viernes, 10 de diciembre de 2010

853 Los libros sagrados


853    “LA CHISPA”                 (4 noviembre 2010)
Lema: “En la indolencia cívica del ciudadano, se fundamentan los abusos del Poder”
LOS LIBROS SAGRADOS
            El requisito sine qua non para formar una religión en la existencia de un libro sagrado, otorgado por algún dios a un determinado individuo con características especiales que lo han hecho merecedor de semejante gloria.  Un Legislador que ha recibido de viva voz, el código por el cual han de regirse los miembros de ese pueblo, clan, nación o lo que sea.   Y si estos sucesos los situamos en una tierra lejana y exótica, en una época remota, se completa el decorado necesario para montar la obra.  El añejamiento temporal hace creíble cualquier historia, especialmente las que están emparentadas con el Mito y la Tradición.  El Antiguo Egipto, la misteriosa India, la impenetrable China o la Persia de Zoroastro; o el envejecido Israel.  Esa ha sido la norma religiosa en occidente; y solo los irreverentes gringos se atrevieron a romper esa tradición tan respetada y, mediante las visiones de José Smith y sus famosas planchas de oro, dieron origen a una instantánea “historia sagrada” made in USA.  No podía ser de otra manera, en un país que nació para la velocidad. 
            Ahora bien, ¿cuál es la garantía de que un determinado libro sea sagrado?  ¿Existe alguna forma de verificar la autenticidad de uno de esos códigos como El libro de mormón, la Biblia, el Zend-Avesta, el Corán, los Vedas, el Bhagavad Gita y todos los demás que alegan ese origen?  Aparte de la fe de los creyentes, NINGUNA.  Casi todos esos textos son nacidos de la imaginación y astucia de sus creadores; con fines políticos, sociales, económicos y culturales, pero por sobre todo, de DOMINACIÓN.  Desde luego que existe una literatura “sagrada” original en el sentido de ser la más antigua conocida, y esa es la Vedanta de los hindúes, la cual tiene una compleja clasificación que hace muy difícil su entendimiento a la gente occidental.  Esos textos, además, se catalogan en exotéricos y esotéricos.  Y estos últimos son los que se señalan como obras de revelación, palabra que aunque nada afirma, sugiere un origen superior.  Entonces, ¿qué significa sagrado?  El DRAE dice: “Digno de consideración por su carácter divino o por estar relacionado con la divinidad”.  También el diccionario afirma: “Divino, perteneciente o relativo a Dios”.   Así, pues, ¿quién certifica que algo (un libro) puede ser sagrado y partícipe de la condición de divino?  ¿Los sacerdotes y feligreses de la religión a la cual ha dado nacimiento algún texto sagrado?  Eso es insuficiente.
Todos los libros sagrados de las religiones occidentales fueron copiados en forma directa o indirecta de la literatura hindú (Vedanta), en parte del budismo, zoroastrismo, religión egipcia y, sobre todo, de la épica griega: el Mito y la Tradición, también derivados de las religiones orientales.  Nada original hay en los credos de occidente, y todos sus relatos tienen su contrapartida en alguna de las leyendas del paganismo, como despectivamente se les llama en estas tierras a las grandes y antiguas religiones del Oriente.  La Biblia y el Nuevo Testamento son plagios de las copias que griegos y egipcios hicieron de la literatura inda (véase “EL ANÁLISIS”).  Claro que si la gente desconoce la historia y no ha estudiado otro tipo de escritos que no sean la Biblia y su hijo, no pueden opinar sobre este tema de manera racional, pues carecen de los conocimientos necesarios.
Esa es la génesis terrícola de toda esa literatura considerada de procedencia no humana, y la única garantía de su origen célico es la afirmación de sus autores.  Sin que intervengan los argumentos de la fe, ese es el fin del camino en cuanto a la validez de los “libros sagrados”.  Son textos doctrinarios que fueron escritos con el fin de aglutinar grupos, clanes, pueblos e imperios bajo un poder único dividido en temporal y espiritual, según la conveniencia de sacerdotes y políticos.  Y esa ha sido la tradicional forma cómo se ha compartido el Poder entre las iglesias derivadas de los libros sagrados y el poder laico.  La “autoridad divina” ha sido la columna sobre la cual se ha asentado el dominio de estos grupos sobre la población; por eso la FE es obligatoria y ha sido elevada a la categoría de mandato superior.
            La aceptación de tales obras solo ha sido cuestión de tiempo, antigüedad y repetición.  Pero ninguno de ellos puede presentar alguna prueba científica o histórica que demuestre su pretensión de tener ese origen.  Ni siquiera pueden aportar un argumento dialéctico convincente que satisfaga la razón.  Toda su estructura se sostiene en la fe y sumisión de sus feligreses y es por eso que, a falta de buenos argumentos (razones), estos suelen convertirse en fanáticos impermeables.  Todos los núcleos religiosos alegan que sus libros santos fueron dictados por algún dios a algún gran hombre de su nación o gremio.  Y eso es lo que les confiere la autoridad que tienen; sin embargo, no hay que ir hasta la India o el antiguo Egipto para encontrar el origen de todos los cuentos religiosos de occidente: basta con escudriñar el Mito, y en él aparecen todas las leyendas “sagradas y originales” de la Biblia y el cristianismo. De allí tomaron los elementos que dieron inicio a las religiones de occidente; a algunas directamente, y a otras en forma indirecta. 
            Con el correr del tiempo, cada una de ellas fue adaptada a las necesidades y condiciones de cada uno de los pueblos que hicieron los respectivos remedos.  Hubo muchos libros sagrados, pero la mayoría ha desaparecido junto con los sacerdocios y pueblos que los inventaron.  O los ocultaron de la ferocidad de la Iglesia para que esta no pudiera eliminarlos con el fin de impedir que se conociera el origen de los supuestos escritos divinos de occidente.  Como lo que hicieron con mucha de la literatura pagana, o con los libros religiosos de América.  Por dicha que los hindúes y budistas ocultaron celosamente sus escritos sagrados, de manera que no cayeran en manos de los vándalos cristianos que, en el afán de imponer su fe, destruyeron invaluables tesoros místicos.
            Entonces, ¿qué es lo que les da validez a esas obras literarias cuyos cultores las atribuyen a los dioses?  ¿El número de creyentes?   ¿El tiempo, sus argumentos y los recursos milagreros que les atribuyen?  ¿Nos fascinaría tanto el cristianismo si no fuera por la multitud de actos de magia que se le atribuyen a Jesús?   Porque la verdad, su lógica es muy pobre y deficiente; además, los plagios de su principal actor son demasiado burdos y su procedencia griega muy evidente.   Cristo es la copia conceptual de Prometeo y Dionisos, y eso no se puede negar a menos que sea por culpa de una fe a prueba de balas o por desconocimiento del Mito y la Tradición.  La concepción a partir de un dios y una mujer humana, era algo tan repetitivo en las historias griegas, que no cabe la menor duda de dónde se tomó la fábula de “la divina concepción” de María.  Claro  que esta con elementos mucho más ordinarios e injustificables que los que hay en las leyendas de la Hélade.   Zeus, el dios del Olimpo, es el protagonista de casi todas ellas; y de sus aventuras surgió una multitud de semi dioses semejantes a Cristo.  Así, esta deidad engendró con mujeres a Dionisos, Hermes, Heraclés (del que copiaron a Sansón), Helena, Pólux, Tántalo, Perseo, Pelasgo, Minos, Dárdano, Sarpedón, Epafo y una multitud de ilustres varones que dieron brillo a la historia de Grecia y a su mito.  Ese es el libro sagrado de los argivos, cuyos profetas fueron Esquilo, Homero, Hesíodo, Píndaro, Sófocles, Eurípides, Platón, Pitágoras y una lista enorme de sabios iniciados.  Además, por ser tan bello y romántico en su contenido, logró salvarse de la ferocidad de la iglesia de occidente y el nuevo dios surgido de la Biblia.  No es cierto que haya libros sagrados entregados por Dios a los hombres; al menos, no hay prueba alguna de semejante suceso.  Solo las afirmaciones de los autores… y la fe de los creyentes.
            Con afecto                                                                           (Artículo entresacado de “EL ANÁLISIS”)
                                   Ricardo Izaguirre S.     E-mail: rhizaguirre@gmail.com
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domingo, 5 de diciembre de 2010

852 El canal a nivel


852     “LA CHISPA”                (3 noviembre 2010)
Lema: “En la indolencia cívica del ciudadano, se fundamentan los abusos del Poder”
EL CANAL A NIVEL        
            A propósito de esta fecha (3 de noviembre), efeméride de la formación de la República de Panamá, nos viene la idea del CANAL, tema omnipresente en la geografía más flaquita del continente (Centroamérica).  Después de que Panamá se separó y unió tres o cuatro veces a Colombia, y cuando la compañía francesa había iniciado la construcción del canal, al gobierno de los Estados Unidos se le encendió la ya brutal e incipiente codicia que ha caracterizado a esa nación desde su nacimiento: quitarles lo suyo a los demás.  Así que fue cuestión de dos toques, y manipularon todo lo que fue necesario para que Panamá se separara de Colombia de manera definitiva; y como ya los habían invadido militarmente, el resto de la historia es fácil de adivinar.  No era lo mismo tratar con Colombia que con un conato de república que era lo que existía en el Istmo.  Y se impuso el tratado del canal, un contrato por el tiempo que a ellos les pareció mejor (99 años prorrogables a capricho).  Un pacto entre tigre suelto contra burro amarrado.  Y así nació el canal y su famosa Zona, un enclave militar foráneo en el mero corazón de la patria panameña.  Una afrenta que duró casi un siglo.
            Bien sabemos que en el sitio que los gringos se meten, JAMÁS salen por las buenas.  Y a menos que pierdan el interés o que los saquen por la fuerza (Vietnam), ahí se quedan “para siempre”.   Y eso hubiera pasado en Panamá de no ser que el Imperio tuvo un lapsus que no fue bien analizado por el gran capital.  Además, la coincidencia de que un buen hombre, James Carter, se encontrara en la presidencia de los Estados Unidos.  Un señor que entendió la injusticia de este tratado que convirtió a la nación centroamericana en un sumiso protectorado al que podían humillar a placer.  Fue entonces cuando se firmó (1977) el tratado Carter-Torrijos, mediante el cual, los Estados Unidos se comprometía a entregar el canal y la soberanía de ese territorio a Panamá.  Fue un descuido, un “error”; pero como ya estaba firmado, no les quedó más camino que cumplirlo y tuvieron que salir de ahí el 31 de diciembre de 1999, fecha pactada para el final del dominio colonial.  Sin embargo, dejaron abiertas ciertas “opciones” como llaman ellos a sus atropellos. 
            La entrega del canal a los panameños es algo que no han podido digerir bien, y siempre anhelan tener un sitio de dominación en el istmo centroamericano: el añorado “Comando Sur”.  Ya lograron parte de eso en Costa Rica, en donde se les cedió la autoridad total para operar a discreción en todo el país bajo el pretexto de la persecución del narcotráfico; pero eso no es suficiente para ellos.  La idea del canal (o de un canal) en sus manos y bajo su control militar como terreno propio, es algo que los sigue obsesionando.  El CANAL A NIVEL en “suelo de USA”, como era el de Panamá.  Saben que es muy difícil volverles a quitar esa vía a los panameños, y que solo mediante el invento de algo tan burdo como la cuestión de las “armas de destrucción masiva” de Irak, sería posible la reconquista militar de la Zona.  Pero esa alternativa está muy desacreditaba, y por ahora no parece viable.  Así que la cuestión vuelve a la mesa de dibujo del programa de “El Primer Reich Yanqui”, y empieza a tomar figura la revalidación del tratado Bryan-Chamorro (1914) que le otorgaba a los Estados Unidos una franja del territorio de Nicaragua (istmo de Rivas, lago Cocibolca y río San Juan) para que hicieran el canal.  El “tratado” decía: A PERPETUIDAD. 
¿Parece un absurdo lo de este canal?  ¡Claro que sí!  Pero tratándose de los norteamericanos, toda “posibilidad es posible”.  Las condiciones parece que se están dando.  Ya tienen la concesión de Golfito, que con la excusa del narcotráfico, pueden hacerla extensiva a cualquier operación que garantice “la seguridad de los intereses de USA”.  Y bajo esa figura jurídica, todo se justifica.  Ahí tienen o tendrán decenas de barcos de guerra, helicópteros, aviones, millares de soldados y todo lo necesario para “pacificar” toda la zona, pues el “tratado Golfito” implica la impunidad para que se muevan libremente por todo el territorio nacional; armados, bajo su propio comando y con licencia 007 para liquidar a quién les dé la gana de manera impune.  A los ojos del observador normal, esta situación en la frontera nica parece un incidente espontáneo, surgido al calor de las pasiones; pero también es lícito sospechar la existencia de un plan concebido desde hace mucho tiempo.   Y es en “lo no evidente” en donde debemos poner la más fina atención. 
Ya se dieron los primeros pasos y solo es cuestión del acto final: provocar una confrontación bélica entre Costa Rica y Nicaragua, la cual daría el pretexto ideal para que las tropas gringas vinieran a poner orden, a fijar perímetros a uno y otro lado del San Juan y tomar el lago y el istmo de Rivas para garantizar la “seguridad de los Estados Unidos”.  Para echar a Al Qaeda e impedir que Bin Ladden se afinque en Nicaragua y sitúe allí armas de destrucción masiva.   ¿Y quién los sacaría de allí?   NADIE.   ¿Parece ridículo?  Claro que sí.  Pero ¿no veíamos de igual manera lo de Irak?  Y ahí seguirán mientras haya petróleo.  Lo mismo que en Kuwait, Arabia y todos los países petroleros. 
Muchas cosas parecen respaldar esta tentativa de establecerse firmemente en Centroamérica; y no se trata de problemas de tipo “ideológico” o terrorismo sino de COMERCIO, la razón de SIEMPRE.   Y la principal de estas causas es el crecimiento del bloque sudamericano encabezado por Brasil, que ya empieza a ser una pesadilla para Washington.  No se trata de ideologías, pues el cuento del mundo libre o del “comunismo ateo” está quemado.  El meollo es económico: INTERESES.  El Gigante del Sur empieza a ser como China; y lo que es mejor, goza de la simpatía de la totalidad de los latinos.  Brasil absorberá económicamente a toda el área sur, incluida la América Central, y ese es el motivo del desvelo yanqui, y la necesidad de poseer su canal “en terreno propio” y con un gran ejército en la región para intimidar a la competencia.  El mercado cautivo que ya se han venido asegurando mediante los TLC.
            Incluso es posible que ya cuenten con el beneplácito del gobierno de Nicaragua.  Y si los gringos son generosos untando manos, sería cuestión de meses y tendríamos canal a nivel, con dominio militar estadounidense y unos cuantos milloncitos de renta anual para ambos países. Algo parecido al asunto de Las Crucitas, pero de mayor envergadura.  Ellos saben que nuestros gobernantes son “convencibles”, y nuestros pueblos, engañables.  Así que no deja de ser una posibilidad  que ya exista un acuerdo tripartito en la realización de dicho proyecto.  Entonces, todo parece indicar que estamos ante una maniobra en la cual se impondrá, en contubernio con la codicia de los políticos del área, la voluntad y dominio militar de USA en el istmo.  Para las oligarquías y la ultra derecha, la presencia de tropas yanquis siempre ha sido motivo de alborozo y por eso, es posible que ambos grupos de Costa Rica y Nicaragua, celebren gozosos la intervención porque esta, como siempre, les garantiza la seguridad de sus negocios y el poder político.  Un Pretor Yanqui en el corazón de Centroamérica.  Solo es cuestión de unos cuantos “incidentes” fronterizos provocados.
            Aunque esto pueda parecer una exageración y demasiada suspicacia, la verdad es que en las alternativas que Estados Unidos se reserva, todo es creíble.  No hay acción, por retorcida que parezca, que esté fuera de su consideración.  Si pudieron inventar todo lo que hicieron para apoderarse del petróleo de Irak, cualquier trama está dentro de las “opciones” de ese gobierno.  La idea del canal sigue viva en la agenda del gran capital, pues haber perdido el de Panamá es uno de los grandes errores de su historia.  Nadie, salvo Carter, pudo cometer semejante trastada que va en contra de todos los principios básicos del capitalismo feroz: soltar el cuello de una presa cautiva. 
            Canalescamente                                    (¿Les parece posible esta “fantasía”?)
                                        RIS
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sábado, 4 de diciembre de 2010

765 ¿Presidente o presidentA?


765     “LA CHISPA”    (14 febrero 2010)
Lema: “En la indolencia cívica del ciudadano, se fundamentan los abusos del Poder”
¿PRESIDENTE O PRESIDENTA?
            Ante la elección de doña Laura tenemos dos inquietudes un poco frívolas pero incómodas.  ¿Cómo le decimos: PresidentE o PresidentA?  Y a su marido: ¿Primer damo o primer caballero de la República?   En una “Chispa” anterior le dije señora PresidentA, y una serie de amigos lectores se molestaron y me dijeron que se dice señora presidentE.  Algo que me suena a disparate.  Como decirle a la señora del caballo: la caballo.  O a la del zopilote, la zopilote.  ¿Por qué ser tan quisquillosos con esas minucias del lenguaje?  ¿Porque lo manda la gramática o la Academia?  Si el pueblo se siente bien al utilizar determinadas formas, está bien.  Recordemos que es la gente la que hace la lengua y NO las Academias.  Y mucho menos, cuando se trata de un cuerpo colegiado que está al otro lado del mundo y que muy poco sabe de la riqueza lingüística de nuestros pueblos; de la multitud de términos y formas de expresión que inventamos todos los días.  Durante varios siglos hemos sido víctimas entusiastas de las reglas de la Academia Española, y nos hemos sometido a lo que ellos disponen en materia idiomática de una manera casi servil.  Si lo dicen el DRAE o la Gramática, así tiene que ser.  ¿Y dónde está nuestra personalidad, nuestra individualidad?  ¿Seguimos siendo una colonia lingüística de los hispanos?  ¿Somos incapaces de adoptar una forma propia de gobernar nuestra lengua americana o AMERIÑOL?   ¿Por qué un grupito de gente que vive al otro lado del mar ha de imponernos a los latinos de habla hispana, que somos más de QUINIENTOS MILLONES, la manera cómo debemos hablar?
            Hubo quienes me recitaron los dogmas académicos del participio activo y todas esas majaderías con las que no han martirizado por años.  “Que el que canta es cantante, que el que siente, sintiente, el que come, comiente; que el que es, entente, y el que pica es picante, y que por eso no hay presidentA”.  Pero el diccionario (DRAE) consigna esa palabra y nos dice que es la mujer que preside.  Sin embargo, ambas cosas me valen un cacahuate porque la lengua solo tiene un objetivo: hacernos entender.  Y si eso se logra mediante el discurso común, está servido el propósito de aquella.  Es por eso que ya es tiempo de que nosotros nos hagamos cargo de la dirección de nuestros asuntos en cuestiones idiomáticas, y que no sigamos permitiendo que los peninsulares se refieran con aprensión a nuestra manera de hablar, con el despectivo mote de americanismos.   Nosotros hablamos “AMERIÑOL” con propiedad y podemos hacerle los cambios que se nos antojen.  Además, no tenemos que pedir la venia de la Academia Española para hacerlo.  Ya no somos una colonia española, aunque es evidente que todavía hay muchos con esa mentalidad.
            Deberíamos estudiar el ejemplo de los gringos en relación con el inglés. Ellos NO tienen academia ni siguen regla alguna dictada por los ingleses; y su idioma es de lo más moderno, práctico, rico, expresivo y libre de la infinidad de trabas y majaderías de la gramática española, las cuales han convertido a esta lengua en una herramienta casi imposible de manejar.   El español de España es una lengua artrítica, paralizada por un reglamentarismo feroz que acobarda a todos sus usuarios.   Es por eso que muy poca gente se atreve a escribir: por miedo a los gramáticos y todos aquellos payasos que se las tiran de “conocedores de las reglas” de la gramática.   Por la misma razón, hay millones que prefieren ser despellejados o crucificados antes que “hablar en público”.  Y todo eso es culpa del formalismo y todas las idioteces de la Gramática española.  La ortografía de este idioma es el instrumento de tortura más brutal que hemos adoptado los ameriñoles.  Una ortografía infame que poco tiene que ver con nuestra manera de hablar, pues nuestra fonética NO ES equivalente con la de los españoles, y es por eso que estamos en clara desventaja ante ellos.  Y todo porque nos empecinamos en seguir subordinados a la “Real Academia de la Lengua” como si esta fuera palabra de Dios.  Esa institución y sus reglas son buenas para ellos, pero injustas para los americanos.  Nosotros NO decimos Zapato, ZarZa, Cielo, Zanahoria ni Cemento.  Pronunciamos Sapato, SarSa, Sanaoria y Semento, pero tenemos que escribir esas palabras “a la española”.  ¿No es eso una arbitrariedad inaceptable?  Nosotros debemos adaptar la escritura a nuestra forma de hablar el “AMERIÑOL”, y para explicar eso, escribí un libro llamado así.  Con él pretendo marcar una guía acerca de qué debemos hacer con nuestra lengua en nuestro continente.
            Si a un niño español la maestra le dicta: “El Cielo es aZul”, aquel tendrá un sonido claro que le indica cuáles son las letras que debe utilizar, pues la niña le dirá Cielo y aZul, enredando la lengua de esa forma como solo ellos lo hacen.  Entonces el jovencito no tendrá dificultad alguna para escribirlas.  Pero ¿qué pasa cuando un chiquito nuestro recibe la misma orden de su maestra?  Esta le dictará: “El Sielo es aSul”, con eses.  Entonces ¿cómo sabe este alumno que ese Sielo aSul que le dictaron se escribe con C y Z?  Eso es una injusticia ortográfica.  Pero aún así, sin pensarlo dos veces, hay cientos de guardianes feroces de la “pureza del idioma español”, como si eso nos importara a los americanos.  Esa es una preocupación válida para los peninsulares pero NO para nosotros.  Entonces ¿por qué hay tanto falderillo de oficio defendiendo algo que es perjudicial para los americanos? El reglamentarismo de ese idioma es lo que mantiene a los pueblos hispanoparlantes en la cola del tren del progreso.  Empantanados en discusiones idiomáticas estúpidas, mientras otros progresan al compás de la modernidad lingüística liderada por el inglés.  Mientras millones “chatean” y “accesan” mediante la Internet, el DRAE se emperra en decir que tales términos “no existen”.  Tampoco, brasier, chef, menú, negligé, kotex, gillette y una infinidad de palabras de uso corriente en el mundo entero, en todos los idiomas, que la paquidérmica Academia sigue rechazando y considera que son barbarismos.
            En mi libro “EL AMERIÑOL”, abro una puerta y señalo la ruta que los ameriñoles podríamos seguir en la formulación de nuestro propio método para la práctica de nuestro idioma: el Ameriñol.  No más vasallaje ante nada ni nadie.  Ya tenemos la suficiente edad cultural para decidir sobre nuestra lengua y la forma de utilizarla sin estar esperando órdenes provenientes de ultramar.   Y sí existe presidentA.  Así como culebrO, zopilotA, tigrA, águilO y lagartA… en Ameriñol.
            Mi libro “El Ameriñol” se encuentra gratis en mi blog: Librería en Red.                      Ameriñolescamente                                      
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viernes, 3 de diciembre de 2010

859 Gordura y culpables


859    “LA CHISPA”     (28 noviembre 2010)
Lema: “En la indolencia cívica del ciudadano, se fundamentan los abusos del Poder”
GORDURA Y CULPABLES
            Igual que con los borrachos, la culpa es de los gordos, según nos quieren hacer creer.  Los bolos son los únicos culpables de ser lo que son; también los gordos tienen toda la responsabilidad de serlo.   El Estado se lava las manos, la industria alimentaria es inocente, y la prensa avala esta situación sin señalar, criticar ni analizar a fondo la situación; a lo sumo, da la noticia de manera trivial, casi anecdótica, como una reseña lejana que solo afecta y debe preocupar a los que son víctimas de ese mal que nos acosa y hace sufrir a todos.  Es cierto que la glotonería es una enfermedad personal que cada uno debe combatir con las armas que estén a su alcance, pero los glotones NO son la causa única del gran problema nacional que tiene a esta sociedad al borde de una gran catástrofe sanitaria.  Mejor dicho, que ya nos tiene dentro de ella.  Del análisis del Seguro Social se desprende que el 62% de la población de Costa Rica es gorda, lo cual implica toda la cola de dolencias que se derivan de esa condición morbosa.  Pero como es la costumbre fácil, los culpables de tal situación son los gordos. Porque tragan mucho, no hacen ejercicio, no consumen agua y comen pollo con el pellejo, y porque no comen verduras ni frutas.  Pero NUNCA se habla de la industria alimentaria, la GRAN PROTAGONISTA de la tragedia.  Esta aparenta ser inocua.  La Administración tampoco tiene participación en el problema.  Solo los gordos.    Dice la señora Rosa Climent que: “Debemos cuidarnos para no sufrir consecuencias”.  ¿Pero cuidarnos de qué?  ¿Del pellejo de pollo?  ¿Y por qué no se dice nada de las hormonas con las que engordan a estos animales para que se llenen de grasa, pesen más y se pueda cobrar más a los consumidores?  ¿Por qué no se habla de la responsabilidad del Estado en esta situación que atenta contra la salud pública?   ¿Porque la industria alimenticia es todopoderosa y financia campañas políticas?  ¿Y qué hay de los químicos que se utilizan para el engorde del ganado vacuno y “cerduno”?  Muchos productos prohibidos en Estados Unidos son exportados a la América Latina con el conocimiento de los gobiernos; pero como son baratos y producen grandes ganancias a los productores de carne, las autoridades hacen la vista gorda ante este crimen de lesa humanidad.  ¿Cuántos químicos que causan adicción se utilizan en la industria alimentaria?  Recuerden que incluso en los ESTADOS UNIDOS, las tabacaleras ponían estos venenos en los cigarrillos para causar ansiedad y hacer el vicio más apremiante.  ¡Y eso, en los Estados Unidos!  Entonces ¿qué no harán aquí?  La adicción no solo es una dependencia sicológica debida a la propaganda de los medios, sino de incorporación de sustancias químicas (como la Coca) capaces de producir un enviciamiento rápido y profundo.  En las medicinas y comida empacada, se utilizan miles de esos productos que nos convierten en esclavos y clientes eternos.  Se llama dependencia biológica.
            En nuestro medio, el Gobierno aparece como el gran ausente, el que solo tiene la tarea de hacer más clínicas y hospitales para curar a los que se joden solos.  Pero nunca se habla de la responsabilidad que le toca en la previsión de los vicios y de uno de los peores males que puede sufrir una sociedad: la GORDURA generalizada.  La Administración ha aprendido ha difuminarse muy bien en la escena del crimen.  Si la Coca Cola está repleta de sustancias nocivas a la salud, eso importa poco si PAGA IMPUESTOS para las arcas nacionales.  Si las comidas PROCESADAS contienen infinidad de químicos dañinos, ¿qué importa si pagan sus taxes y están respaldadas por los TLC?  El bienestar de la gente es un problema que nos implica a todos, pero las directrices de la lucha para preservarla, deben ser fijadas por las autoridades sanitarias. Es obligación insoslayable de estas velar por la salud del pueblo mediante campañas en las que se diga LA VERDAD, y que no desvíen la atención del público hacia las víctimas  y oculten a los culpables.  Es muy fácil echar el muerto a las mamás, a la prisa, al trabajo, a los niños y los obesos.  Es muy sencillo acusar a los gordos y borrachos de su desgracia, y pasar por alto las causas primarias del problema; como la estructura comercial que, en contubernio con las autoridades, fomentan, permiten y estimulan el consumo de drogas nocivas a la familia.  El alcohol produce más daños sociales y muertes que todas las otras drogas juntas y, no obstante, es legal y cuenta con el patrocinio de los gobiernos.   Y en algunos casos, estos son los productores de este veneno.   Negocios…  se les llama.
            Lo mismo sucede con la industria alimentaria, la cual hace lo que quiere sin someterse a control alguno.  Las autoridades DEBEN advertir sobre los peligros que conlleva la ingesta de productos alimenticios procesados, y cuya duración en los envases se garantiza mediante el uso masivo de preservantes.  Y no se trata de la cantidad que tiene UN producto, sino de la suma de todos ellos, pues en la actualidad, casi todo lo que consumimos está repleto de estas sustancias tóxicas.  Y si a lo que comemos le sumamos lo que nos untamos en el cuerpo (cosmetería), la cuestión se complica para la salud.  Pero la Autoridad calla y permite que los comerciantes hagan lo que les dé la gana; incluso que utilicen propaganda engañosa y no sujeta a censura alguna.  Como aquella de: “Es un hecho: el AH1N1 ha vuelto” etc. etc., para vendernos un limpiador desinfectante. Terrorismo publicitario al servicio de los mercaderes.  El Gobierno es cómplice de esta agresión en contra de la salud pública porque CALLA y evade su responsabilidad, agazapado detrás de un cómodo laissez faire. Pero es su deber denunciar y prohibir todos aquellos productos que no se adapten a las normas de protección sanitaria dictadas por el Ministerio de Salud y la Defensoría de los Consumidores.  Estos deben publicar listas de sustancias preservantes y los peligros que encierran; además, DEBEN obligar a las empresas del ramo a indicar el contenido y la cantidad de estos en sus productos.  No se trata de que las autoridades nos digan que “debemos cuidarnos”, sino de que estas lo hagan, pues para eso les pagamos a los empleados que hemos nombrado en esos puestos, y no para que formen “piña” con los comerciantes y se dediquen a protegerlos y hacerse los chanchos con las violaciones que realicen.  No se trata de culpar a las mamás, los niños ni los a gordos, sino de que cada uno asuma la responsabilidad que le toca y la cumpla a cabalidad, como ordena la Ley.   Y la de los funcionarios es una OBLIGACIÓN CONSTITUCIONAL que no se puede eludir bajo el pretexto de que los comerciantes pagan impuestos, dan empleo y están protegidas por la “libertad de empresa”. El principio del “pobrecito”, como los hoteleros frustrados de Crucitas.  Nada es más importante que el pueblo, y es a este y no a grupos, a quien se debe todo el esfuerzo de las autoridades en la búsqueda de la felicidad y el bien común.
            Las hormonas que producen el engorde de gallinas, chanchos y vacas, continúan su labor en el interior de los seres humanos cuando estos consumen esas carnes.  Esa es una de las razones de la gordura cuya causa primaria es la alimentación antinatural con productos repletos de toda clase de químicos malignos.  Solo el gobierno, mediante sus entes especializados, tiene la capacidad para defender adecuadamente a los consumidores; con autoridad y determinación, y no mediante consejitos infantiles.   Para eso les pagamos, para que sean nuestro Chapulín Colorado.  Cuando la oferta es masiva, la propaganda embrutecedora, el consumidor ignorante y el estado alcahuete, las consecuencias alimentarias son desastrosas y conducen a la gran tragedia que estamos viviendo: obesidad generalizada, y toda su secuela de males.  La gordura NO es un problema solo de los que la padecen sino de toda la sociedad; incluyendo al Gobierno en primer lugar.            Exijamos a este el cumplimiento de sus obligaciones.  Eso es todo.
             Fraternalmente
                                      RIS                                            E-mail:  rhizaguirre@gmail.com
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martes, 30 de noviembre de 2010

860 Lotería: devaluación de premios


860   “LA CHISPA”    (29/11/10)
Lema: “En la indolencia cívica del ciudadano, se fundamentan los abusos del Poder”
LOTERÍA: DEVALUACIÓN ILEGAL
            Esta hojita ha denunciado varias veces la injusticia del negocio de la lotería; sobre todo, en el porcentaje de ganancia que otorga a los jugadores.  Luego sigue la cuestión de las series que se “reservan”; en tercer lugar esta la devaluación arbitraria de los premios establecidos, es decir, la relación entre lo que se invierte y lo que se gana.  Esto último es semejante a los salarios y NO es correcto que la Junta devalúe esa relación a capricho.  Y finalmente esta la cortina de humo de los premios basurrilla, para dar la impresión de que reparten millones a diestro y siniestro, pero eso solo es un truco para difuminar la realidad del negociazo que hacen.  Procedamos al análisis.  Pero antes, un ejemplo que ya fue utilizado en “Chispas” anteriores: en el estado de Nevada (cuna de los juegos, apuestas y “libre empresa”) NO son los dueños de las loterías los que establecen el monto de los premios, sino el gobierno es quien obliga a que el 75% de lo recaudado se reparta entre los que producen el capital.  En cambio aquí, la Junta de “Protección” Social ha determinado, a capricho, un monto cercano al 22 ó 23 % para los ganadores.  De esa manera se queda con la tajada del león.
            En el sorteo 4110 del 28 de noviembre de 2010 la cuestión estuvo así.  Se dieron 98 premios con un total de 129.900.000 (ciento veintinueve millones con novecientos mil colones).  Noventa y cinco premios basurilla con un total de 29.900.00.  Y los tres principales con un monto de 100 millones.  Y si una emisión contiene mil series con cien números, eso nos da un total de 100 mil billetes, que a un precio de CINCO MIL colones, producen un total de QUINIENTOS MILLONES DE COLONES en la caja de la Junta.  Y si a eso se le restan los premios (129.900 000) a la Junta le queda una ganancia neta de 370.100.00 (TRESCIENTOS SETENTA MILLONES CON CIEN MIL COLONES).  Y ese botín es desproporcionado, sin importar lo que esa empresa pueda argumentar en relación con el destino de ese dinero.  Ese capital lo hacemos entre todos, y es obligatorio que se reparta de manera más equitativa.  Si recogen 500 millones, por lo menos doscientos cincuenta deberían ser repartidos entre los jugadores.  Y aún así, el porcentaje de la Junta sería abusivo.  Lo correcto sería entre un 35 ó 40% para esa Institución.  Eso es mucho dinero.
            No sé si todavía hacen la “reserva” de series que no sacan a la venta, pero esa es una maniobra que parece un tanto sospechosa, pues si la Junta se reserva cien series, eso significa que desde ahí tiene la posibilidad de que el premio mayor caiga en alguna de esas series caseras, lo que haría que la ganancia fuera casi total. 
            El tercer punto es la cuestión de los “premios basurrilla”, cuyo único propósito es crear la ilusión de que la Lotería reparte millones a lo loco, cuando en realidad eso no es más que un engaño, una pantalla.  ¿Se imaginan lo terriblemente difícil que es “pegar” los cinco números de un billete (número y serie) tan solo para ganarse mugres 200 mil colones?  Eso es una burla sangrienta, y como se dijo en otra “Chispa”, esa suma no alcanza ni siquiera para una buena borrachera.  Solo deben ser TRES PREMIOS que de verdad saquen de apuros a los favorecidos.  En el caso de este sorteo (4110) que dejó una colecta total de 500 millones, 250 se deben repartir en tres premios de 125, 75 y 50 millones de colones.  Pero como fueron dos emisiones completas, la Junta se quedaría con QUINIENTOS MILLONES, y los ganadores con 250, 150 y 100 millones, lo cual sí vale la pena.  Pero NO la burla de 200 ó 300 mil colones con un billete entero.  Tres premios, nada más, pero proporcionados.  Porque vean la desigualdad actual: el primero se lleva NOVENTA MILLONES, y el tercero, con los mismos cinco números, se gana 3 míseros milloncillos.  Y no es que no sea bueno ganarse tres millones, pero es el contexto general y la proporción lo que les confiere esa condición de poca valía.  ¿Qué se puede hacer con tres millones?  Ni siquiera me puedo comprar mi Nissan Frontier roja…
            Finalmente está la devaluación caprichosa que la Junta hace de los premios.  Veamos el ejemplo de la lotería para el sorteo 4111 del 5 de diciembre 2010.  Se supone que el monto de los premios es algo así como los salarios de los obreros: el patrón NO puede rebajarlos a capricho.  Así tampoco la Junta tiene derecho a hacer una disminución arbitraria de los premios.  No es legal, justo ni moral que ellos jueguen con los montos de los premios ni la relación entre lo que se invierte y lo que se gana.  Veamos el punto.  En el premio de NOVENTA MILLONES el jugador invierte CINCO MIL COLONES, eso significa que si “pega” el gordo, gana 18 mil colones por cada colón invertido.  Pero al rebajar el premio mayor a SETENTA MILLONES, la relación se estropea en perjuicio de la gente, y en beneficio adicional para la codiciosa Junta de “Protección” Social.  Aunque el billete valga cuatro mil colones, la proporción resulta dañina al comprador, pues de esta manera, por cada colon invertido la ganancia es de 17.500 (diecisiete mil quinientos colones).  Quinientos colones más al bolsillo de la Junta; y como son CIEN MIL BILLETES, el total se convierte en CINCUENTA MILLONES que esta empresa le está birlando al público, a los que queremos hacernos “millonarios de la noche al día”, como reza el famoso eslogan de ese negocio.  Pero como la emisión es DOBLE, el mordisco se convierte en CIEN MILLONES DE COLONES que la venerable Junta se embolsa con un pasamanos magistral y ante la indolencia general del público.   A nadie parece importarle esto; la gente solo sonríe…
            Estimados lectores y colegas viciosos de la lotería, ¿no creen que ya es tiempo de que los que ponemos la plata tengamos alguna participación en el destino que esta debe tener?  No es correcto que solo sea un grupito de personas (que se pelean por estar allí) los que determinen todo lo que esa Junta hace con el dinero de nosotros.  Debemos exigir mayor participación en la riqueza que hemos recolectado entre todos.  No puede ni debe ser que la  Junta se queda con más del SETENTA Y CINCO por ciento de lo que hemos producido los clientes de ese negocio.  Porque la verdad, nadie juega lotería para ayudar a los pobres (aunque lo hagan); todos juegan con la ilusión de hacerse ricos y salir de problemas económicos.  Y ese es el punto que debemos corregir.  Premios que de verdad nos hagan millonarios.  Más claridad y justicia en los juegos de la Junta de “Protección”  Social.                                (¿Cómo se maneja este “tamal en sus países?)                                                    Loteriescamente
                                         RIS              E-mail: rhizaguirre@gmail.com            (70 y 73, serie  704)
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domingo, 28 de noviembre de 2010

858 La industria alimentaria


858    “LA CHISPA”    (26 noviembre 2010)
Lema: “En la indolencia cívica del ciudadano, se fundamentan los abusos del Poder”
LA INDUSTRIA ALIMENTARIA     (notita dominical)
            En varias “Chispas” nos referimos al problema de la obesidad, estado mórbido resultante de una mala e inadecuada alimentación, y que es el asesino número uno de millones de personas.  Una plaga que no solo mata sino que humilla a sus víctimas, pues no hay nada más angustioso y deprimente que ser gordo-a.  ¿Y quién tiene la culpa de esto?  Pues la INDUSTRIA ALIMENTARIA por su codicia, y el ESTADO con su indiferencia complicitaria ante un problema nacional grave.  Este jugoso comercio funciona mediante el engaño por parte de la industria de los comestibles y por la permisividad de las leyes ante esta situación que solo tiene un beneficiario.   El problema de la OBESISDAD y todas sus secuelas NO se soluciona solo con hacer ejercicio y comer cinco porciones de frutas y verduras, sino con eliminar de la dieta de niños y adultos, el montón de tóxicos con los que han saturado el mercado de los alimentos.  El Ministerio de Salud TIENE LA OBLIGACIÓN de regular y controlar la calidad de los productos que los comerciantes ofrecen al público.  El gobierno NO debería hacer la vista gorda ante el crimen que la industria del ramo comete en contra de la población.  Pero este no interviene porque eso sería ir en contra de la sacrosanta “libertad de empresa”, y eso sería un ataque contra la democracia.  Sobre todo si se trata de las grandes cadenas transnacionales.  Jamás veremos a un Inspector de Salud clausurando un MacDonald, haga lo que haga.    Tampoco a los chinos.    El estadio…
Infinidad de sitios que expenden viandas venenosas, funcionan impunemente intoxicando a la gente con miles de preservantes dañinos que les agregan para que duren una eternidad.  Además, NADIE controla los procesos ni la calidad ni cantidad de sustancias que utilizan.  Y esos agentes de muerte son los verdaderos causantes del problema de obesidad generalizada que afrontamos, aunque a primera vista no parece haber una clara relación.  Dejar al consumidor desamparado y en manos de la publicidad masiva de la industria NO DEBERÍA ser la conducta del Estado, sino que este debe intervenir no solo en la educación del público, sino en ejercer un severo control de calidad en todo aquello que se ofrece al ciudadano.  Con la misma fiereza que se persigue a los vendedores ambulantes, se debería hacer con esa gente.  No es válida la justificación de que cada uno come lo que le da la gana, y que nadie nos fuerza a tragarnos una hamburguesa y unas papas fritas en uno de esos negocios, pues todos conocemos el poder hipnótico de la propaganda.
            Nadie puede ni se atreve a ejercer la obligatoria vigilancia sobre la todopoderosa industria alimentaria, pues esta mueve billones y puede comprar inmunidad política.  Las empresas le agregan a sus “comidas” todo lo que les da la gana, y las autoridades lo dan por bueno, sin someterlas a análisis científicos de clase alguna.  Es decir, estas ACEPTAN, bona fide, lo que declaran los industriales: Que no se usa tal o cual preservante, y que los que utilizan, se aplican en cantidades seguras.  Sin embargo, todo el mundo sabe que eso es falso. Pero ¿se atrevería algún inspector del Ministerio de Salud a objetar algo en los productos de la “Dos Pinos”?  ¿O en las prácticas del engorde del ganado de carne?  ¿O de la alimentación de los pollos?   ¿De qué hacen los yogures y el montón de helados de diversos olores colores y sabores artificiales?  ¿Con qué sustancias envenenan a nuestros niños?   ¿Alguien lo verifica, o TENEMOS QUE CREER en la propaganda de esa y tantas otras firmas de la alimentación?  ¿Tenemos que creer que “todos sus productos son naturales y que se procesan bajo estricta vigilancia técnica y sanitaria”?
            ¿Qué químicos son incorporados a los miles de refrescos embotellados, enlatados, embolsados y encajados que toman nuestros escolares, colegiales y público en general?   ¿Quién supervisa la calidad y cantidad de esos productos?   ¿Tiene el gobierno una base de datos de sustancias preservantes que han sido prohibidas en USA y Europa?  ¿Se verifica que aquí no se empleen?  Sabemos que en la América Latina se utilizan cientos de compuestos químicos que hace años han sido prohibidos en Europa y USA.  Y con el conocimiento de las autoridades de todos esos países. 
            Y aunque es claro que a la industria alimentaria le importe un chayote la salud del pueblo, no debería ser así para el Estado, pues este es el responsable de la seguridad ciudadana en todo aspecto, sobre todo, en ese tan esencial como es la alimentación, base de la salud pública.  Recuerden que TODOS los preservantes son VENENOS destinados a MATAR algo, y como tales, son capaces de causar muchos daños en los organismos humanos.   No es cierto que haya dosis “seguras” cuando la gente consume ingentes cantidades de esta comida artificial empacada, así se trate de una sardina, una mermelada o un pan (de cualquier clase) fabricado para el consumo masivo.  Todos estos productos tienen antioxidantes, colorantes, saborizantes, texturizantes, ceras, ácidos etc., todas sustancias peligrosas.  Sobre todo, porque la industria NO CORRE riesgos ni utiliza conservantes naturales.  Los ARTIFICALES son más abundantes y baratos.  Es esta cantidad de químicos la que va arruinando las funciones de los organismos (por intoxicación crónica) y los hacen lerdos para procesar los alimentos.  Además, producen trastornos de asimilación que conducen a la gordura.  La gente de antes consumía arroz y frijoles, tortillas, papas, camote, tiquizque, malanga, yuca y NO engordaban; ser gordo era una excepción, una rareza.  Ahora es lo contrario: ser delgado es lo inusual.  Los huevos eran de gallinas contentas, y estas se mataban en la cocina de cada casa.  Pan casero o de la panadería casera del barrio.  Carne de vacas engordadas con zacate.  Leche que se ponía “agria” en poco tiempo porque era pura, viva y permitía que crecieran en ella las bacterias.  La de ahora es estéril y puede durar mil años en su caja, bolsa o botella porque está llena de preservantes.  La gente no se preocupaba del “balance y los grupos alimentarios, las vitaminas ni los minerales”.  Comían carbohidratos en puta y no engordaban porque sus alimentos eran naturales.  No existía esa plaga de GORDOS, pues el agro no cometía “el abuso químico” que ahora nos lleva a consumir vegetales CONTAMINADOS con multitud de venenos.
            La razón única de la OBESIDAD, causa de infinidad de enfermedades, es la ingesta de productos alimenticios PROCESADOS, a los que se les agregan miles de sustancias peligrosas que se van acumulando en los organismos y que retardan y paralizan sus funciones vitales de ELIMINACIÓN.   Acuérdense que vivimos en SIMBIOSIS con millones de microorganismos que residen en nuestro tracto digestivo, y si los matamos, entorpecemos su labor de transformación de los alimentos para ser asimilados; además, nos causamos estreñimiento, el peor asesino de la sociedad sedentaria y comedora de viandas saturadas de tóxicos.
            Como dije en otra “Chispa”, claro que es muy cómodo el uso de la comida chatarra: tiene estupendo sabor, color y olor.  Requiere muy poco trabajo (o ninguno) para ser consumida; es práctica y puede almacenarse por siglos.  Nos salva del aprieto de preparar la merienda de los niños (casa o escuela) y nos da más tiempo para ver las novelas de la tele.  Podemos tener en el patio cien tarros de “nutritivos” refrescos de todos los colores y sabores para todo el año.  O bien, un millón de sobrecitos de polvos que producen ricas bebidas con sabor a todo lo imaginable.   Pero es necesario que reflexionemos un poco y que hagamos algún sacrificio por nuestra salud.  Procuremos adquirir alimentos naturales en la medida de lo posible (cuestión muy difícil, es cierto), pues solo esto nos garantizan que estamos metiendo en nuestro organismo los materiales correctos.  Evitemos TODAS las comidas procesadas y empacadas para que duren toda la vida.  Y si no podemos prescindir del todo de ellos, al menos reduzcamos su consumo a niveles que el organismo pueda eliminar adecuadamente en la orina, heces y sudor.   ¡Que se conserven sanitos y flaquitos!
                                           RIS           Blog:   “La Chispa”     http://lachispa2010.blogspot.com/

sábado, 27 de noviembre de 2010

774 ¿Qué clase de sicópata es usted?


774    “LA CHISPA”   (07/03/10)
Lema: “En la indolencia cívica del ciudadano, se fundamentan los abusos del Poder”
¿QUÉ CLASE DE SICÓPATA ES USTED?
            No, no se asuste, todos lo somos en alguna medida.   La sicopatía es un desorden de la personalidad, aunque no necesariamente implique locura, y esta categoría admite miles de formas de conductas aberradas en las que todos caemos en diferente medida e intensidad.  Pero antes, ¿qué es la personalidad, palabra que utilizamos con tanta frecuencia como ignorancia de su verdadero sentido?  Como se dijo en “La Chispa” anterior, es el conjunto de conductas (reales o ficticias) con las que nos hacemos notar de los demás.  Y son las alteraciones de esas conductas (en diverso grado), lo que nos convierte en sicópatas.  Claro que la palabra ha sido satanizada y, de hecho, la asociamos solo con los casos extremos que hemos visto en la historia o el cine: el tipo con la motosierra persiguiendo a mujeres y niños para destrozarlos; a Hannibal Lecter comiéndose a sus víctimas, a Richard Ramírez degollando a sus innumerables víctimas, al Monstruo de los Andes o a Ted Bundy; e históricamente, ligamos el concepto con Lenin, Stalin, Truman, Nerón, Calígula, Bush, Josué, Yavé, Moisés y otros grandes asesinos en masa.  Pero la verdad es que si atendemos a las características primarias de la sicopatía, todos lo somos.  ¿Creería usted que infinidad de madres son auténticas sicópatas en su relación con los hijos?  Muchas incluso llegan a asesinarlos, aunque la mayoría solo se limita a maltratarlos con castigos físicos leves alternados con fuerte violencia verbal.   Muchas sicopatías se deben al maltrato refinado de madres que ignoran su enfermedad y convierten a sus hijos en víctimas inmediatas y futuros sicópatas. 
            Los políticos son psicópatas por definición, pues son manipuladores, mentirosos compulsivos, embaucadores, egoístas, arrogantes y superficiales; depravados morales, incapaces de sentir nada cuando les demuestran sus mentiras, pues carecen de consciencia.  La mentira para ellos es como el aire que respiran, y acompañando ese vicio, adoptan una actitud pretenciosa y afectada.  De ahí su falta de compromiso ético y su facilidad para mentir con todo desparpajo sin sentir remordimiento alguno ni vergüenza.    También los actores son grandes sicópatas amantes de la pompa y el servilismo de sus semejantes.  Famosos predicadores religiosos también lo son; la madre Teresa era una de ellas.  También innumerables profetas, líderes sociales y militares han sido grandes sicópatas que, incluso llegaron a sacrificar sus vidas con tal de hacer creíbles sus imágenes de santos y héroes.  Pertenecen a la categoría de los sicópatas carismáticos.  Tan encantadores como Caryl Chessman o el Dr. Lecter.  Todas aquellas ocupaciones en donde es posible figurar ante el público, constituyen un imán irresistible para los sicópatas.  Los deportistas suelen pertenecer a este grupo que les llena todas sus expectativas de la vida: dinero, poder, pompa y adoración; pero como son personas aberradas, nunca suelen sentirse satisfechos del todo.  Son insaciables en todas direcciones, incluyendo el sexo, del cual suelen ser fanáticos enfermizos sin que eso signifique que amen a nadie.  Caso de Tiger Wood.  Sus relaciones no son más que un alarde de poder, para que los otros sepan.  Para esta gente NO existen las reglas sociales y las consideran únicamente para ser aplicadas a los demás.  Son básicamente amorales, aunque se cuidan mucho para aparentar que son personas correctas, buenas y de conducta intachable.    ¿Es usted así?    Sin mentir…
            La impostura es su pasión favorita; el qué dirán suele ser la guía de todas sus acciones públicas, en las cuales hacen lo posible por hacer creíble su máscara (persona).  Les fascina que la sociedad piense bien de ellos, pero no porque les importe la opinión de otros, sino por mero egoísmo.  Esta gente es incapaz de ponerse en el lugar de otros o sentir su dolor.   Eso significa que tienen una carencia total de empatía.  Se puede decir que los sicópatas “utilizan” a las personas sin importarles sus sentimientos y sin sentir el menor remordimiento.  Y no porque sean “malos” o ignoren los conceptos del bien y del mal, pues en todo momento saben lo que están haciendo.  Aclaramos: el sicópata NO es un loco; lo que pasa es que no le importa nada que no sea la satisfacción de su propio egoísmo.  Recuerden que la característica básica es su disposición natural a la mentira.   Muchos sicópatas son mentes brillantes, hombres sumamente inteligentes que suelen sentir menosprecio por aquellas personas que no se encuentran a su nivel intelectual.
            Así, pues, todos participamos en alguna medida de esa condición, aunque de entrada nos parezca ofensiva la idea, ya que todos hemos creado una personalidad ficticia (social, familiar, religiosa) que forma parte de nosotros y con la cual nos identificamos profundamente.  Llegamos a creer que somos eso que les hacemos creer a los demás.   De esta manera, resulta que la aceptación de que todos somos sicópatas en alguna medida, nos resulta ofensiva e incómoda, inaceptable.   Sin embargo, ese rechazo inicial que sentimos ante la posibilidad de inscribirnos dentro de esa categoría, puede ser el primer indicio de que lo somos, pues a todos nos fascina la idea de ser esa personalidad que hemos venido cultivando durante toda nuestra vida y, si alguien la desquicia, puede producir en nosotros reacciones desastrosas.   Pero recuerde que usted es la única persona que puede darse cuenta de cuál es el alcance de su sicopatía.   Solo es cuestión de hacer un análisis cuidadoso y honesto de su conducta, en especial, de aquella de la cual se siente más orgulloso-a.  De su magnanimidad, religiosidad y conducta social; de su paternidad y sus relaciones familiares.  Analícelas muy bien y encontrará cuáles son los verdaderos motivos por los que usted actúa de esa manera postiza que, a base de tanta repetición, ha adquirido la forma de auténtica, al menos en su mente.  ¿Ama de verdad a las personas que lo rodean?  ¿O solo es un manipulador de sentimientos?   Eso solo usted puede saberlo, aunque le cueste y le duela.  Pero no será mucho, pues los sicópatas carecen de la capacidad para establecer verdaderos nexos afectivos; todo en ellos es falso, incluyendo sus relaciones familiares (esposas-os, hermanos y demás personas).  El sicópata es un “dominador”, NO un amante.   Embárquese en esta aventura del auto análisis personal para descubrir qué clase de individuo es usted.  Y si lo hace, podrá liberar a su familia y amistades de incontables problemas cuyo origen solo se encuentra en su propia SICOPATÍA. 
            Sicopáticamente
                                     Ricardo Izaguirre S      E-mail: rhizaguirre@gmail.com




773 ¿Qué es eso que llamamos personalidad?

773  “LA CHISPA”    (9 marzo 2010)
Lema: “En la indolencia cívica del ciudadano, se fundamentan los abusos del Poder”
¿QUÉ ES ESO QUE LLAMAMOS PERSONALIDAD?
       Con mucha facilidad y casi con desenfado utilizamos la palabra personalidad para referirnos a algo que no sabemos con exactitud qué cosa es, pero que suponemos es la naturaleza de las personas.  Algo así como el carácter, la constante de la forma de ser de alguien.  Y no solo eso sino que le atribuimos diversos grados de intensidad: “Tiene mucha personalidad”, “No tiene personalidad”, “Es de personalidad débil”; “Su personalidad es muy fuerte”.   Entonces, podríamos decir que esta es el aspecto exterior de los seres humanos en general.  Pero, ¿es eso un referente confiable para clasificar a la gente?  Recuérdese que la palabra persona significaba máscara en el teatro clásico griego.  Así, los actores, que podían ser los mismos, solo cambiaban de antifaz para interpretar diversos roles en una obra.   Ese disfraz solo era una representación que nada tenía que ver con el individuo que actuaba.  Luego, el término adquirió otra categoría más estable y se convirtió en una denominación muy semejante a carácter.  De esa voz deriva el término personalidad, que es el tema de esta nota.  Y sobre qué es esta, hay tantas definiciones como siquiatras y tratadistas  Se dice que es el conjunto de las conductas sociales, morales e intelectuales que distinguen a un individuo; pero eso apenas es una definición que no aclara nada, es algo para salir del paso.
            La personalidad continúa siendo casi lo mismo que en la época del teatro griego: algo variable, acomodaticio, indefinible, inseguro; una conducta que puede ser una farsa y que, a menudo, es la forma como los individuos se comportan en la vida real: mediante la simulación de lo que NO son, pero que conviene a sus intereses.  Incluso los que se tratan con sicólogos o siquiatras inventan conductas postizas que nada o muy poco tienen que ver con lo que en realidad son, y suelen engañar a sus propios doctores solo por diversión.  Esta careta sigue siendo lo mismo que en el teatro antiguo.  Algo que se cambia según el escenario.  Si nos conviene que nos crean buenos, honestos, sinceros, fieles, trabajadores o lo que sea, adoptamos ese proceder para que los otros crean que somos eso.  Es una serie de hábitos mediante los cuales nos aseguramos de que los demás tengan el mejor y más deseable concepto de nosotros; algo que nos agrade y nos haga sentirnos bien con nosotros mismos, aunque sepamos que no es mas que un engaño.   Esta es como el espejito mágico que nos refleja aquello que deseamos y que nos agrada. 
            Entonces, cuando nos refiramos a la personalidad de alguien, debemos tener mucho cuidado pues, por lo general, estaremos hablando de la “fachada” que utiliza ese individuo para funcionar dentro de la sociedad.  El problema es tan difícil que no solo la ajena es un enigma sino que, muchas veces, nuestra propia identidad es un misterio para nosotros mismos.  Y eso no es una broma ni un inconveniente aislado; es una constante en TODA la gente.  Si nos hemos encariñado con una determinada máscara, sufrimos en grande cuando algo la pone al descubierto.   Cuando alguien nos “pela el fondillo” con alguna de nuestras más mimadas conductas fingidas y creencias, todo se nos desploma dolorosamente.  Si hemos cultivado la idea de que somos inteligentes, honorables o bondadosos, cualquier incidente exterior que desmienta esas cualidades, hace que el mundo se nos venga encima.  La personalidad es un disfraz mediante la cual “actuamos” en el teatro de la vida; una carga tremenda que nos obliga a una simulación permanente y molesta.  Si hemos adoptado el papel de que somos buenos padres, marido o amigos, caemos en la trampa y nos vemos obligados a actuaciones ficticias para que nuestro mundo irreal concuerde con la opinión que los demás tienen de nosotros.  Eso suele ser una verdadera tortura, pues nos vemos forzados a comportamientos que pueden ser muy chocantes a lo que en realidad somos.   El papel de buenas personas es muy difícil de interpretar con credibilidad.  Y tal peso continuado, suele dar origen a muchos males y agotamiento. 
            Así que bien podemos definir a la personalidad como un conjunto de conductas reales y ficticias, que crean una idea vaga de lo que es el carácter de las personas.  Es una especie de coraza social creada con el propósito de brindar satisfacción a su dueño, y está motivada por una serie de factores como la envidia, vanidad, engaño, orgullo y la visión distorsionada de lo que en realidad somos.  Y todos estos elementos bien aderezados por un denominador común en todos los individuos: la mentira.  Es, básicamente, una secuencia de fraudes reiterativos acerca de lo que nos gusta que los demás crean de nosotros.  Y mantener esta estructura constituye un esfuerzo permanente y agobiador que puede resultar en múltiples desórdenes entre los cuales se encuentran las sicopatías conocidas por la siquiatría y sicología.   Infinidad de sujetos no distinguen entre su propia tramoya y lo que son, y estos son los más peligrosos sicópatas; gente que puede llegar a cosas increíbles con tal de mantener la coherencia entre su mundo ficticio y la realidad.
            En síntesis, la personalidad no es más que una portada, y jamás debe ser el único referente que utilicemos para valorar a cualquier individuo, pues la tendencia hacia la impostura es una fuerza que va más allá de la razón.   Es lo que llamamos las apariencias.  Y como hay individuos que se cuidan tanto, resulta que su carácter real puede pasar inadvertido durante toda la vida, incluso para aquellos que creían conocerlo bien.  Es el caso de los maridos y esposas, hijos, hermanos, padres, amigos y todos los que forman nuestro círculo cercano.  Pero la más sorprendente de todo es que nosotros formamos el más grande enigma que debemos resolver cuando hacemos nuestro análisis personal.  Revisemos nuestra escala de valores, y veremos que en todos ellos calzamos a la perfección.  Tanto lo hemos repetido, que lo creemos de verdad.  Ese es el gran reto que todos tenemos en la vida: averiguar quiénes somos en REALIDAD, y no la ficción que hemos creado para sentirnos bien.  Inténtenlo y verán qué terrible es la aceptación de la verdad.  Aunque eso sí, no tiene nada de aburrido.    ¿Soy valiente o fanfarrón?  ¿Soy buena persona, o solo me gusta que los demás lo crean?   Háganse esa prueba con honestidad y talvez descubran a su verdadero morador interno, lo cual, les aseguro, no suele ser agradable.
            Fraternalmente     
                         RIS.               Blog:   La Chispa        http://lachispa2010.blgspot.com/