miércoles, 31 de agosto de 2011

669 Democracia evolutiva o dictaduras


669     “LA CHISPA”                      (20/07/09)
Lema: “En la indolencia cívica del ciudadano, se fundamentan los abusos del Poder”
DEMOCRACIA EVOLUTIVA O DICTADURAS
            Está visto y demostrado que los latinos NO tenemos la menor madurez política para comportarnos bien dentro del marco señalado por la democracia; todos sentimos la tentación de hacer las cosas a nuestro modo y capricho, con lo cual demostramos nuestro primitivismo “político”.   Parece que estamos buenos para ser colonias de países cultos que, por nuestra conducta, jamás nos tratarán como iguales; ni siquiera como parecidos.   Nuestro salvajismo es algo que aflora a la menor oportunidad que tenemos, y si no fuera por el miedo que nuestras clases gobernantes sienten ante las presiones internacionales (USA y Europa), estaríamos envueltos en guerras tribales infinitas, lo cual no deja de tener su lado prometedor: el exterminio.  Evento que llevaría a las naciones civilizadas a la posibilidad de contar con extensas colonias productoras de recursos naturales.   Pero como no podemos eliminarnos del todo, TIENEN QUE PACIFICARNOS para poder vendernos productos manufacturados y que no interrumpamos el flujo de materias primas.   El caso de Honduras es el ejemplo más reciente de esta barbarie que subyace en el alma de todos los latinos.  De todos los que detentan el Poder, desde luego, pues los pueblos NUNCA han contado para nada.   Corrijo: para carne de cañón, sí. 
            Es admirable la disposición que tenemos para enredarnos en todo tipo de guerras, y todo lo queremos resolver a garrotazos.  El diálogo para nosotros solo es un recurso apaciguador mientras tenemos la fuerza necesaria para aplastar al rival.  Como el minuto de descanso en el boxeo.   Y ni siquiera son guerras en contra de países diferentes; nuestros bochinches casi siempre son domésticos, contra nuestros propios hermanos de raza, nacionalidad y familia.  Somos pueblos rústicos, sin importar a qué clase social o económica pertenezcamos.  Nosotros no entendemos nada de ideologías o respeto a los derechos de los demás; somos arbitrarios y solo comprendemos el lenguaje de la violencia.  Para recibirla o aplicarla de y a nuestros congéneres.  Tampoco cuenta el mestizaje, pues tanto los latinos indios como los latinos europeos somos animales del mismo pelaje; incluso los más europeizados son los que más se destacan por su brutalidad.   Lanzar al mar desde un avión a compatriotas maniatados es algo incalificable.  Y eso lo hacía el ejército de una de las naciones más cultas y europeizadas de América Latina. 
Respetamos la democracia solo cuando esta nos conviene y favorece; si no, a la porra con ella.   Gobernantes y gobernados somos lo mismo.  Cada latino es un dictador potencial.  Solo es cuestión de tener un motivo y una oportunidad y estaríamos llenos de sátrapas de todo tipo.   La democracia evolutiva (formal) parecía ser la alternativa que habría de conducirnos a la democracia verdadera, pero el ejemplo de Honduras nos ha puesto los pies sobre la tierra una vez más.  Ya lo habíamos visto en Chile cuando le aplicaron el “golpe preventivo” a Allende, antes de que se convirtiera en un peligro comunista en América.  Lo que han querido hacerle a Fidel por medio siglo; y lo que desean ardientemente hacerles a Hugo Chávez, Correa, Evo, Funes, Colom y todos aquellos que se inclinen hacia cualquier “lado” que no sea del gusto de las oligarquías.  Pero esto no tiene nada de extraño para cualquier estudioso de la política latinoamericana; ni siquiera que haya cientos de periódicos, televisoras y medios dispuestos a justificar esta conducta cuando es “oficial”; con lo que queremos decir: de la OLIGARQUÍAS.  Caso de Honduras.   Lo que verdaderamente sorprende es que haya millones de personas de los más bajos estratos socio-económicos, que aplaudan estas acciones y se solidaricen con cualquier acto vandálico de los poderosos, y lo consideren como algo legítimo para la “salvaguardia” de la democracia.   Es inexplicable que haya millones de idiotas que consideren como un acto patriótico la salvajada de HondurasO que haya bellacos pelagatos que se identifiquen con la oligarquía venezolana.  Está bien que estén en contra los grandes capitalistas venezolanos, que ven amenazados sus ilegítimos privilegios por la política socialista de Chávez; pero que haya zopencos muertos de hambre que se opongan porque creen que si tumban a Hugo todo se va a componer para ellos, es inadmisible.  Pero así somos de ¿simples?
En vista de que no es viable la democracia evolutiva, ni tolerable la democracia formal oligárquica, solo nos queda el camino de la dictadura socialista, siempre y cuando esta actúe como freno y bozal de la plutocracia.   La dictadura socialista debe funcionar como el fiel de la balanza, haciendo que las cosas caminen por las vías derechas, sin que haya aprovechados; sin que haya gente en los dominios de la miseria, mientras que otros viven en el boato.   Este es el único camino que tenemos los latinos para acceder a un mundo más justo y participativo, en donde los habitantes de cada país tengan NO los mínimos requerimientos para una vida ascética, sino la suficiente abundancia para disfrutar de la vida.  Somos naciones riquísimas que bien podemos darnos ese lujo; mejor que muchos países europeos que, como Islandia, un peñasco helado situado en medio de la nada, goza de un ingreso per cápita de CUARENTA MIL DÓLARES, y una tasa de alfabetización de CIENTO POR CIENTO.  Y solo viven del pescado porque NO TIENEN RECURSOS EN SU SUELO.  Entonces, ¿cómo es posible que México, Brasil, Colombia y otros gigantes de la América Latina, repletos de riquezas naturales, vivan en la pobreza extrema?  Con tantas tierras y agua, ¿cómo es que la América Central es un escaparate de miseria?
Nos guste o no, solo los Dictadores Socialistas podrán sacarnos del pantano en el cual nos encontramos.  Honduras vio, por un parpadeo de tiempo, lo que podía ser el camino hacia su mejoría social pero, de inmediato, la oligarquía le cortó el sueño.  Venezuela lo está intentando, pero la Derecha está haciendo lo posible por frenar la marcha bolivariana.  Al sueño cubano lo mataron en la cuna.  Y los otros… desgraciadamente, se plegaron a la vieja costumbre de nuestros gobernantes: convertirse en lacayos del capital.
Solo los pueblos de la América Latina decidirán la hora del cambio verdadero; pero mientras impere la indolencia y la falta de discernimiento de qué es lo que nos conviene a todos, seguiremos de mal en peor.                                                                                                             
(¿Qué piensan ustedes en sus países?)
Solidariamente                        Ricardo Izaguirre S.                              E-mail:  rhizaguirre@gmail.com
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lunes, 29 de agosto de 2011

551 La mamitis


551    LA CHISPA         (23/11/08)

Lema: “En la indolencia cívica del ciudadano, se fundamentan los abusos del Poder”

¿ES LA “MAMITIS” SOLO COSA DE HOMBRES?

            Hace años, en una fiesta colegial del “Día de las Madres”, un profesor hablaba de las mamás con un entusiasmo desbordante; en su apología no hubo epítetos que no utilizara.  Las calificó de ángeles, sublimes, increíbles, mártires, reinas, corazones vivientes, núcleo del mundo, fragua de las sociedades, molde de la nobleza, espejos del alma universal, representantes de María.  En fin, dijo que eran diosas que tenían el poder de crear personas, y es por eso que ante ellas, teníamos el deber de arrodillarnos y venerarlas todos los días de nuestras vidas.  Y con lágrimas en los ojos dijo que Dios, directamente, había puesto en manos de estos seres el destino de la humanidad.  Yo escuchaba perplejo a mi colega, pues nunca había presenciado tanta devoción, amor y admiración rendida de parte de un individuo ante esas santas mujeres a las que (casi) todos hemos tenido en la vida.  Muchos años después, sigo sintiendo la emoción que mi amigo, ya fallecido, puso en aquel discurso tan apasionado que nos marcó para siempre a los que lo escuchamos.  Y casi medio siglo después, continúo pensando igual que él, y que casi todos los tipos con los que he hablado al respecto. 
            Todos padecemos de “mamitis”, sin importar qué tan viejos estemos; es más, cuanto más nos momificamos, nuestra evaluación maternal sigue en alzada.  El paso del tiempo surte un mágico efecto sobre los recuerdos que tenemos de ellas.  Se nos olvidan las palizas, los tirones de oreja y los cotidianos y aburridores sermones acerca de todas las cosas imaginables.  Que no sea haragán, que báñese bien, límpiese las orejas, cepíllese los dientes, no se ensucie las manos, recórtese las uñas, haga su tarea, pórtese bien, no sea respondón, respete a sus mayores, cuide a su hermanito etc. etc. etc. etc. etc. etc. etc.  Entonces, ¿qué es lo bueno que recordamos de nuestras progenitoras?  ¿Lo que suponemos y adivinamos que llevaban por dentro?  La sociedad ha creado programas que nos embuten a través de la escuela y otros medios oficiales para convencernos de ciertas cosas y hacernos dóciles miembros de la comunidad.  ¿Son las mamitas todo eso que solemos escuchar o inventar acerca de ellas?  ¿Es su amor una cosa sublime impuesta en estas por Dios?   ¿O simplemente es un mecanismo biológico (hormonal) que las obliga a una determinada conducta que ya viene entretejida en su fórmula genética?
            A los ingenieros sociales les “conviene” que creamos ciertas cosas que conducen a un comportamiento controlable.  Y una de esas es la relación madre-hijo.  Vean que intencionalmente no se menciona a la hijA.  Y es aquí en donde empieza a aparecer el peine.  Cuando la mujer es chiquita padece de la misma “mamitis” que el niño, pero con cierta inclinación a la “papitis”, la cual se agudiza con la edad.  Desde luego, sin que llegue a los casos patológicos de la manía del macho.  Para ella, su mamá es una roquilla que puede ir desde vieja loca, necia e insoportable, hasta una buena amiga; un poco anticuada y ridícula, pero “buena gente”.   La hembra suele definir a su madre como una mujer, simplemente, sin adornos ni exageraciones emocionales, y jamás cae en las actitudes histéricas a las que es inclinado el hombre cuando de aquella se trata, especialmente en los pleitos matrimoniales.  Las mujeres (madre-hija) a veces se odian como auténticas enemigas, y dan la impresión de ser dos hembras en celo peleando un espacio, o afirmándolo.  Desde chiquitas empiezan a formular su mundo, y a medida que van “leyendo” su manual genético, van entendiendo qué es lo que tienen que hacer.  Mientras los machos nunca saben qué hacen en este mundo, ellas sí lo tienen muy claro. Comprenden que pueden ser “amigas”, pero que sus caminos tienen que tomar rumbos divergentes, y que deben demarcar sus propios territorios.  Pueden y aceptan ser socias, pero en cierta parte del recorrido, se separan por completo y toman sus propias decisiones.  En cambio, los hijos continúan con esa dependencia por toda la vida, sin importar qué tan inteligentes, sabios o poderosos sean.  O cuánto simulen que no.   
            El cuento con el hombre es diferente, la mamitis es un mal (o bien) que va acrecentándose a medida que pasan los años.  Y si la doñita muere, se distorsiona por completo su imagen humana y se convierte en santa en la mente de su huérfano.  Tan terrible es esa dependencia que, por un “hijueputazo”, cualquier individuo está dispuesto a matar a quien sea.  Mientras las mujeres plantean con naturalidad las relaciones sexuales de su madre, los varones evaden pensar en ellas.  No importa qué tan cultos y modernos sean.  El tema sexual referido a aquellas es un campo vedado a su imaginación, incluso a su realidad.  En cualquier momento puede decir: “Mi tata era un don Juan, le hizo el amor a medio mundo”, pero eso jamás lo diría de su madre, aunque esta haya sido prostituta.  Y no es cuestión de simple machismo, es algo que va mucho más allá de la mecánica sexual, y que solo los hombres “entendemos”.  Mientras la mujer conserva una clara pintura de lo que es o fue su vieja, en el varón siempre prevalece la idealización.  La madre real suele desdibujarse en sus recuerdos y, con los pinceles del tiempo y el cariño, empieza a esbozar en su mente un cuadro divino de su progenitora.  En él no tiene cabida nada que no sea la pureza que le atribuye a la autora de su vida.  Es por eso que las madres explicadas o relatadas por sus hijos, suelen ser unos seres extraños y casi ajenos al género humano.  Tanto es así, que una vez oí a una joven mamá, que escuchaba un panegírico semejante al de mi amigo, que decía entre perpleja y divertida por los elogios:¡Yo no sabía que éramos tan carga!”
            Parece, entonces, que la “mamitis” sí es un asunto solo de machos, pues mientras las mujeres sueñan con todas las fuerzas de su ser por independizarse y formar sus propios dominios, a los hombres nos fascina la idea de vivir en casa de la “roquilla” para siempre, o hasta que nos echan o alguien nos incomoda caZÁNdonos, lo cual es un terreno desconcertante en donde tenemos que poner de todo, e iniciar un aprendizaje muy difícil, con alguien que nunca será igual a mami… hasta que sea mamá.
            Maternalescamente
                                               Ricardo Izaguirre S.    Tel 2286-3522     E-mail:  rhizaguirre@gmail.com.com
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lunes, 1 de agosto de 2011

731 Institucionalidad democrática


731      LA CHISPA”      (10 diciembre 2009)
Lema: “En la indolencia cívica del ciudadano, se fundamentan los abusos del Poder”
¿QUÉ SIGNIFICA “INSTITUCIONALIDAD DEMOCRÁTICA”?
            El mito de las “instituciones” es un arma poderosa en manos de las clases dominantes políticamente, valga decir, las oligarquías.  El diccionario dice muchas cosas acerca de aquellas, pero en ninguna parte afirma que sean sagradas y que deban mantenerse contra viento y marea si de ellas no se derivan cosas buenas para la sociedad de un país.  La institucionalidad en América Latina es un fraude monumental que nos han hecho.  Pero lo más nocivo es que, a través de la escuela, le han hecho creer a la gente que esta es una cuestión sagrada que debe mantenerse a todo trance, aún con el sacrificio de las poblaciones.  En la dialéctica democrática es equivalente al orden jurídico y social bajo un marco de normas que indican cuáles son los derechos y los límites de cada ciudadano.  En teoría esto parece perfecto, pero el problema surge en la forma cómo se aplica y de qué manera ha sido articulado ese orden legal.  ¿Quiénes participan en su estructuración?  ¿Se toman en cuenta los intereses de la gente en su confección?  ¿Y por qué solo los que dominan el Poder tienen la facultad de cambiarlo cuando les da la gana?           (Chiste político: “Respeto a la Constitución”)
            Ese es el gran problema en nuestros pueblos, ya que estos nunca participan en la formulación de las leyes que hacen el entramado jurídico que da nacimiento a las instituciones.  Siempre son minorías las que, parapetadas detrás del “orden jurídico”,  y a pesar de él, tienen la capacidad de hacer lo que les da la gana con este y las finanzas públicas.  El meollo de la cuestión política. Es por eso que detrás del cuento de la institucionalidad hay mucho esfuerzo de domesticación, trabajo que ha sido encargado a la escuela en todos sus niveles.  Es uno de los “valores” que se enseña a niños y jóvenes a respetar.  Se les hace creer que es algo sagrado que debe prevaler, a pesar de sus defectos, ya que es para el beneficio de todos.  El orden jurídico o constitucional (otro de los nombres de ese fantasma) ha llegado a ser algo así como las religiones: un elemento de intimidación cívica y casi patriotero.  Pero solo para el populacho, pues cuando las oligarquías necesitan hacer algo que va en contra de la ley, cambian la ley y lo hacen legal.   Cuando quieren un acto ilegal, como la reelección, violentan la Constitución con artimañas y burlan la Norma.    Ese fraude específico se conoce como “reforma”.  Pero el proletario nunca puede hacer eso, y tiene que soportar de todo.                                                        (Chiste institucional: “Libertad de escogencia de candidatos”)
            La institucionalidad es la gran falacia mediante la cual se mantiene la docilidad de las masas.  Es el látigo que los gobiernos hacen chasquear cada vez que aquellas pide un poco de justicia.  Les dicen que no se puede violar esta para complacer antojos injustificados como aumentos de salarios, más escuelas, hospitales y guarderías.  El presupuesto ya está hecho y no es posible alterarlo sin atropellar el orden constitucional.  Punto.                                                                                       
La institucionalidad democrática nos enseña a reverenciar el concepto de “paz social”, a verla como un fetiche que se encuentra por encima de todo, como una prioridad absoluta. Pero su objetivo real es mantener el establishment a toda costa, cuestión de interés solo para unos pocos que no quieren la menor alteración en su mundo perfecto.  Sin embargo, el hombre libre DEBE distinguir, está obligado, entre lo que es la armonía social como fruto del entendimiento y la justicia, y lo que es la calma ignominiosa que les imponen los poderosos a los pueblos ignorantes.   El Hombre libre SABE que la muerte es preferible a una paz sin honor.  Es más apetecible la quietud del cementerio que la indignidad del sometimiento por miedo o indolencia.  Tampoco es satisfactoria la paz con hambre, enfermedad o analfabetismo.  Esta es un concepto mucho más profundo que la ausencia de guerra y va más allá de tener la panza repleta y gozar de un chiquero.  Esto es suficiente para los chanchos pero no debe serlo para el Hombre.    La Institucionalidad es un conjunto de leyes y reglamentos en cuya creación los ciudadanos de a pie jamás son tomados en cuenta; por lo tanto, en apego a la justicia, estos NO TIENEN OBLIGACIÓN alguna de acatarlos.  Son trampas hechas por los “de arriba” para tener el control de las masas y la economía.   Como la Ley de Inquilinato o la Devaluación.  
            La Institucionalidad democrática nos dice que los pueblos hacen elecciones y que escogen libremente a sus gobernantes.  Ese es el dogma para adormecer al ciudadano pero, ¿funciona ese mecanismo de manera real y justa?  Veamos el caso del nombramiento de candidatos a la presidencia o diputaciones (el núcleo del Poder).  ¿Escoge el votante a sus candidatos de manera directa?  ¿O lo hacen los partidos políticos, instrumentos de las oligarquías?  La pertenencia política irreflexiva del ciudadano es el ideal de los poderosos.  La membresía de millones de tontos útiles en los partidos, es la panacea con la que sueñan “los dueños”.  A usted le han hecho creer que elige, pero eso es una mentira que debemos repetir hasta el aburrimiento.  Usted JAMÁS elige a nadie.   Usted solo es utilizado para legitimar el poder en manos de unos pocos.   ¿Eligió usted a doña Laura Chinchilla o a sus candidatos a la vicepresidencia?   Es posible que ni ella sepa quiénes son sus socios de papeleta ni por qué están allí.  Se trata de una orden superior.  ¿A qué distrito o cantón representa una diputada de apellido Taitelbaum?  ¿Qué comunidad la eligió?  ¿La suya?  ¿O solo apareció en la lista por arte de magia?  Así se maneja esa “Institución Electoral”, y usted la valida con su voto.
            Cuando los candidatos a la Municipalidad y a las diputaciones salgan de los cabildos o comunas y sean representantes libres sin ligas con partido alguno, entonces podremos decir que usted los eligió.  Pero mientras todo eso sea producto de la manipulación y compadrazgos entre la gente que siempre tiene el Poder, esas instituciones seguirán siendo espurias y no dignas de la reverencia a la cual nos han convencido debemos profesarles.  La institucionalidad democrática es algo así como las religiones, una especie de espectro que han sacralizado para que todos doblemos la rodilla ante ella, sin raciocinio alguno.  Pero solo es un producto humano al servicio de una minoría privilegiada.  Estimado conciudadano: piense y no permita que lo manejen como robot.  Pero si acepta esta situación, que sea de manera consciente y sepa que participa en ella porque le da la gana y no porque sea una veleta.              (¿Cómo funciona el sistema electoral en su país?)
            Institucionalescamente
                                    Ricardo Izaguirre S.                                        E-mail: rhizaguirre@gmail.com
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sábado, 30 de julio de 2011

770 El Instituto Tecnológico


770      LA CHISPA       (24 febrero 2010)
Lema: “En la indolencia cívica del ciudadano, se fundamentan los abusos del Poder”
EL INSTITUTO TECNOLÓGICO DE CARTAGO
            ¡Qué refrescante visión es la de observar esa muchachada que se dirige a las aulas a estudiar las más diversas carreras que ofrece el ITCR!  Es el presente y el futuro en acción, la esperanza y la seguridad de que estamos apuntando hacia una meta superior de desarrollo.  Cuando empezó era apenas una humilde escuelita de oficios, la versión adornada del antiguo COVAO, pero hoy se trata de un centro de enseñanza superior con todas las de ley.  Me sentí feliz de verme envuelto dentro de esa tremolina de jovencitos que marchaban apresurados a sus aulas mientras yo caminaba lentamente (cuestión de años) hacia una cita escolar que me mantenía en vilo y que me hacía sentir tan ansioso como los niños que van por vez primera al kinder.  El lunes 22 de febrero formé parte del alumnado del ITCR.   Pero eso tiene una historia.  Días antes había lanzado un S.O.S en una “Chispa”, y había manifestado mi interés por aprender a hacer una página o sitio web.  Y obtuve una respuesta casi inmediata de un amigo cibernético al que conocí en persona ese día: don Guido Hernández, profesor pensionado de esa institución.  De inmediato se puso en contacto con un conocido que da clases en el Tecnológico, un joven profesor llamado Mario Villalobos, y se armó el asunto.  Fueron reclutados varios muchachos cincuentones (más o menos), y se formó el grupo. 
            El lunes inauguramos y tuve la bella sensación de ser parte de algo que debería ser una sana costumbre en todos los viejos.  El deseo de sentirse no solo entretenidos y en movimiento, sino tener la intención de ser útiles y productivos.  Pienso que si se montaran cursos de este tipo con otra intención diferente a “mantener ocupados a los viejitos”, mucha mano de obra capacitada podría incorporarse al mercado laboral.  Legiones de profesores pensionados podrían iniciar nuevas carreras como entretenimiento y una forma de “redondear” sus pensiones.   Además de diversión, como la posibilidad real de aprender una de las tantas profesiones que, basadas en su experiencia cultural, pudiera servirles para generar mayores ingresos.  La computación es una de ellas, aunque estoy seguro de que hay muchos campos en los que se puede invertir la vasta experiencia de personas cultas con grados académicos variados.  La gama de posibilidades es muy variada, solo es cuestión de abocarse a su estudio.   
            Una persona de sesenta o setenta años puede ser poco útil como albañil o tractorista, pero puede convertirse en un excelente profesional del diseño gráfico.  Para eso lo único que se utiliza es el cerebro y la vista.   Un viejo puede dedicarse a hacer páginas web o al diseño de redes, o aprender inglés.  Para eso no se necesita agilidad ni fuerza física, por lo tanto, no está descalificado para convertirse en una persona generadora de riqueza.  Es cuestión de explorar posibilidades. 
            Ese mismo día me enteré del PIAM (Programa Integral para la persona Adulta Mayor), el cual apunta en una dirección favorable.  Sin embargo, me parece que el enfoque que se le da es un poco lúdico, como algo dirigido principalmente al entretenimiento de los viejos.  Por la información del folleto (puedo estar equivocado) deduzco que se trata de un sistema dirigido a ayudar a “pasar el rato”, nada más.  Pero la idea debería ir mucho más allá de esa meta, pues infinidad de personas en esa edad tienen grandes limitaciones monetarias, lo cual las hace muy dependientes de sus familias, y eso es deprimente.  Entonces, ¿por qué no darle un enfoque más práctico a ese esfuerzo institucional?  ¿Por qué no enseñar actividades que se puedan traducir en ingresos adicionales?   A la mayoría de los pensionados apenas les alcanza el salario para satisfacer las cuestiones básicas, y esa es la razón por la cual se le debe dar a estos programas un enfoque un tanto más utilitario, ya que muy pocas personas se deciden a aprender algo después de los cincuenta o sesenta años por puro vacilón.  Debe existir un estímulo económico real que, además de diversión y ejercicio, produzca entradas, que siempre son bienvenidas.  Si yo aprendo macramé, deberá ser para obtener algún beneficio y no que signifique solo gastos.  Eso no tiene chiste.  Empastar libros es un buen oficio y es productivo.  En fin, la oferta podría ser enorme.            
            Hay colegios y escuelas que pasan desocupados por las noches; al menos algunas de sus aulas y algunos días de la semana.  Son RECURSOS que están subutilizados y que podrían ponerse al servicio de los adultos mayores, pero con una metodología moderna; no es cuestión de enseñar cursos de tres, cuatro o cinco años a adultos mayores.  Se trata de ofrecer clases que capaciten a las personas para ofrecer sus servicios o montar sus propias empresas en un período no mayor de un año, pues los viejos no tenemos mucho tiempo.  
            ¡Cuánto talento se desperdicia!  Centenares de profesionales pensionados se convierten en vegetales casi inútiles, gente que solo consume mientras muere.  Y eso es una injusticia.  Sé que existen muchas ofertas que corresponden a esfuerzos dispersos; valiosos pero no lo suficiente para llenar necesidades que no solo tienen que ver con la diversión y ocupación del tiempo libre de manera divertida.  Hay otro aspecto MUY REAL que debe contemplarse en estos programas: la cuestión de los ingresos.  No es únicamente crear espacios de diversión, pues para eso bastaría con hacer parques y darle a cada viejo un kilo de maíz para que engorde a las palomas.  Se trata de incluir la parte del dinero que, en el caso de los viejos, suele ser un factor muy importante para su independencia y auto respeto.   Desde luego que en el total, la simple asistencia a un curso de esos, produce una gran satisfacción y deseos de vivir y gozar la vida.  Así me sentí yo ese lunes que asistí a mis clases para aprender a hacer mi blog.   Pero si además de ese placer social existe algún incentivo monetario... “más mejor que mejor”.   ¿Cuántas aulas pasan desocupadas por las noches en tantos colegios?  ¿Cuántos profesionales, obreros y especialistas hay en cada barrio que podrían enseñar los rudimentos de algo?  Miles.  Electricidad, plomería, fotografía, cocina, zapatería, diseño de muebles, decoración, reparación de planchas, medicina popular, organización ciudadana, panadería, una gran escuela comunitaria.  Tenemos los recursos, solo es cuestión de localizarlos, reunirlos y ponerlos en acción.  Cada sector citadino podría empezar esa labor organizándose, conversando, preguntando y planificando con las autoridades locales.   Al menos podemos intentarlo.
            Fraternalmente
                                   Ricardo Izaguirre S.                                       E-mail: rhizaguirre@yahoo.es

jueves, 28 de julio de 2011

665 La peor desgracia de un pueblo


665    LA CHISPA                  (11/07/09)
Lema: “En la indolencia cívica del ciudadano, se fundamentan los abusos del Poder”
LA PEOR DESGRACIA DE UN PUEBLO: PERDER LA CONFIANZA
            Cuando terminó la Segunda Guerra Mundial, el panorama era desolador para Alemania.  Los aliados les pasaron la aplanadora “palante y patrás” hasta dejarlos molidos; reducidos a pavesas.  Todo el territorio alemán se convirtió en una escombrera deprimente.  Gente con hambre y frío buscando alimentos entre la basura.   Una pesadilla aterradora a la cual no se le veía solución alguna; pero CINCUENTA AÑOS después, se habían convertido en los dueños de Europa; la población más poderosa y rica de la tierra.   Por encima incluso de los Estados Unidos, que si tienen un PIB más elevado, este solo pertenece a unos pocos.   ¿Y cómo se explica este fenómeno que podríamos tildar de milagroso?  Se puede resumir en dos aspectos de la mentalidad del alemán: educación y confianza.  Educación esmerada que da como resultado no solo hombres científicamente preparados para ubicarse en la vanguardia de la ciencia y tecnología, sino que los ha provisto de un carácter acerino que los hace indomables.   Y en segundo lugar, la CONFIANZA.  Confianza en ellos mismos y en su proverbial capacidad de trabajo.  Confianza en su sociedad, en sus paisanos, en sus obreros; pero sobre todo, EN SUS POLÍTICOS Y GOBERNANTES.    Ese el simple misterio del “milagro económico alemán”. 
            La alta estima que el alemán tiene del HONOR es algo que los hace incomprensibles para otras sociedades y, en cierta forma, los vuelve incapaces de comprender a otros pueblos que NO se rigen por los mismos principios éticos, lo cual los lleva a cierta arrogancia y menosprecio por los demás; por los no arios.  Y esa valoración del honor es lo que ha hecho que nunca entendieran ni aceptaran a los judíos como miembros de su pueblo.  Ni a otras etnias.  Y aunque eso es criticable, es comprensible y merecen ser dispensados, pues tal conducta es la que los ha llevado a ubicarse en el sitio en donde se encuentran en la actualidad.  Pueden ser “pesados”, pero ese es su carácter y el conjunto de vicios y virtudes que los han colocado a la vanguardia del progreso mundial; así que tienen el derecho de ser como son.  Esa actitud ante la vida es lo que hace la diferencia entre los pueblos.  Los podemos criticar por envidia, pero tenemos la obligación de reconocer lo que son, por mal que nos caigan.  Si los latinos aprendiéramos un décimo de esa conducta, ascenderíamos al cielo.
             ¿Qué somos los latinos, sin importar el revoltijo racial que tengamos en nuestras venas?  Eso no cuenta ni es lo que determina el carácter, pues podemos ser negros, blancos, blancuzcos (todos los tonos), indios y con todas las variables del mestizaje, pero seguimos siendo gente sin carácter ni honor, tampoco tenemos las cualidades que se derivan de estos.   No confiamos en nada ni en nadie.  Perdimos esa cardinal virtud desde hace tanto tiempo que, parece que en realidad NUNCA la tuvimos.  No nos fiamos ni de nuestra familia, y la sospecha es la única brújula que guía nuestras acciones.  Y en concordancia con esta actitud “racial” de latinos, no confiamos en nadie y, de ser posible, siempre nos adelantamos a los demás en todo tipo de acciones desleales y torcidas.  Los latinos somos arteros por definición.  Esa desconfianza nos lleva a ser timoratos y aprovechados.  No tenemos el carácter necesario para tomar riesgos calculados que nos lleven a otro nivel de existencia.  Es por eso que las oligarquías latinas no se han atrevido a dar el salto hacia el mundo de la modernidad y cambiar el esquema de “ricos y miserables”, por el de “ricos y millonarios”.  Como hicieron los alemanes y japoneses.   Su encogimiento, falta de valor y carácter los ha hecho permanecer en el viejo esquema colonial de manera indefinida.  Le tienen miedo al progreso y prefieren el modelo antiguo pero seguro, aunque este implique un gran peligro para el futuro que habrá de devorarnos a todos. 
            Los alemanes brincaron de “miserables y más miserables” a “ricos y millonarios”; y les ha ido muy bien.   Pero tomaron el albur que nuestras pusilánimes oligarquías temen como si se tratara del mismo Demonio.   ¿Y por qué no lo hacen?  Porque no tienen valor ni honor ni capacidad de trabajo ni inteligencia ni sentido del riesgo en un mundo competitivo; prefieren el camino seguro pero torcido del compadrazgo, la corrupción política, el proteccionismo, el monopolio, el ventajismo, la depauperación de los pueblos y la negativa de brindar a estos la única vía de crecimiento verdadero: LA EDUCACIÓN.   Pero NO el barniz alfabético de nuestras escuelas y colegios, sino una enseñanza ESMERADA y profunda, capaz de crear a los hombres del nuevo milenio; bien dotados para convertirse en una clase “rica”, que impulse hasta la estratosfera a los ricos de ahora y los convierta en millonarios.   Pero nuestros oligarcas NO son alemanes, no tienen honor ni capacidad ni inventiva; siempre estarán atados al viejo modelo: concesiones gratuitas, golpes de Estado, no pago de impuestos, política de salarios miserables, financiación de parte de los gobiernos, subvención estatal, cero impuestos, préstamos bancarios sin intereses y todas las sinvergüenzadas que se han inventado desde la atalaya del poder político.  Nuestras oligarquías NO tienen sentido de la aventura calculada; son cobardes ventajistas que, desde sus posiciones políticas, se conforman con ser riquillos en el seno de sociedades miserables.  Nunca se arriesgarán, como los alemanes, a ser millonarios en un mundo de ricos.  Como dice un extraño refrán: Algo “nos ha ganado el valor”, a ricos y pobres.
            Nuestros gobiernos tampoco tienen CONFIANZA en nada ni nadie, pues viven bajo el temor del golpe de Estado, el reclamo popular y la presión de los ricos.   El miedo que produce la desconfianza es el mismo que convierte en animales patéticos a las hienas, coyotes, chacales y todas las bestias carroñeras.  Lejos de la majestuosidad de aquellos que sienten la seguridad de su poder bien sustentado en su capacidad, y no en la estructura de artimañas que han creado para mantenerse a flote.   Los alemanes son el ejemplo de los leones; nuestras oligarquías, de los chacales.   Pero lo peor de toda esta tragicomedia que vivimos en la América Latina no es solo la pobreza material de los pueblos, sino la miseria moral en la que nos hemos sumido TODOS.  Estamos atrapados en el pantano de la desconfianza y el miedo; pero lo peor de todo es que nuestros pueblos han perdido toda ESPERANZA.   ¿Quién tiene la llave del portal que conduce a un mundo mejor y POSIBLE?  ¿Por qué no nos aventuramos a usarla?   
            Desesperanzadamente                             Blog:   La Chispa      http://lachispa2010.blogspot.com/
                                               Ricardo Izaguirre S.                                         E-mail:   rhizaguirre@gmail.com
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sábado, 23 de julio de 2011

638 "La ferrocarrilización"


638   LA CHISPA     (31/05/09)
Lema: “En la indolencia cívica del ciudadano, se fundamentan los abusos del Poder”
LA “FERROCARRILIZACIÓN”, UNA DE LAS RUTAS AL DESARROLLO
            Me dice un amigo partidario de los trenes que cómo es posible que en el Gobierno (entidad permanente) no haya personas que conozcan el valor de este medio, y que no entiende cómo no se deciden a “rayar” todo el país con vías férreas.  Y yo le dije: ¡sí lo saben!  Y si no lo hacen es porque no les conviene.  Ni la persona más ingenua podría ignorar que el progreso viaja en ferrocarril.  El tren es la síntesis mejorada de los burros, caballos, camellos, elefantes y todas las bestias que el hombre ha utilizado para movilizarse y transportar sus productos.  Sobre los carriles del tren se conquistó para el comercio y desarrollo el lejano oste de Norteamérica.  Lo mismo pasó en la enorme Rusia.  Y ni qué decir de Europa y el Japón.  Pero esto es lo que marca la gran diferencia entre los tercermundistas sin voluntad de progreso real, y los países en donde la gente piensa, demanda y elige las mejores opciones para los pueblos en general, y no solo la de ciertos grupos.
            Mientras los países desarrollados no han dejado de moverse en ese sentido (los ferrocarriles), las naciones atrasadas (latinos, africanos y muchos asiáticos), nada han hecho por adoptar ese eficiente y económico medio de transporte.  Pero el colmo de esto no es solo la falta de voluntad en su crecimiento y modernización, sino que en muchos países de estos SE HAN DEDICADO A DESTRUIRLOS para conveniencia de las petroleras y los grupos criollos de camioneros, gente entre la cual se encuentran innumerables políticos y miembros de las respectivas oligarquías criollas.  Incluyendo a expresidentes (caso de Costa Rica).  Aquí teníamos un hermosísimo y funcional ferrocarril ELÉCTRICO que comunicaba a la capital, San José, con el principal puerto del Pacífico, Puntarenas.   Pero la “quinta columna” de los transportistas, enquistada en el Gobierno, hizo todo lo posible por hacerlo quebrar.  Y para colmo de males, bajo la administración de un expresidente-camionero se ordenó, sin ninguna justificación, que se cortaran todos los postes del tendido eléctrico que suplía la energía a las locomotoras eléctricas.  Un crimen de lesa patria en beneficio exclusivo de los camioneros.  Un delito que en Europa o los Estados Unidos, hubiera significado la pena de muerte o diez condenas consecutivas a cadena perpetua.  Pero aquí, ese individuo, podría volver a ser presidente de este país.
            Desde luego que esa disposición ha sido alentada por las petroleras y las naciones propietarias de una gran industria automotriz.   Y para eso han contado con la complicidad de legiones de sinvergüenzas que, bajo la máscara de autoridades civiles, se han dedicado al pillaje de sus respectivos pueblos.  Casi todas las Oligarquías latinoamericanas están involucradas en este complot que ha contado con el beneplácito de los grandes centros de poder petrolero.   Un gran negocio de unos pocos.  ¿Cómo es posible que Costa Rica tenga más de un millón de vehículos en los cuales, la mayor parte del tiempo, viaja solo una persona?   Solo una idiotez imperdonable puede justificar este suicidio económico en un país que carece de ese recurso.  Como borregos, hemos sido víctimas del consumismo estimulado desde los países que dominan la producción de carros.   Se nos ha convencido de que no solo se trata de una cuestión de estatus sino de conveniencia práctica este hábito que conduce a la molicie y falta del ejercicio más elemental.  Nuestros pueblos han puesto “todos los huevos en una sola canasta” y han apostado por el petróleo, como si este fuera un recurso inagotable y cuyos precios se mantendrían fijos por toda la eternidad.  Jugamos nuestro desarrollo y progreso en una sola carta: la del petróleo.  Y perdimos.  O por lo menos, nos sacudieron el piso de forma brutal, y nos demostraron la gran debilidad de nuestro aparente crecimiento.   Nuestras economías son como globos que cualquiera puede pinchar cuando menos lo esperamos, pues con la crisis del Medio Oriente, nos dimos cuenta de qué tan frágiles son.   La trituradora de las transnacionales nos aplasta dondequiera que estemos ubicados.
            Entonces ¿cuál es la vía para garantizarnos algo de autonomía en una próxima crisis, o la supervivencia en caso de colapso mundial de la economía?   Desarrollar empresas, industrias manufactureras que NO DEPENDAN (del todo) de materia prima copada por los grandes en los mercados internacionales (petróleo, por ejemplo).  También la creación de infraestructura que pueda ser mantenida y desarrollada con lo que tenemos en el país o zonas vecinas; en el caso de Costa Rica, Panamá y el resto de Centroamérica.  De allí que los ferrocarriles sean prioritarios en el modelo de desarrollo que debemos adoptar.  Revivir el ferrocarril que teníamos de mar a mar es fundamental.  Pero además de eso, los centroamericanos DEBEMOS CONSTRUIR una vía férrea desde el canal de Panamá hasta la frontera con México y más allá.  Y a partir de esa columna vertebral ferroviaria, hacer infinidad de ramales que habiliten  enormes áreas que por ahora son improductivas y se encuentran en estado de abandono por falta de vías de comunicación adecuadas, permanentes y baratas.
            Sabemos que el gran problema de nuestras carreteritas de alquitrán es que cada vez que viene la época lluviosa, el sistema vial colapsa.  Año con año.  En un círculo vicioso en donde los pueblos pagan por esa basura alquitranada derivada del PETRÓLEO.  Algo de nunca acabar, a menos que se hagan ferrocarriles en lugar de esos caminos de carretas.   Hay campesinos que tienen tierras sin sembrar porque el transporte en camiones les hace prohibitivo cualquier intento de producción.  Deben trabajar para los camioneros; y esa no puede ni debe ser la idea. 
            Centroamérica, con casi medio millón de kilómetros cuadrados y unos setenta millones de habitantes, bien podría ser una región autárquica y bien desarrollada; con industrias básicas autosuficientes para el procesamiento total de todo aquello que fabriquemos.  Y que si solo producimos naranjas y chayotes, arroz y frijoles, que al menos no sea tan difícil y caro llevarlas y traerlos desde Guatemala o El Salvador; o bien, enviarlos a Panamá, Honduras y Nicaragua.  Incluso desde y hasta México.  Por medio de buenos ferrocarriles eléctricos en su mayoría. ¿Parece un sueño?  Claro que sí, pero todas las obras humanas empiezan así.  El ferro es el último tren que TENEMOS que tomar para llegar al mundo desarrollado. 
            Trenescamente                                               ¿Cómo anda este asunto en su país?
                                   Ricardo Izaguirre S.                                  E-mail:  rhizaguirre@gmail.com
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viernes, 22 de julio de 2011

767 Ciudad universitaria


767     LA CHISPA      (18 febrero 2010)
Lema: “En la indolencia cívica del ciudadano, se fundamentan los abusos del Poder”
LA CIUDAD UNIVERSITARIA
            Tiene una llaga en el rostro: una barriada de cantinas en su ruta de acceso.  Y el Estado se acoge a la fórmula de la “libertad de empresa” para hacer la vista gorda ante este problema que debería ser erradicado de cuajo; sobre todo, cuando hacerlo es tan fácil.  La legalidad es el parapeto de los que, bajo el ala de alcahuetería del gobierno, facilitan la desviación de nuestros estudiantes por un camino inconveniente.  Es cierto (y no lo es) que los dieciocho años de la mayoría de edad les permite escoger, pero esa no es la verdad en todas las situaciones.  No todos esos adultitos tienen la capacidad para hacer buenas elecciones, y aunque es cierto que nadie los obliga a meterse a tomar licor en las innumerables cantinas de “La Calle de la Amargura”, estas y su ambiente ejercen un atractivo magnético sobre ellos. Ahí hay chicos que “gozan de la vida alegremente” ingiriendo bebidas alcohólicas, y eso es embrujador.  Y aunque nadie les echa un trago a la fuerza, la inducción es tanto o más poderosa que cualquier petición verbal.  El ambiente de felicidad que reina en esas cuadras es una provocación que va más allá de la fuerza de voluntad de muchos de esos jóvenes.
            No es cierto que dieciocho añitos y una cédula nos provean del juicio ni el temple necesario para mantenernos al margen del peligro.   Y si muchos viejos, en las múltiples ocasiones que pasan por ahí, se sienten inclinados a hacer una parada para echarse un par de guarapetazos mientras les imprimen algo, ¿qué se puede esperar de un niño de esos?  Ellos tienen poderosos estímulos para hacerlo.   La tentación de tanta cantina abierta desde la mañana es irresistible, pues ya no solo se trata de que el individuo tenga que luchar en contra de sus malas inclinaciones sino que, además, le proporcionan las facilidades para rendirse y caer en el vicio.  Veamos esto así: si una persona es asaltada por un subitáneo deseo de “echarse un tapis” pero no hay dónde hacerlo, es muy probable que se le olvide y no lo haga.  Pero si a su alrededor hay un infierno de cantinas, es muy fácil darle rienda suelta al deseo.  Eso significa que sin importar la voluntad de la persona, es posible evitarle la comisión de ciertas acciones si no se le dan las facilidades.  Si no hubiera ese montón de cantinas en esa área, es probable que no habría tanto joven dando ese poco edificante espectáculo de exhibirse consumiendo licor desde las once de la mañana, cuando sus padres suponen que están estudiando.
            Es aquí en donde el Estado TIENE que intervenir y no escudarse en esa defensa tan idiota de la libre empresa y la mayoría de edad.   El gobierno entrante haría muy bien en ponerle el cascabel al gato de la corrupción reinante en esa tristemente famosa calle universitaria.  El gobierno pasado nada quiso hacer, pese a las innumerables quejas que recibió (incluidas mis “Chispas”).  Tampoco funcionó un movimiento que traté de hacer al hablar con los dueños de muchos negocios (no de cantinas) para que hicieran una protesta.  Nadie los escuchó y, al parecer, se aburrieron.  Por su condición de mujer, es probable que la Señora Presidenta sea más sensible a esta tragedia que su predecesor Arias, al que no pareció incomodarle ese problema.  Todos sabemos que este asunto no solo es el licor, sino que implica un paquete completo de desgracias derivadas: sexo peligroso, enfermedades venéreas, embarazos no deseados (objetivo de campaña de doña Laura), droga, casas de lenocinio, fracasos estudiantiles, tristeza en los hogares y mil angustias más.
            Ni en Puntarenas o Limón es tan evidente esa trágica fachada de prostíbulo gigante que presenta “La calle de la amargura” de innumerables padres de familia que saben que sus hijos pierden allí su tiempo en forma miserable.  Y todo con la complacencia de las autoridades.  Si la nueva Administración quiere lucirse con la sociedad josefina, bien podría estrenarse clausurando todas esas cantinas y sus derivados que, según se sabe, pululan en todos los alrededores de esa zona.  Esos niños (de dieciocho a treinta años) necesitan ser defendidos por la sociedad personalizada en la autoridad del Estado, pues ellos son el más valioso patrimonio nacional.   Aquel debe decretar el cierre de TODOS esos antros en beneficio de nuestra juventud.   Sin consideraciones ni pretextos, ni siquiera en la legalidad de las patentes o la libre decisión de las personas “mayores”.   Dicen que “En el arca abierta hasta el justo peca”, y esta frase es aplicable al ambiente que reina en esas tres o cuatro cuadras que hay entre la avenida central y el portal de la Universidad.  Decenas de jovencitos con enormes jarras de cerveza y en medio de una humareda de cigarros, presentan una visión semejante pero paupérrima, de las noches del viejo y bohemio Montmartre.  Nada más que aquí no se trata de prostitutas elegantes y diletantes maduros, sino de adolescentes universitarias casi niñas, y en horas de la mañana, de estudio.
            La corrupción que se ha apoderado de esa importante vía está gangrenando a toda la ciudad universitaria, y es tiempo de que alguien aplique cirugía mayor y ampute esa lacra que es vergüenza de esta sociedad; pero especialmente de un gobierno que ha carecido de los güevos necesarios para ponerle fin a semejante deshonra situada nada menos que a la entrada de nuestra Alma Máter, la máxima casa de enseñanza de este país.  Esto no es algo para discutir y discutir en la Asamblea o para hacer palanganeo con las mafias de cantineros; se trata de un problema moral que está lesionando aquella parte más sensible y vulnerable de nuestra sociedad: la juventud.  Y por si fuera poco, nuestra juventud estudiantil, los futuros profesionales que deberán engrandecer más a esta nación.  Aunque ahora se enfaden, llegará el momento cuando agradezcan esta medida tomada por sus mayores no por capricho, sino basada en la experiencia y el amor. 
            Señora Presidenta: póngale término a esa vergüenza; y si para hacerlo es necesario “indemnizar” a esos cantineros, cualquier dinero que se les pague es poca cosa con tal de limpiar la ruta del éxito de nuestros estudiantes de toda la basura derivada de ese vicio aterrador que antes de matar, degrada hasta límites increíbles.  Conciudadanos, no se conformen con solo leer esta hojita como una molestia: háganla circular, pero si puede hacer algo más, háganlo.  Se trata del futuro de nuestros chicos.  De los suyos, de los míos, los de todos.  Aquí no es asunto de ser complacientes con la empresa privada, las cámaras ni los poderosos grupos de guareros.  Se trata de salvaguardar a lo mejor de nuestra juventud.   Ningún impuesto justifica ese crimen. 
            Amargamente                                                    (¿Tienen problemas parecidos a este en sus países?)
                                   Ricardo Izaguirre S.                             E-mail: rhizaguirre@gmail.com
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