indolencia y complicidad del Gobierno en cuanto a la maraña de intereses que se desatan en este país cada vez que hay obras viales que tienen que pasar por las tierras de cierta gente, especialmente cuando tienen influencias políticas.  La angurria se desboca, y es allí cuando se plantean indemnizaciones archimillonarias por terrenos que no valen un carajo.   Y es por falta de una legislación efectiva, que cualquier desgraciado se puede dar el lujo de atrasar una obra de interés nacional, todo el tiempo que le dé la gana.  Mediante unas leyes anticuadas e imprácticas, o mediante salacuartazos.  ¿Cómo es posible que un proyecto de VERDADERO INTERÉS NACIONAL quede supeditado a los intereses particulares de unos cuantos propietarios de terrenos?  Semejante idiotez no se produce ni en los Estados Unidos, cuna de los derechos privados.   Si algo es de conveniencia nacional en ese país, se hace, a pesar del disgusto que les pueda ocasionar a los propietarios.   Se impone el bien de las mayorías.
            En síntesis, aquí cualquiera llega y establece sus vínculos con esta mafia de “negociadores” y obtiene lo que quiere en cuestión de días: refugio, préstamos bancarios, contratos con el Estado, residencia, naturalización, concesiones mineras, de playas, bosques o lo que sea.  Solo es cuestión de “patas”.   Y mejor todavía si se tienen contactos con los presidentes o amigos o parientes del presidente.  Eso es todo lo que se necesita para lograr jugosos contratos y embolsarse millones a costa del erario.  Desde el tiempo de Vesco y compañía quedó establecido firmemente este procedimiento corrupto que ya ha superado todo lo imaginable.   Aquí la desvergüenza ya no conoce límites, pues los pillos sorprendidos en todo tipo de delitos cometidos al amparo del Poder, tienen la desfachatez de demandar al Estado y reclamar “por su honra”.  Y algunos son indemnizados.
            Realizar contratos leoninos con el Gobierno es el mejor negocio imaginable… y solo es cuestión de hacer los contactos necesarios para que todo se deslice sigilosamente y en condición de secreto de estado.  Y como la Asamblea Legislativa solo es un cubil en donde se trafican influencias al mejor postor, no podemos tener la menor esperanza en la probidad de ese cuerpo público como garante de los intereses nacionales.  Al parecer estamos fritos.  En manos de los pillos: de arriba y de abajo.
            Fraternalmente                                                                       (¿Cómo anda esto en sus países?)
                                     Ricardo Izaguirre S.                 E-mail: rhizaguirre@gmail.com
Blogs:      La Chispa       http://lachispa2010.blogspot.com/          con link a       Librería en Red     
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domingo, 13 de febrero de 2011

735 Organización: la clave de todo


735    “LA CHISPA”       (20 diciembre 2009)
Lema: “En la indolencia cívica del ciudadano, se fundamentan los abusos del Poder”
ORGANIZACIÓN: LA CLAVE DE TODO
            ¿Qué hizo que Inglaterra, una caquita en superficie y población en los mapas, creara el más grande imperio mundial jamás conocido?  La ORGANIZACIÓN.   Cuatro gatos bien ordenados pueden manipular a capricho a millones de tontos alborotados y sin noción alguna de lo que quieren, hacia dónde van ni cuáles son sus derechos.  La historia de la América Latina y sus pueblos.  Grupúsculos de desgraciados, pero listos y bien disciplinados, han mantenido bajo la bota de la explotación a centenares de millones de personas incapaces  de llegar a definir cuál es la situación de derecho que justifica su condición socio-económica.  Ni siquiera se preguntan que cómo es posible que en naciones tan opulentas, ellos sean tan pobres.  O ¿cómo es que en sus países pueda haber gente tan rica mientras ellos se ahogan en la pobreza?  ¿Qué es lo que produce ese estado de alienación y conformidad casi criminal?  La respuesta es simple: organización de los pocos, y abandono y relajo por parte de las mayorías.   ¿Y qué nos lleva a esa situación?  La indolencia. 
            La indolencia es una conducta patológica de los latinos, una especie de drogadicción que nos lleva a creer en fantasías y hacer conjeturas absurdas tales como pensar que alguien de fuera pueda interesarse en nuestros problemas.  Soñamos con que los gobiernos, motu proprio, resuelvan nuestra situación y nos saquen las castañas del fuego.   Damos por un hecho que los partidos políticos son la única vía de acceso al poder y que, mediante ellos y sus líderes, podemos lograr algún tipo de progreso o influencia en las decisiones de los gobiernos.  Suponemos que mediante esta forma de gobierno conocida como democracia, vamos a lograr justicia social y reparto equitativo de la riqueza que producimos entre todos.  Tenemos la esperanza de que las cosas mejoren por obra y gracia de Dios… o del gobierno.   Siempre imaginamos la solución de nuestras angustias de la manera más infantil; seguimos confiando en que “algo va a pasar” de manera milagrosa, y que todo se pondrá bien.  O que el nuevo presidente resolverá la crisis endémica que vivimos.  O el otro… o el otro.
            Jamás hemos querido entender, porque nos da pereza pensar, que solo los pueblos pueden lograr su bienestar porque solo ellos están afanados en este.  Los grupos dominantes NO tienen el menor interés en que la clase obrera salga de esa condición; ni siquiera que tenga una buena forma de vida a partir de su salario; de ahí que siempre lo mantengan en el mínimo que apenas le permita sobrevivir.  Y eso NUNCA cambiará porque los ricos acepten que los trabajadores participen un poquito de la riqueza que producen.  Ese cambio solo se producirá cuando los ciudadanos tomen el poder e impongan las condiciones del nuevo orden.  ¿Y cómo puede generarse ese cambio?  Mediante la organización.  Esa que todo grupo puede realizar sin pedir permiso a nadie: la libre voluntad popular que está por encima de todo; de la constitución, leyes, reglamentos y todas las triquiñuelas que la oligarquía ha inventado para someter a las mayorías.   Solo se trata de un acuerdo entre los ciudadanos, y es posible dar al traste con todas las trabas legales que han inventado para mantenerlos en estado de docilidad.                                  (Chiste oficial de Año Nuevo: “Nos angustia la seguridad ciudadana”)
            Es por eso que en las “democracias” se pondera tanto a los fetiches de esta, como es el respeto que le debemos a la Constitución y el Orden Legal, lo cual significa que todo lo que quiera hacer la gente en su beneficio, está regulado por un orden jurídico en cuya formulación NUNCA se ha tomado en cuenta a esta.  Y jamás lo harán.  Todos los sistemas jurídicos son confeccionados de acuerdo con la conveniencia de esos pequeños grupos, omnipresentes en todos los gobiernos, ya sean legítimos o productos de revoluciones o golpes de estado; son como el Espíritu Santo: siempre están allí para velar por lo intereses de su clase.
            La organización debe ser apolítica (de partidos), nacida del consenso de las necesidades que afronten las comunidades y nunca deben permitir que esta se “oficialice”, es decir, que el Estado tenga la menor injerencia en ella.  No se debe buscar el reconocimiento, patrocinio ni asesoría de ningún ente gubernamental, porque si lo hace, cae bajo el control de este y, a partir de ahí, será manipulada por la oligarquía.  Lo que les pasa a la mayoría de los sindicatos y organizaciones de este tipo, los cuales están reglamentadas “oficialmente” y tienen que someterse a los controles del Estado: inscribirse, dar información, número de afiliados, domicilio, informe financiero y objetivos.   Tienen que desnudarse ante el Gobierno y así, este toma posesión de todo.   Y como tienen “jefes” (presidentes, secretarios generales etc.) a los que se puede comprar, se tornan débiles y manipulables.   La organización popular debe hacerse en la clandestinidad y el misterio, a espaldas del Estado.  Así como este tiene “secretos” para al pueblo, este tiene derecho a tener sus secretos para el Gobierno.  La organización debe ser espontánea y sin compromisos de por vida o con nombramientos por períodos formales, pues eso suele dar cabida a las diversas formas de corrupción.  Nadie debe ser el jefe de un movimiento popular.  Este solo debe tener voceros que expresen la voluntad colectiva.
            Estimados amigos: hagan una prueba organizativa en su comunidad.  En su barrio o su calle.  Conversen sobre algún problema general y lleguen a algún acuerdo.  Primero hagan cualquier petición de manera individual; luego en grupo.  Nombren un vocero y eleven la queja a cualquier dependencia del gobierno y exijan una respuesta.  Comparen la calidad y prontitud de la respuesta en ambos casos y podrán tener una idea del poder de la organización.  Y así en escala ascendente, la fuerza de cualquier movimiento cívico adquiere el poderío de un huracán.   Estas son las protestas que causan terror a los gobiernos y oligarquías, pues como no hay cabezas visibles que cortar, ni secretarios generales a quienes comprar, entran en pánico y aceptan escuchar y transigir.   Recuerden que la organización empieza por uno; luego por dos, hasta llegar a la multitud.  Es muy fácil si tenemos la voluntad para realizarla.  Si solo yo me niego a pagar el agua al SNAA, me la cortan; pero si todo el barrio me imita, aceptan dialogar.   Hagamos la prueba pero sin ser pesimistas ni rendirnos ante la indolencia.   Recuerden el viejo estribillo: “Solo el pueblo salva al pueblo”.
            Fraternalmente                                                                                 (¿Practican esto en su país?)
                                      Ricardo Izaguirre S.                                               E-mail: rhizaguirre@gmail.com
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jueves, 10 de febrero de 2011

400 La educación en la América Latina

400   “LA CHISPA”   

Lema: “En la indolencia cívica del ciudadano, se fundamentan los abusos del Poder”

LA EDUCACIÓN EN LA AMÉRICA LATINA

            La educación de alta calidad y humanista es un lujo que solo se pueden dar los países ricos, con larga historia y con una cultura general elevada.  Países en donde los niños respiran esa cultura del entorno: que ven aseo, buenas costumbres, padres educados, paz y seguridad; abundancia de comida, atención médica, medios de diversión, excelentes escuelas dotadas de todos los adelantes técnicos para la labor de enseñanza-aprendizaje. La educación de primera no solo es cuestión de planes en el papel, sino de lo que se invierta en ella.  La instrucción de alto nivel es un privilegio del que solo pueden gozar aquellos países que han invertido sin mezquindad en este proyecto; pero sobre todo, que tienen consciencia acerca de lo que quieren para sus pueblos.  La educación es asunto de una voluntad general para invertir en este “negocio” que es la base del desarrollo de cualquier país.  Sin embargo, no es cuestión de “barnizar” a la población, sino de darle una educación que pueda traducirse en desarrollo personal y colectivo.  Y para lograr esa meta, es necesario tener bien claros los objetivos de lo que se espera de esa compleja labor.  Pero cada sociedad debe ser REALISTA y PRÁCTICA en cuanto a sus posibilidades de educación.
            No solo se trata de contar con las bases materiales, sino de disponer del factor humano capaz de moldear la mente de millones de niños y jóvenes en la búsqueda de un mañana mejor.  Necesitamos infraestructura material (escuelas, colegios, universidades clásicas y politécnicas) para intentar el desarrollo; pero además, debemos contar con MAESTROS CALIFICADOS.  La educación de un pueblo no se puede lograr con maestros mediocres e improvisados; con bachilleres y otras personas que nada saben de pedagogía y todos los misterios que entraña una educación científica y bien fundamentada.  Los profesores universitarios pueden ser ignorantes de la sicología, pues ahí los muchachos ya están formados en su personalidad, bien o mal.  Pero en la escuela es vital que haya “buenos maestros” que dominen el arte de la enseñanza y que comprendan la personalidad de aquellas criaturitas que les han encargado.  Más todavía, que estén conscientes de la terrible RESPONSABILIDAD que significa escribir sobre la tabula rasa de los niños.  Tamaño compromiso NO DEBE ser encargado a empíricos ni a gente mediocre.  Pero como ante la educación debemos ser realistas, es necesario bajar el alcance de nuestras metas y dejarnos de objetivos inalcanzables, de tanto lirismo y fines teóricos o poéticos que nada tienen que ver con nuestras posibilidades. 
            Somos tercermundistas y no podemos aspirar a una educación tipo europeo o la privada norteamericana.  No tenemos buenos edificios escolares ni siquiera en las ciudades; y en los campos, la situación es terrible; en donde un maestro-a tiene que atender a todos los niños desde el primero hasta el sexto grado, ¿qué calidad puede haber ahí?  Colegios citadinos en donde los profesores tienen que atender a cuarenta alumnos por aula, es un atentado contra de cualquier aprendizaje.  Además, cuando hay hambre, ¿qué interés puede sentir un niño por aprender quién era Cristóbal Colón o en qué viaje descubrió Costa Rica?  ¿Qué diablos le puede interesar a un jovencito de la León XIII cuáles fueron las causas de la Revolución francesa?  Él tiene su propia guerra en su barrio, y sabe muy bien cuáles son los motivos de esta.  ¿Qué demonios hace la enseñanza del idioma francés en nuestros colegios públicos?  Esa lengua para nosotros es tan muerta como el latín, el sánscrito o el maya.  ¿Para qué le sirve a un niño de los Chiles o Talamanca saber decir “bon jour” o “au revoir”?  Aparte de ser motivo de risa, es una materia inútil desde el punto de vista práctico.  Si alguien me demuestra lo contrario, no dudaré en ofrecer las disculpas necesarias.  Pero no me salgan con los cuentos de la “cultura universal, la Bardot, el Moulin Rouge o el gran aporte de los galos al desarrollo de la civilización”.   Esas son paparruchas que nada significan para un chico de Golfito, La Cruz o Limón.  Pero además de estas deficiencias y disparates programáticos, está la formación de maestros y profesores que son incapaces de discernir ante las necedades de los programas oficiales, y como pájaros carpinteros, siguen repitiendo los manualitos del Ministerio y sus legiones de asesores. 
            Nuestra educación debe ser realista y práctica.  Debe prescindir de idealismos simplones que fueron concebidos por políticos y maestros “contaminados” de la ilustración francesa, y que adoptaron como modelo para nuestros programas escolares el Liceo francés, con todos los elementos oníricos de este, pero sin el contenido material para ser aplicado en nuestro medio.  Los fines expresados en la Ley Fundamental de Educación, son un ejemplo de esta equivocada manera de enfocar la educación nacional en su aspecto teórico.  Y el intento de cumplir con ellos, es lo que ha llevado a nuestros maestros y profesores a una tendencia enfermiza que ellos creen humanista.  No hay tema escolar que no lo empiecen con los griegos, sus logros y el legado cultural que le dejaron a occidente.  Que el siglo de Pericles, que lo que dijo Sócrates, que la lógica de Aristóteles, que el Partenón, la República de Platón, que la guerra del Peloponeso, que las guerras con los persas, la Termópilas y cuanta majadería se les ocurre, como preámbulo a las causas de la Revolución del 48, o de por qué la bananera abandonó las plantaciones de Golfito.  Esos son temas que pueden estudiar cuando tengan alguna relevancia o interés específico en ellos.  ¡Sí, ya sé, ya sé!  Que la cultura, quiaquí quiallá, questo y quelotro.  Pero esos conocimientos son insustanciales para niños de Puriscal, San Carlos o el altiplano de Bolivia.  ¿Qué le importa a un jovencito del Petén o de Iquitos qué dijo Protágoras acerca de lo que sea?
            Practicidad y realismo son los dos pilares sobre los que se debe apoyar la educación en la América Latina, pues mientras sigamos soñando con planes ideales, continuaremos siendo tercermundistas eternos.
            Escueleramente
                                      Ricardo Izaguirre S.          E-mail:  rhizaguirre@gmail.com
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395 El consejo Superior de Educación


395    “LA CHISPA

Lema: “En la indolencia cívica del ciudadano, se fundamentan los abusos del Poder”.

EL CONSEJO SUPERIOR DE EDUCACIÓN

            Este debe ser algo así como el TSE, un organismo que no permita la intromisión de ignorantes en sus funciones técnicas.  Mucho menos, la de políticos.  Por lo tanto, no se debe acomodar dentro del organigrama del Ministerio de Educación Pública.  Tampoco debería ser un apéndice del sistema universitario, ni estar sujeto a la maraña burocrática y de intereses políticos o académicos de esos organismos.  Entonces, ¿dónde debe estar?  Por encima de todos.  Puesto que la Educación (en todos sus niveles) es un Proyecto Nacional, el CSE no debe estar subordinado a ninguno de los estamentos de aquella, sino en la cúspide de todo el proceso.  Tampoco debe estar conformado por la representatividad de los diversos niveles de la educación, es decir, que cada uno de ellos tenga una cuota “obligatoria” de representantes.  Pueden tener observadores que informen sobre cada nivel, pero no gente que decida. La rectoría de la Educación Nacional no es una cuestión de porcentajes de primaria, secundaria o universidades.  El Consejo Superior debe ser un ente que fije no solo los objetivos de la educación nacional, sino los métodos para lograrlos.  Además, las exigencias pedagógicas de acuerdo con estándares internacionales probados.  En síntesis, todo lo que tenga que ver con educación pública o privada en todos sus niveles, DEBE ESTAR SUBORDINADO al Consejo Superior de Educación.
            La elección de sus miembros no debe ser un concurso de simpatía ni de palancas políticas, sino una acción seria y de enorme responsabilidad que debe recaer sobre un gran Colegio Elector Profesional constituido por gente bien calificada.  Y como es lógico, sus miembros deben ser profesionales del más alto nivel académico, pues en esa labor no tiene cabida la gente mediocre con formación deficiente.  Calificar quién tiene la capacidad para convertirse en uno de los Rectores de la educación nacional no es tarea de maestros rurales, diputados, muelleros o funcionarios, sino de especialistas en la materia.  Personas doctas en Pedagogía, filosofía, historia, economía, derecho, sicología, sociología y política.  Es decir, una corporación de gente sabia que no merezca el desdén de las cúpulas universitarias ni que sea el botín de los estamentos intermedios del sistema educativo.  Una especie de colegio cardenalicio en donde no pueda “colarse” ningún patas vueltas solo en función de recomendaciones políticas; de las directrices sindicales o de la representatividad obligatoria fijada por la ley a los gremios.  Ni siquiera por la posesión de un título obtenido problemáticamente después de mil dificultades.  Si queremos excelencia, ese es el primer paso del camino.
            En este organismo colegiado no cabe aquello de la representación de ANDE, APSE o el resto de sindicatos de Educadores.  Y aunque es lógica la participación del Ministro del ramo, este debe hacerlo como un miembro raso, sin privilegio alguno y sin la facultad de dar órdenes o imponer directrices políticas en el funcionamiento.  El Proyecto Nacional Educativo debe estar bajo la dirección cuidadosa y única de este Consejo, y sus decisiones NO deben ser materia de discusión pública o de referendos.  Eso significa que sus disposiciones serán de obligatorio acatamiento por parte del Ministerio de Educación y las Universidades públicas y privadas.  Toda institución educativa que funcione en el país deberá contar con el permiso y aprobación técnica de este Consejo, y estarán bajo la supervisión directa de este.  Eso con el fin de garantizar la calidad de la enseñanza que se le ofrece al ciudadano; además, para evitar la proliferación de instituciones mediocres cuyo propósito único es hacer dinero en esa actividad.
            La politización de todo proyecto nacional es la semilla del fracaso que los diputados siembran en todo lo que sale de la Asamblea; y es por esa razón que este organismo debe ser lo más apolítico que se pueda.  Debe evitar todo aquello que huela a “cuotas de poder” y debe concentrarse en la planificación a largo alcance de un sistema educativo racional, práctico y realista.  Demasiada ensoñación, idealismo y lenguaje altisonante (político), es la lacra característica de los países tercermundistas; en materia educativa debemos tener los pies bien puestos en el suelo, y debemos evadir todo la hojarasca ideológica e inútil que hay en la Ley Fundamental de Educación, y fijarnos metas realizables que se puedan verificar en cada etapa del proceso.   
            La agenda del Consejo Superior de Educación no debe incluir temarios de intereses sectoriales, sino que debe ser un Proyecto Nacional por encima de lo particular.  De ahí la necesidad de que este sea conformado por la mejor gente, ya que el avance de nuestros países depende, en última instancia, de la educación de nuestros pueblos.  Pero no de cualquier tipo de instrucción, sino de aquella que sea capaz de insertarnos, de manera orgánica y natural, dentro de la corriente del desarrollo económico mundial.  Tener 98 ó 100% de gente alfabetizada puede servir para hacer propaganda política, pero no necesariamente para hacer que el país progrese, pues en la enseñanza lo que cuenta es la calidad y profundidad de esta, y no la cantidad superficial (el barniz).  Esta gente “alfabetizada” es útil para las estadísticas y para blasonar, pero son incapaces de crear las condiciones para un verdadero desarrollo. 
            El Proyecto Educativo Nacional NO debe estar en manos de ineptos o de políticos (que casi son sinónimos) sino de LOS MEJORES (los aristócratas) reunidos en ese ente rector que fije el derrotero que debemos seguir hacia la meta del progreso en el milenio que se inicia.  Tampoco tienen nada que hacer ahí los empresarios ni “el sector productivo”, pues ya sabemos cuáles son los intereses de estos grupos: que el sistema prepare burros semi-ilustrados para que puedan incorporarse a las fábricas y al mercado laboral con salarios bajos.
La estructura actual del CSE bajo la batuta del Ministro, hace que este sea objeto de menosprecio por parte de los círculos académicos universitarios, pues aquella no solo le da un carácter político, sino que el nivel intelectual de sus componentes es cuestionable y está en tela de juicio.  Y eso genera un conflicto entre el Ministerio y las Universidades.  Y con bueyes así, ninguna carreta camina bien. 
Fraternalmente
                          Ricardo Izaguirre S.         E-mail:       rhizaguirre@gmail.com
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338 Desarrollo y educación

338  “LA CHISPA”    (15/sep/07)

Lema: “En la indolencia cívica del ciudadano, se fundamentan los abusos del Poder”

DESARROLLO Y EDUCACIÓN

            “La Educación popular es la ruta al Desarrollo”.  Japón y Alemania son el ejemplo más evidente de la verdad de este postulado.  También los europeos en general, pero el ejemplo más dramático lo constituyen esos dos países que, después de la contienda mundial, quedaron reducidos a cenizas. A Japón incluso le pulverizaron ciudades enteras bajo el fuego termonuclear que segó decenas de miles de vidas.  Ambas naciones quedaron en CERO.  Si eso le hubiera pasado a cualquier nación latinoamericana, su gente estaría viviendo en cuevas y de la caridad mundial.  Entonces ¿qué es lo que hizo esa diferencia y permitió que estos dos pueblos hayan logrado niveles de desarrollo inalcanzables, ni siquiera por los que “ganaron la guerra”?  Japón es la primera economía de Asia, y Alemania, de Europa.  Solo USA las supera por escaso margen.  Además de la capacidad salvaje y fanática que tienen para el trabajo, gozan del mayor tesoro al que puede aspirar cualquier pueblo que pretenda convertirse en desarrollado: EDUCACIÓN.  Pero desde luego que no es cualquier educación.  No se trata de “alfabetizar” a los campesinos mediante una campaña de dos o tres años de alboroto, sino de crear un sistema nacional de educación del más alto nivel académico.  Tampoco se trata de implantar una moda pasajera para hacer propaganda política (tan común en nuestras “revoluciones”), sino de la formulación de una estrategia PERMANENTE que nos garantice un producto de la más alta calidad.  Hombres y mujeres BIEN PREPARADOS para hacerle frente a todas las demandas de una vida moderna.  Ciudadanos capaces de resolver todos los problemas nacionales sin depender de “asesores extranjeros” que vengan a decirnos qué hacer y cómo.  Mientras eso no suceda, seguiremos siendo TERCERMUNDISTAS, por más que blasonemos de nuestro supuesto desarrollo.
            Se puede y se DEBE aprender de otras naciones más avanzadas; eso es bueno e inteligente, pero ser por siempre parásitos de los demás, es hipotecar el futuro de nuestra raza y eternizar la dependencia.  No es tolerable que solo estemos esperando a ver qué medicina inventaron en Alemania, USA, Inglaterra o Francia para curar tal o cual enfermedad.  Nuestros médicos, ingenieros, artistas y profesionales en general, solo viven pendientes de qué se hace allá o más allá, y casi nunca aportan algo al desarrollo de sus propios campos de actividad.  Es decir, tenemos una educación universitaria mediocre, que solo nos capacita para ejercer precariamente nuestros oficios.  No estamos a la vanguardia de NADA, y es por eso que nuestros profesionales, si quieren blasonar de algo, tienen que ir cuatro o cinco años a “especializarse” en algo a Europa o los Estados Unidos.  Y hasta que no tienen colgando en las paredes de sus oficinas algún cartón que diga: “Master de la Universidad de Gruchenko o Appleshire”, no sienten confianza en su propio saber.
            Lo mismo sucede con la enseñanza media y primaria.  Plagadas de teorías pedagógicas idiotas y desvinculadas de la enseñanza superior, incurren en infinidad de disparates y desperdicio de recursos.  Y a pesar de las enormes diferencias económicas que tenemos con los países ricos, nuestras autoridades educativas
(que casi siempre son de nombramiento “político”) se empeñan en copiar sistemas y métodos escolares propios para países como Francia, Alemania o Suecia.  Es más, se importan asesores extranjeros para que nos vengan a decir qué es lo que nos conviene.   Y no es que sea malo recibir asesoría de quienes saben más, pero esta debe ser adaptada a nuestro medio y posibilidades.  La educación de cada país es un acto de comunión interna, que si bien guarda relación con los demás, es único y distinto.   
            La educación no es algo segmentado en dos o tres etapas desvinculadas, como sostiene cierta “moda”; es un proceso continuo que empieza con el jardín infantil y culmina con la graduación de la Universidad.  Un graduado de primaria o secundaria solo es alguien semi-alfabetizado, que si bien es algo más que un analfabeto, está a medio camino de la nada y es un candidato a olvidar lo poco que aprendió.  No es lo mismo tener un índice de alfabetización del 90 por ciento de personas con la primaria aprobada, que poseer un treinta por ciento de bachilleres.  También es muy diferente una sociedad que tiene un porcentaje de alfabetización del veinte o treinta por ciento de graduados universitarios.  Eso quiere decir que los números de los “expertos” de la educación pueden ser tremendamente engañosos.  Costa Rica puede tener un índice de alfabetización del 95 por ciento, pero si de estos solo el UNO O DOS POR CIENTO son de nivel superior (universitarios graduados), ese número significa muy poco para el desarrollo.  Incluso cuenta el tipo de profesión.                                               
La EDUCACIÓN VERDADERA es un proceso  CONSTANTE de CANTIDAD y CALIDAD.  Es algo que NUNCA termina.  La sociedad no puede decir: “Bien, ya alfabetizamos a todo el mundo, por lo tanto, podemos descuidar ese proceso e invertir el dinero en apoyar al “sector productivo” o repartirlo en CAT’s, o gastarlo en campañas políticas”.
            La EDUCACIÓN, como el trabajo y la infraestructura, es uno de los pilares del DESARROLLO; pero para que este sea “sostenible”, como dice una moda del argot político, debe ser de la más alta CALIDAD.  Y para obtener ese resultado se debe invertir.  Primero, en la formación de educadores del más alto nivel; no puede haber buena educación con maestros ignorantes, mediocres e improvisados; mucho menos, si no les pagan o tienen salarios de hambre, o se les subestima profesionalmente.  En nuestras sociedades latinas, el más importante profesional que hay es el maestro en todos sus niveles, pues por este es que empieza y culmina la EDUCACIÓN DE CALIDAD, es el “freeway” insustituible en nuestra aventura hacia el DESARROLLO.
            Educativamente.
                                   Ricardo Izaguirre S.               E-mail:  rhizaguirre@gmail.com
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miércoles, 9 de febrero de 2011

886 Como una finquita

886    “LA CHISPA”     (2 de febrero 2011)
Lema: “En la indolencia cívica del ciudadano, se fundamentan los abusos del Poder”
“COMO UNA FINQUITA”
            Como todo el mundo, recuerdo a don Pepe Figueres por sus múltiples anécdotas: “Me los comí en confites”, “Me fui a ver a Mickey Mouse” etc. etc. etc. como diría Yul Brynner.  Sin embargo, hay dos o tres que sobresalen entre todas.  Dos comentarios que hizo cuando lo interpelaron dos grupos de ciudadanos por el aumento en el precio de las papas, y por los bajos salarios de los profesores.  A los primeros les dijo: “Ustedes tienen en sus manos el arreglo de esta situación.  Si las papas están muy caras NO LAS COMPREN.  Coman camote, yuca o chayotes”.   Al segundo grupo le dio una destemplada pero sabia respuesta más o menos así: “Ustedes tienen problemas salariales porque quieren andar vestidos como empleados de cuello blanco; los profesores son obreros que bien pueden andar con overoles.  Así no gastarían tanto en ropa.”  Eso fue en su tercera administración (1970-1974)  
            Para esa época yo laboraba como profesor en el Liceo Mauro Fernández de Tibás, y al día siguiente del discurso de don Pepe, me presenté a mi trabajo en “bluyines”, sandalias y con camisa manga corta.  Nunca más volví a utilizar una corbata o saco; ni siquiera en los actos públicos.  Hasta el día de mi retiro.  Grandes lecciones de un viejo zorro que, al parecer, muy pocos hemos aprovechado o puesto en práctica.  Es por eso que el comercio y el Estado hacen lo que les da la gana con los dineros del pueblo.  A eso viene este comentario.  ¿Cómo es posible que en el Centro Comercial del Sur, en el mercado de alimentos Periféricos o Peribásicos, se den el lujo de cobrar DOS MIL TRESCIENTOS COLONES por un kilo de mollejas?  Y mil ochocientos por los hígados de pollo.   ¿Cómo es posible que esas vísceras asquerosas hayan alcanzado semejante precio?  Por una razón única: la gente lo permite.  Y aquí viene a colación el gran decir de don Pepe.  El ciudadano tiene el derecho al VETO; es este el único que puede hacer justicia mediante el argumento más poderoso que tiene: NO COMPRAR (comer chayotes, como dijo Figueres).  Pero si continuamos comprando, seguimos avalando los abusos del comercio y Estado, y nadie va a venir en ayuda del pueblo.  A la oficina de PROTECCIÓN AL CONSUMIDOR nada le importa, ni va a interceder o pedir que rebajen los precios.  El ciudadano está SOLO en esta situación y depende únicamente de su voluntad y la capacidad de unión que tenga.  De la disposición que manifieste para actuar UNIDO CON TODOS LOS CONSUMIDORES.  
 El ejemplo de esta soledad, lo tenemos muy claro en algo que dice en el periódico de ayer 1º de febrero: “Fallo judicial impide rebaja de CIEN COLONES en el kilo de arroz”.   ¿Y por qué se dio eso?  Porque una jueza, complaciente con la petición de los mercaderes de ese grano así se lo exigieron.  Un decreto ejecutivo ordenaba la disminución del precio, sin embargo, los “industriales” se opusieron y, de inmediato, encontraron una jueza que a la velocidad de la luz, echó por tierra la medida que el gobierno había tomado en beneficio del pueblo.  Así abusa el Poder.   Y eso, a pesar de que el gremio de los arroceros recibe subsidios gubernamentales  que van más allá de lo permitido por la OMC, cuestión que favorece la competencia desleal de estos expoliadores en el área centroamericana. ¿Por qué el Gobierno sobre financia a estos comerciantes?  ¡Y qué disposición presentan nuestras autoridades para favorecer los chanchullos de la Oligarquía!  Para ellos sí hay “Justicia pronta y cumplida”.  ¿Y para el consumidor?  Que espere las próximas elecciones.
            En los últimos días hemos visto un mensaje que, al parecer, no ha sido bien captado por nuestras sociedades: la convulsión del mundo árabe.  Esos países nos están demostrando el PODER DE LA UNIÓN.  Y que por más fuerte que parezca un tirano, la fuerza de una nación unida es superior a cualquier camarilla de bandidos, aunque cuenten con el apoyo de grandes potencias.   Hartos de tanto abuso, decidieron ponerle fin a la expoliación canalla que estos grupos de Poder han hecho en contra de esas paupérrimas comunidades.  Y ante la derrota inminente del régimen de Egipto, incluso el Presidente de USA, ha exigido a su servil Mubárak que debe renunciar de inmediato; declaración que pone de manifiesto quién es el que manda en esa tierra.  Pero difícilmente ese pueblo va a admitir un gobierno de “transición” como el que han montado los gringos en Irak o Afganistán.  Gobierno afín que garantizaría los intereses norteamericanos en Egipto, y que las cosas continuaran igual; solo un cambio cosmético.  Pero esa es otra historia; lo que nos importa es el ejemplo de lo que es capaz de realizar un pueblo cuando actúa UNIDO por su supervivencia. 
            ¿Cómo es posible que el Gobierno y la Oligarquía de este país hagan fiesta con la riqueza nacional como si se tratara de su propiedad exclusiva?   Como hace el rey de Arabia Saudita, que maneja todos los ingresos del petróleo nacional en sus cuentas bancarias personales.  Como “una finquita”, como también dijo don Pepe.  Concepto que les ha fascinado a todos los dirigentes políticos de Costa Rica.  “Como una finquita” cuyas cuentas se pueden llevar en una libreta de apuntes.  Como una finquita que se puede manejar a placer mediante decretos “de interés nacional” como el de Crucitas.  Como una finquita cuya producción es el botín de unos cuantos avivatos del Gobierno y la Oligarquía criolla, quienes se reparten todo a su entera discreción.  Como una finquita en donde se hace todo tipo de licitaciones para favorecer a los amigotes y embolsarse enormes sumas de dinero por concepto de “asesorías legales”: carreteras mal hechas, aeropuertos que nunca se terminan, puertos, puentes, autorizaciones, concesiones como la de Crucitas, playas, bosques y todo aquello que produzca ganancias a los miembros de los gobiernos de turno.
            ¿Cómo es posible que el gobierno le salga a los trabajadores con un 2. 33% de aumento mientras que todos los servicios y precios suben en 25, 30, 35 ó 40%?  ¿Cómo es posible que les ofrezcan esa basura a los trabajadores mientras que la CCSS da a conocer los sueldazos que se recetan sus médicos y que rondan por arriba de los QUINCE MILLONES DE COLONES por mes?   Pero ¿qué harán los sindicatos?  ¿Las mismas huelguitas folclóricas y reglamentadas por el Estado?  Dóciles, alegres y patrióticas, mientras que el gobierno desvía la atención hacia el tema del pantano de isla Calero.   ¿Seguiremos en la misma situación?  El pueblo tiene la palabra; además, el ejemplo del mundo árabe y su sonoro ¡Basta ya!
            Fraternalmente                                                        (¿Pasa algo parecido en sus países?)
                                        RIS            E-mail: rhizaguirre@gmail.com

martes, 8 de febrero de 2011

882 Incapacidad para ser feliz

882    “LA CHISPA”      (16 enero 2011)
Lema: “En la indolencia cívica del ciudadano, se fundamentan los abusos del Poder”
INCAPACIDAD PARA SER FELIZ
            A pesar de lo que se dijo en “La Chispa” 881, se debe entender que lo escrito ahí no es una fórmula infalible y que, con apegarse a esos postulados, todos vamos a ser felices de manera automática.  No hay tal cosa para todos.   Claro que existe la felicidad, pero esta no es cuestión de suerte sino de conocimiento profundo de la vida, el cual no es accesible a todo hijo de vecina solo porque se le antoje.  Venimos al mundo con una determinada naturaleza y potencial para desarrollar.  Pero también nacemos con  ciertas carencias que no hay forma de rellenar con solo desearlo, y que son las que hacen la diferencia entre los hombres. También traemos a la vida un mayor o menor grado de consciencia, ética, inteligencia, sensibilidad y capacidad de amar.  Y del monto y combinación de esas características, depende la posibilidad que tenemos para ser felices.  Pero esto tampoco es absoluto, pues hay quienes son felices sin amar a nadie o tener mayor sensibilidad.  ¿Cómo es eso?  Pues depende del grado de consciencia que se tenga ante la realidad que nos rodea.  Eso significa que un salvaje puede ser absolutamente feliz debido a la inconsciencia que domina su personalidad.  Recordemos que es la consciencia del mundo la que nos produce la sensación de infelicidad… si somos sensitivos.  Son los afectos, deseos y preocupaciones los que nos hacen sentirnos mal e inconformes con la vida: las demandas de la sociedad, familia, hijos.   Y de la consciencia que tengamos de esas relaciones y apegos, dependerá la placidez. 
            Pero antes de seguir, ¿qué cosa es la felicidad?  Hace muchos años que don Teófilo, un hombre sabio, me hizo esa pregunta y, aparte de algunas simplezas, no supe qué contestar.  Todos hablamos de ella como algo tan familiar y conocido, que hemos perdido la perspectiva de su significado, y lo aplicamos a una serie de emociones pasajeras relacionadas con la obtención de objetos materiales y con manifestaciones de afecto y atención de parte de las personas que creemos amar o que nos aman.  La relacionamos con la realización de nuestros deseos, con la satisfacción de emociones.  Suponemos que esta depende del exterior, que es un ente con personalidad y que, veleidosamente, es capaz de decretar nuestra desgracia o satisfacción.  Que nos llega y se va cuando quiere…  Pero, ¿es eso la felicidad?  ¿Satisfacer deseos materiales y afectivos? 
Creemos que si logramos una profesión seremos inmensamente afortunados; sin embargo, esa emoción dura muy poco, y el ansiado título se nos empieza a antojar insuficiente, y nos damos cuenta de que no significa lo que creímos cuando no lo teníamos.  Lo mismo pasa con una casa o un carro.  O con algún “amor” con el que nos hemos encaprichado.  Una vez que los obtenemos, seguimos siendo los mismos inconformes.  Así, pues, tenemos que admitir que estas cosas que nos dan confort y estatus social NO necesariamente nos hacen dichosos.  Todo nos aburre y NO nos produce estados de satisfacción permanente; por lo tanto, están muy lejos de ser las causas de esa condición de plenitud. Y esta convicción nos lleva a plantear el asunto en otro terreno diferente a las cuestiones materiales o los afectos que podamos recibir.  De esa manera, parece ser que la felicidad es una cuestión íntima, independiente de todo lo externo.  Es algo que está en nuestra mente como facultad del espíritu, y se siente en el corazón y todo el cuerpo.  Es un don, una facultad que NO se ha desarrollado en todas las personas.  ¿Por qué?  No lo sé, pero es probable que sea un asunto de evolución y solo las personas más avanzadas son capaces de amar de verdad y, por lo tanto, de ser felices.   Claro que no es un regalo que, arbitrariamente, se les ha concedido a tales personas; es el resultado de mucho esfuerzo en la búsqueda interior de lo mejor que tenemos para ofrecer a los demás.
            Don Teófilo me dijo que la felicidad es estar conforme.  Nada más.  Y cuando se logra ese estado, toda angustia, ansiedad, miedos y dolores desaparecen.  Estar conforme es el cese de toda lucha; cuando no se quiere ser otra cosa, ni mejor ni nada, ni otra persona diferente.  Es no tener remordimientos, odios ni deseos; es la plenitud en la nada y el todo.  Es la independencia absoluta de todo lo que nos ata con el exterior y nos subordina a las pasiones, el egoísmo y la confusión de la no-realidad que nos rodea.  Es la posición que alcanzan los santos, chamanes, místicos, bramanes y todos iluminados que han trascendido el mundo de la ilusión.  Ser feliz, pues, no es asunto de simple deseo, cuestiones de azar o condiciones materiales del exterior.  Es un estado superior de consciencia al que no se llega fácilmente ni por simple antojo.  Solo cuando se ha traspasado esa frontera, se penetra en ese estado de beatitud no accesible al hombre común.  Entonces, ¿debemos conformarnos con la infelicidad?  Desde luego que no.  Pero parece que siempre la estamos tratando de localizar la felicidad en el lugar equivocado y con los métodos errados; la buscamos fuera cuando está dentro.  La hacemos dependiente de los demás, cuando solo es asunto propio e interno.    
            Estar conforme NO es entrar en el abandono y la indolencia sino que es un estado de agonía (agoné), de batalla plena, pero dentro de otro campo, en el reducto de nuestra mente.  De allí brota todo.  Esta es el portal que nos conduce a cualquier mundo que escojamos.  El problema reside en saber si tenemos la Voluntad y Conocimiento necesarios para elegir la senda adecuada; pero es allí donde reside el gran problema que nos diferencia a todos los hombres.  ¿Tenemos el potencial para hacerlo?  En esto no basta el deseo; debemos tener la capacidad para intentar el dominio de las emociones y los deseos que siempre turban nuestro juicio.  Pero eso solo está en la naturaleza de los hombres superiores, o en la de aquellos que los imitan y hacen un esfuerzo sobrehumano para imponerse a sus pasiones en el campo de batalla de la mente.  Así que estar conforme, aunque parezca fácil NO es nada sencillo, pues implica el dominio pleno de todas las grandes facultades espirituales que diferencian a los individuos ordinarios de los evolucionados.  Porque aunque no nos guste admitirlo, hay gente superior, común e inferior, y es la condición de cada uno la que determinará el grado de felicidad que puedan experimentar en la vida.  ¿En cuál grupo se clasificaría usted?   Da miedillo ¿no es así?
            Fraternalmente
                                      Ricardo Izaguirre S.       E-mail: rhizaguirre@gmail.com
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lunes, 7 de febrero de 2011

763 Se tiene o no se tiene...

763    “LA CHISPA”       
Lema: “En la indolencia cívica del ciudadano, se fundamentan los abusos del Poder”
SE TIENE  O  NO  SE TIENE…
       Como dice el anuncio del whisky “Chivas Regal”.  Y don José Joaquín Trejos era el penúltimo de esos caballeros que ocuparon la presidencia de la República y que SÍ la tenía: la aristocracia que distingue a la gente de alcurnia del promedio y de la chusma.  Fue el hombre que, con una visión profunda, logró que se prohibiera la reelección presidencial como una medida sana para impedir que los vividores de la política pudieran regresar a hacer daño.  Y eso se mantuvo hasta que un astuto logró, mediante artimañas que estuvieron más allá de las previsiones de Don Quincho, anular esa sabia ley y abrir la puerta hacia la silla presidencial a gente que ya demostró su ineptitud en ese puesto.  O su capacidad de corrupción.  Don José Joaquín era un aristócrata, pero en el buen sentido de esa palabra; era de los mejores, de los que son dignos de ostentar el mando no solo porque tienen dinero, títulos o son miembros de un partido.  Él era uno de los distinguidos a los que el pueblo eligió por sus virtudes de hombre probo.  Y nada menos que en contra de Daniel Oduber, un poderoso contrincante del partido en el poder.  No en balde le llamaron “El Hombre de las Manos Limpias”.
            A eso es la que tenemos que volver en Costa Rica: a elegir a “los mejores”, a aquellos hombres que hayan demostrado en el campo cívico que son dignos de ocupar los cargos de mando.  Estamos obligados a rechazar a esa infinidad de trepadores profesionales cuyo único objetivo es enriquecerse bajo el ala protectora del Poder.  Debemos eliminar a esos contrechos morales que el único pergamino que lucen es su infinita capacidad de reptar ante los amos.  Bastardos cuestionados incluso por sus mismas agrupaciones.  Aves de rapiña que ven la función pública como un medio fácil para hacer fortuna de la manera más desvergonzada, bajo la tutela del Estado.  Legiones de parásitos que, como garrapatas oficiales, se pegan en los diversos organismos del Gobierno para chupar el esfuerzo de los demás.  La sangre de los que trabajan. 
El Presidente Trejos pertenecía a esa clase noble a la que hace referencia el título de aristócrata.  Lo era por derecho propio, por su calidad humana que nada tenía que ver con la plata, fanfarria, títulos ni influencias políticas.  Era un ciudadano ejemplar por su bonhomía, y todos los que lo trataron, guardan un imperecedero recuerdo de ese señor que, por desgracia, ya nos abandonó físicamente.  Discreto y sencillo, como todos los hombres conscientes de su valía, hizo mutis de la escena política cuando intuyó el rumbo que esta llevaba.  Y salvo pequeñas intervenciones públicas, se mantuvo alejado de esa miasma que ya había empezado su marcha hacia el despeñadero de la corrupción. 
Don Otilio, don Mario, don Chico, Trejos y Carazo mantuvieron la tradición de los patricios de la temprana democracia costarricense; pero luego está empezó a derrumbarse bajo el influjo de influencias nocivas que fueron adoptadas por los otros mandatarios diferentes de ese quinteto de presidentes incuestionables en su integridad.  Discutibles por sus acciones políticas, pero NUNCA en relación con su honorabilidad.  Bajo sus mandatos no hubo robos ni malversación de fondos públicos, no hubo máculas ni sospechas de actitudes torcidas en el manejo de la Hacienda Pública; no se les acusó de negocios turbios y personales, tampoco se les pudo vincular con mafias extranjeras o tráfico de influencias al servicio de transnacionales.   Fueron hombres que entraron y salieron de la casa presidencial con la frente bien en alto.  No archimillonarios sino con la modestia que corresponde a un SERVIDOR PÚBLICO de verdad.  Se les pudo acusar de todo lo que quisieran sus detractores, pero jamás de ladrones o encubridores de bandidos ocultos bajo el alero del Estado.  No se comieron en confites el patrimonio nacional, ni dejaron que camarillas de bandidos quebraran al Banco Anglo. Tampoco permitieron que la plaga oficial saqueara al Fondo de Emergencias y otras fechorías semejantes.  Fueron mandatarios ejemplares que dieron lustre a ese cargo. 
Esa es la conducta que en el futuro que se avecina, tenemos que exigir de los funcionarios; pero la labor de organización tiene que empezar desde ahora.  Es tiempo de que los hombres honestos de este país se pongan el overol y empiecen a trabajar con la vista fija en los intereses superiores de la nación.  Llegó el momento de decirles a los corruptos: “¡Basta ya!  Los ciudadanos honrados nos haremos cargo de la cosa pública.  Se acabó la fiesta de la rapiña”.   El Pueblo debe tomar el látigo y echar del Templo de la Patria a toda esa pacotilla de bandidos que han hecho de la Administración Pública su negocio particular.  Esta nación tiene vastas reservas morales para imponer pautas honorables a todos aquellos que pretendan convertirse en dirigentes.  En esta tierra hay legiones de hombres y mujeres capaces de darle brillo a esa actividad que, por ahora, es motivo de aprensión y oprobio.  Los verdaderos guías saben que la función pública es un apostolado a veces muy doloroso y con mala retribución, pero no pueden seguir marginándose de una actividad que deben ennoblecer con su presencia.  No tienen que sentir vergüenza ni apartarse de ella, pues esa ha sido la causa por la cual la chusma se ha apoderado de esa que debería ser la más noble labor de cualquier patriota.  Es momento de devolver a la política el prestigio que le dieron los grandes patricios de nuestra historia. 
En este país hay muchos como el Chivas Regal, que tienen las características necesarias para organizar la resistencia civil ante el abuso de las camarillas formadas por los partidos, instrumentos de poder mediante los cuales la Oligarquía usufructúa en forma exclusiva los bienes comunes.  La sociedad reclama su presencia, antes de que caigamos en la dictadura total de la corrupción.  Sabemos que la invitación al sacrifico NO es agradable; tampoco dejar la comodidad de una vida pacífica y cómoda, pero las cosas no andan bien y la Patria reclama ese esfuerzo de sus buenos hijos.  No debemos dejar el destino de esta en manos de bandidos.
Recuerden que, “Se tiene o no se tiene”,  y si se tiene, sería síntoma de egoísmo no poner esas facultades al servicio de los conciudadanos, de aquellos que no tienen la capacidad para liberarse del yugo que pretenden imponerles esas pandillas de aprovechados de la sencillez del pueblo.  Tenemos CUATRO años para organizar la próxima campaña del Pueblo.  
Fraternalmente                                                             
                        Ricardo Izaguirre S.                                                   E-mail: rhizaguirre@gmail.com
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jueves, 3 de febrero de 2011

885 Quiquiriquí... estoy aquí.

885    “LA CHISPA”      (30 enero 2011)
Lema: “En la indolencia cívica del ciudadano, se fundamentan los abusos del Poder”
¡QUIQUIRIQUÍ  ESTÁ  AQUÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍ…!
            Hará cuestión de dos meses fui sorprendido por el canto matutino de un gallo.  ¿Se imaginan?  ¿Dentro de la ciudad de San José?   ¿En un barrio netamente citadino?  ¿Será que estoy soñando? –me pregunté--.  Pero no, ahí estaba: limpio, claro, potente, sonoro.  Este pequeño Pavarotti gallináceo estaba dispuesto a despertarnos a como diera lugar, y para eso, se dio el lujo de dispararnos lo mejor y más florido de su repertorio musical.  Con unos portentosos do de buche, nos mantuvo despiertos desde las tres y media de la madrugada, hora en la cual suele iniciar su sonata mañanera.  Y como esto era algo tan poco frecuente en mi vecindario, tuve que levantarme a ispiar para saber de dónde provenía aquel concierto tan inesperado como divertido.  Me fue imposible verlo a través de la maraña de ramas y enredaderas del palo de mango que hay en mi patio.  Así que me volví a acostar, pensando que se trataba de algo anecdótico que pronto olvidaría.  Pero ¡vaya sorpresa!  A las cuatro volvió a la carga con nuevas y estentóreas melodías.  Y de nuevo a las cuatro y media… y a las cinco… hora a la que saco mis perros.  Luego se me olvidó, y creí que eso sería todo en cuanto a Quiquiriquí, como lo he bautizado de manera tan original  (¿?). 
            Al desayuno, Quiquiriquí fue el tema obligado de la charla, y todos supusimos que se trataba de algo accidental, de un animalito que se habría escapado y que, pronto estaría formando parte de un rico arroz con gallo.  Pero para sorpresa de todos, al día siguiente, la poderosa voz de este diminuto solista volvió a sorprendernos  en medio del silencio plácido de las horas de la alborada que, en mi barrio, suelen ser muy silenciosas y calmas.   Ahí estaba este inesperado visitante desgañitándose en el cumplimiento de ese deber que le ha impuesto la naturaleza y que, en los campos, tiene un claro significado como precursor de la Aurora.  En el ocultismo se le atribuyen poderes que van más allá de la comprensión ordinaria, y se dice que es el ave más magnética y sensible de todas; de ahí se originó la alectomancia.  Es una criatura de augurio y simbolismo, y según el Zohar, el gallo canta tres veces antes de la muerte de una persona.  En Rusia su canto se considera como indicio inevitable de muerte cuando este lo hace en la casa de un enfermo.  Consagrado a Esculapio, su himno está envuelto en un cierto misterio tenebroso.  Y como en este barrio la mayoría somos viejos, la inesperada presencia cantarina de Quiquiriquí no deja de producirme cierto escalofrío. 
            Como el gallo está relacionado con el sol (dioses solares), con la muerte y la resurrección, fue incluido en los Evangelios en relación con Pedro y la negación que hizo de Cristo.  Todo eso me lo hizo recordar Quiquiriquí; sobre todo en estos días en los que he estado en “alitas de cucaracha”.  Así que tenía un interés especial en conocer a ese extraño mensajero, portador de un aviso que en esta localidad geriátrica, tiene un valor genérico que a todos nos debería interesar.  Así que agucé mis sentidos para localizar a este probable ángel tempranero de la Parca.  Y después de varios días de constante vigilancia, al fin pude verlo en el techo de una caseta que hay en el patio de mi casa.  Allí estaba, rajándose la garganta, sin importarle un carajo lo que el vecindario entero piense de su estridencia musical.  Es chiquito, con un penacho rojo brillante, cuello circundado por plumas doradas que semejan una especie de collar de esos que utilizan en las ceremonias religiosas.  En el cuerpo tiene varios colores para rematar en una alta cola en donde se alternan largas plumas blancas y negras que le dan un aspecto muy elegante.
            ¿Cómo llegó, de dónde es, quién es su dueño?  Lo ignoro.  Mi casera dice que es de una familia de nicas que viven a tres o cuatro casas de la mía, pero no lo sé; dice que lo trajeron de Nicaragua con ellos.  Que vinieron a Costa Rica en busca de un lugar con libertad de expresión, y que es por eso que Quiquiriquí se despacha todas las madrugadas, haciendo uso de ese derecho que consagra la Constitución Política.  Pero la utilización de esa prerrogativa ya le ha ganado muchos enemigos en el barrio, incluyendo a mi suegra, la cual ya tiene planeado un buen arroz con pollo a costas de este pequeño tenor mañanero.   Ahora sé que duerme en las más altas ramas del palo de mango, a escasos 7 metros de mi cama; a cinco de la de mi suegra en el piso de abajo.  En resumen, a tiro de escopeta de todo el barrio.  Ya una furibunda vecina me emplazó violentamente acerca del gallito cantor, pero como yo no soy el dueño, tuve que “lavarme las manos”, pues Quiqui goza de mi entera simpatía.  Y por si las moscas, estoy muy atento a darle su arrocito y ponerle agua mediante un ascensor de mecate que improvisé desde mi terraza.  Estoy tratando de ganar indulgencias con él, de desviar su mensaje de muerte para ver si no se convierte en el heraldo de mi clavado final. 
            Mientras tanto, Quiquiriquí se ha adueñado del patio de mi casa, sin importarle un tacaco la opinión de nadie; está decidido a ganarse todas las enemistades posibles con su contumaz impertinencia.  Dueño del patio y del palo de mango, con comida y bajo la vigilancia siempre ominosa de la pandilla de gatos del barrio, desafía altanero todas las circunstancias.  Él es el gallo en su patio, y en su palo.  Pero no solo eso, sino que, como los mininos, recorre los techos del vecindario haciendo todo el escándalo del cual es capaz; sin hacer el menor esfuerzo por ser discreto o pasar inadvertido.  “¡Quiquiriquíííííí… yo estoy aquííííí…!  Y me importa un chayote que les moleste mi música”  –se adivina en su voz.
            Con tantos enemigos como los que tiene entre los durmientes del barrio, y con la posibilidad de ser víctima de un ataque tipo comando por parte de los reyes de los techos (gatos), es probable que sus días estén contados, a pesar del empeño que he puesto en protegerlo.  De esa manera, su canto premonitorio podría convertirse en el adorno melódico de su propio funeral.  Y aunque ya lo he visto enfrentado a uno de los gatos, es probable que estos inteligentes pandilleros lo lleguen a sorprender; sin embargo, estoy seguro de que, a bayoneta calada, este valiente guerrero defenderá el derecho que tiene a la libertad de expresión musical con la que la Naturaleza lo dotó.  Además, a gozar plenamente de la declaración de propiedad que hizo sobre el patio y el palo de mango de mi casa.  Que el dios gallito lo proteja para que nos siga (por lo menos a mí) divirtiendo con su recital mañanero.  ¡Bien hecho, Quiquiriquí, y larga vida!  Aunque se fastidien todos los vecinos. Pero sin importar cuánto dure su vida, ya dejó su impronta alegre y gallesca en el vecindario.   Avícolamente…
              Ricardo Izaguirre S.         E-mail: rhizaguirre@gmail.com