miércoles, 5 de enero de 2011

706 ¿Y ahora qué hago?


706    “LA CHISPA”      (3 noviembre 2009)
Lema: “En la indolencia cívica del ciudadano, se fundamentan los abusos del Poder”
¿Y AHORA QUÉ HAGO?
            Hace poco tiempo, en términos de durabilidad, me compré un monstruo cibernético (ordenador) marca Toshiba Satellite serie Nº L 305, 4 GB de RAM, 320 disco duro y quién sabe cuántas carajadas más; Intel cuore 2 duo p 7350.  El Demonio en persona.  Pero sobre todo, con Windows Vista, lo último, lo más avanzado, el non plus ultra, el no va más de los sistemas operativos.  La perfección total y final pero… de repente me dicen que el tal Vista tiene tantos defectos que fue imposible arreglarlo y que ya es obsoleto.  Que Microsoft ya sacó a la venta el que sí es la mamá de Tarzán: el Windows 7.  ¿Y ahora qué hago?  Cuando he invertido tanto tiempo y esfuerzo en aprender el condenado sistema, de golpe y sopapo me dicen que ya es historia.  ¿Se imaginan lo que nos cuesta a los viejos aprender estas cosas diabólicas de la computación?  Incluso me había comprado un libro “Windows Vista” de un autor español Luis  Llanos García (ocho mil colones en la Lehman).  Y todo para que me digan que ya puedo olvidarme de él.  Cuando apenas estaba calentando motores, me echan un balde de agua fría y me dicen que ese sistema operativo es pura caca.  Que el que sí sirve es el 7 (siete).  ¿Y ahora qué hago?  ¿Quién me compra el libro para aprender algo que ya no sirve, parecido a unos diccionarios de latín o sánscrito?  El vértigo de la obsolescencia computacional es agobiante, pero sobre todo, muy caro.  Nos cobran cientos de dólares por un material que en un dos por tres estará fuera de servicio.
            De un solo golpe me dejaron démodé, old fashion, anticuado...  Sin embargo, eso no es lo peor. De acuerdo con la manera de operar de la multinacional, vienen el W8, W9, W10 y así hasta el infinito; o hasta cuando tengamos un poco de carácter y decidamos no seguir siendo un “mercado cautivo” de Bill.  Si todos entramos en la onda del Windows 7, este se echará billones al bolsillo; billones que salen de nuestra pobreza, pereza y falta de sentido común ante las opciones del mercado.   Y como el MONOPOLIO trabaja unido con los fabricantes de computadores (sean chinas, japonesas o de Burkina Faso), el Windows 7 ya viene precargado y con todos los trucos que le introducen para que no acepte programas viejos.  Es posible que los nuevos solo puedan verse con Windows 7, y que este no reconozca a sus colegas de Vista.  La trama general del oligopolio de software tiene ramificaciones infinitas que van más allá de la modesta imaginación de este servidor.   El ligamen de este Leviatán con los fabricantes de ordenadores es muy poderoso, y si estos quieren vender sus productos en USA, tienen que someterse a la política de Bill Gates: deben instalar el software que produce MICROSOFT; si no, no entran al mercado amerricano.  Mi computadora la compré en Ámazon (empresa gringa), es Toshiba (marca japonesa) fabricada en China y viene con Windows Vista.  ¿Y por qué viene con ese sistema operativo?  ¿Será que los chinos no saben fabricar otro?  ¡No!  Porque si no se lo ponen, NO SE VENDE EN LOS ESTADOS UNIDOS.  Mercado cautivo, se llama...   ¿Entienden como funciona este negocio?  Es un embudo planetario que va a parar a las arcas de esta gigantesca multinacional. 
            ¿Qué podemos hacer ante esta situación de abuso?  Hay buenas alternativas.  La mejor de todas es LINUX el software libre que se ofrece en forma casi gratuita en todo el mundo, en todos los idiomas.  Y sobre todo, sin virus, el otro de los grandes negociazos del MONOPOLIO, ya que este fabrica, mediante subsidiarias, los virus y antivirus, además de la campaña de miedo (como la del AH1N1).  ¿Y por qué no utilizamos el LINUX?  Muy simple: por compromisos comerciales y políticos pero, sobre todo, por la campaña de descrédito que la Microsoft ha patrocinado sobre todos aquellos sistemas operativos que le puedan “hacer sombra”.  Hay mucha plata, propinas, comisiones y regalías en este negocio.  ¿Por qué el Estado no empieza a liberarse de la enorme erogación que significa pagar caprichos por los sistemas Windows?  El paso a LINUX no solo es una ventaja sino una necesidad económica. 
            Empezando por las universidades (privadas y estatales) y todas las oficinas de gobierno, el cambio debe generalizarse a toda la sociedad.  Y es el Ministerio de Educación el que debe emprender esta cruzada que nos llevaría a salvarnos de gastar millones de dólares que podrían dedicarse a necesidades reales como reparar puentes.  Ese despacho debe ser el encargado de la divulgación de las ventajas de Linux; pero no debe quedarse allí, sino que debe impartir cursos acerca de cómo se utiliza y las posibilidades de que todos podamos contribuir a su crecimiento y mejoría (al menos los que saben).  Miles de escuelas y colegios deben adoptar ese sistema operativo y enseñar su manejo no solo a los estudiantes sino a toda la población interesada.  Ese ministerio debe iniciar una campaña total para que nos libremos del martirio económico que es ser “mercado cautivo” de las multinacionales.  Esa sería una actitud responsable en beneficio de la economía del país.    
            Es hora de que nos vayamos independizando de una multitud de obligaciones económicas innecesarias.  ¿Por qué debemos desperdiciar millones en algo que se puede obtener casi gratis?  En España, Venezuela y gran parte del mundo ya Linux está alcanzando elevados niveles de aplicación en los mercados.  Y aunque la propaganda negativa dirigida y orquestada ha desanimado a muchos usuarios, la verdad es otra.  Dicen los que saben que este sistema operativo es muy robusto y cumple con casi todas las expectativas de un buen software, y que aunque todavía le faltan detalles, está destinado a convertirse en el número UNO.   Ojalá que el Gobierno, a través del Ministerio de Educación, dé ese paso trascendental para librarnos de una obligación perjudicial que solo trae beneficios al MONOPOLIO y a unos cuantos funcionarios que reciben sus “comisiones” por mantenernos amarrados al carro comercial foráneo.  Esperemos que haya alguien en el gobierno que tenga el valor de tomar esa decisión que nos economizaría millones de dólares; además, nos daría la satisfacción de sentirnos libres de la explotación de esa multinacional que nos ordeña a discreción con cada una de las ocurrencias que tiene su dueño, como el Windows 7 y los que vendrán.  Solo necesitamos más información y alguien que nos enseñe, y ese tiene que ser el Ministerio de Educación.        Pasémonos a Linux.
            Linuxescamente          (¿Cómo ven este asunto en su país, son contribuyentes obligados de Bill?)
                                        Ricardo Izaguirre S.                      E-mail:  rhizaguirre@gmail.com
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martes, 4 de enero de 2011

870 El siglo de la desvergüenza

870   “LA CHISPA”             (19 diciembre 2010)
Lema: “En la indolencia cívica del ciudadano, se fundamentan los abusos del poder”
EL SIGLO DE LA DESVERGÜENZA
            El siglo pasado fue el siglo de las ideologías.  Todo se hacía a nombre de ellas.  Guerras, aniquilación total de pueblos enteros, eliminación de millones de personas, destrucción total de continentes y degradación de la humanidad hasta niveles increíbles.  Naciones enteras se abocaron a la terrible tarea de exterminar a sus semejantes a nombre de determinadas ideas que se suponían ser las mejores y más humanitarias.  La bestialización total del ser humano a nombre de las “ideas”.  La antinomia por excelencia.  Se revolvió la política con la religión y esta se tomó como pretexto entre los bandos en pugna.  Todos mataban en el nombre de Dios, todos se creían protegidos de Dios.  Todos se creían los buenos y, a la vez, que tenían el derecho divino de suprimir a los que no comulgaran con sus ideas.  Se enseñó que el fascismo era malo, el comunismo también; y ni qué decir del capitalismo, al cual se le dio una connotación especial dentro de la dialéctica esgrimida por los contendientes.  El capitalismo no solo era tener dinero sino la forma criminal cómo se obtenía.  El fascismo ya no fue la fuerza de la unión laboral para convertirse en un régimen tiránico. 
            El comunismo dejó de ser una manera fraternal de compartir las riquezas, para pasar a encarnar la esencia del mal, según la óptica de los contrarios.  La democracia perdió sentido, pues todos se declaraban demócratas y defensores de las libertades populares.  Nadie era más demócrata que los países de la Cortina de Hierro.   O los Estados Unidos… o China.  Y ni qué decir de la República Dominicana de Trujillo, que se autonombraba el campeón de esta en el Caribe.   O la Nicaragua de Somoza.  En América Latina todos los dictadores eran “demócratas”, héroes de la democracia.  Y en el este, todos eran sus adalides que, con el apoyo del marxismo-leninismo salvador, habría de destruir al capitalismo y construir el paraíso comunista.  Era un mundo convulso y lleno de ideologías respaldadas por gigantescos arsenales llenos de millares de bombas de hidrógeno, capaces de vaporizar a todos los seres vivientes del planeta.  El llamado “mundo libre” liderado por los Estados Unidos, y el edén soviético bajo la batuta de Rusia.  El dilapidador mundo capitalista, en donde toda la gente vivía bien, sin hambre, sin analfabetos ni injusticias, y el ahorrativo conglomerado comunista en donde todo se resolvería mañana… en el próximo quinquenio.
            El maniqueísmo reinaba de manera absoluta: el bien y el mal eran ambos, según quién hiciera el enfoque; no había término medio ni componenda posible; solo la aniquilación total del enemigo.  Y la humanidad tuvo que vivir por casi un siglo bajo el equilibrio del terror.  Los latinos éramos “demócratas”, con algunos grupitos de comunistas.  Los rusos eran “demócratas socialistas”, con algunos reaccionarios y revisionistas, enemigos del pueblo.  Todo eso, según la jerga de cada uno de los dos grandes bandos que dominaron la escena política del mundo durante el medio siglo final.
            Millones de hombre y mujeres sufrieron, odiaron y amaron bajo el signo de las ideologías; se identificaron, aborrecieron a sus rivales y se hermanaron con sus correligionarios políticos, y la humanidad se dividió en buenos y malos.  O sea, que todos eran buenos, y todos eran malos, si sumamos el criterio de ambos grupos.  ¿Y qué ganamos de todo esto?  ¿En cuánto mejoramos con tanto odio?  ¿Cómo podríamos justificar las muertes de los millones de hombres que murieron por las “ideologías” que reinaron en ese siglo?  Pero más difícil todavía ¿en realidad murieron y sufrieron por alguna clase de verdad?  ¿Qué es lo que hubo y hay detrás de esas supuestas poses doctrinarias?  Si analizamos bien en lo que ha caído la humanidad, el balance final no da pie para pensar que valió la pena todo el sufrimiento y angustia bajo los cuales vivimos por más de media centuria de ideologías.  Ahora el lenguaje político ha cambiado y se ha tornado más pragmático, y la acción política, más descarada; desvergüenza que crece en forma proporcional al poder económico y político de los diferentes grupos sociales.  Ahora ya no se invocan valores para realizar una guerra.  Ahora se miente y se inventan pretextos sin importar sean creíbles o no.  Se repiten hasta la saturación y eso justifica lo que sea. 
            En el siglo presente, se han olvidado las ideologías porque ya nadie cree en ellas; se cayó la careta de la inocencia que nos victimó durante todo el siglo XX, y la guerra se convirtió en el camino más brutal y directo para apoderarse de las cosas ajenas.  Hoy no se mata a los árabes porque sean musulmanes o comunistas sino porque tienen petróleo.  A los poderosos les importa un bledo en lo que creamos, siempre y cuando no seamos un obstáculo para que ellos obtengan lo que quieren de nuestros recursos al más bajo precio (Arabia Saudita).  Ya no se asesina ni tortura en nombre de la fe, la democracia o el comunismo.  Se utilizan subterfugios para acabar con todos aquellos que pueden representar estorbos en los planes de apropiación que tienen las grandes potencias en los países más débiles.  Se fabrican héroes y antihéroes, terroristas y criminales que justifiquen el pillaje, exterminio y saqueo de pueblos enteros.  La fase más siniestra del capitalismo es la que reina por todo el mundo; el euro-dólar es el santo grial de la fraternidad que controla el planeta, y todos se justifican entre ellos o, al menos, hacen la vista gorda ante los métodos de los más atrevidos y descarados.   Europeos, gringos, chinos y japoneses son lo mismo: una cofradía de explotadores que en nada se diferencian.  Ahora todo es cuestión de negocios, de intereses, de banca.  Todo es negociable y ya a nadie le importa ni siquiera mantener las apariencias.  Todos los pueblos denuncian los actos más inmorales de parte de los gobiernos capitalistas y a nadie le importa un bledo; ni siquiera se toman la molestia de fingir o desmentir.  Sencillamente hacen oídos sordos ante el escándalo o las denuncias como las de Wikileaks.
            Salimos del siglo de la hipocresía, y entramos en el siglo de la desvergüenza.  En la centuria en donde los ladrones podrán demandar a quienes los señalen.  En la edad siniestra en la que todos debemos prepararnos para ser absorbidas cuando quieran y de la manera que se les antoje a los grandes poderes, pues ahora, estos no están separados por ideologías, sino que están unidos en un solo objetivo: el capital.   La farsa de las creencias terminó; todas las teorías sociales están rotas y solo hay una realidad: el Poder del dinero y las armas. 
            Amablemente
                                   RIS                     E-mail: rhizaguirre@gmail.com
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lunes, 3 de enero de 2011

728 La domesticación escolar


728    “LA CHISPA”       (9 diciembre 2009)
Lema: “En la indolencia cívica del ciudadano, se fundamentan los abusos del Poder”
LA DOMESTICACIÓN  ESCOLAR
            Como la ESCUELA es la única vía que puede equipar el poder del pueblo con el de las Oligarquías, tenía que ser controlada ideológicamente por estas.  Y así se hizo.  Pero este resultado no es producto de la improvisación ni una ocurrencia al azar.  Es la consecuencia de un largo proceso que lleva varios siglos, pues ellos saben que el hombre culto deja de ser un ente manipulable o un testigo mudo de lo que hacen los que detentan el Poder.  El Hombre Libre, que piensa y puede denunciar porque es educado, constituye  un peligro  con el que han tenido que lidiar las clases poderosas de la América Pobre.  Estos hombres pensantes son un “problema” que solo se puede resolver de tres maneras: se les calla en la cárcel, se les expulsa del país o se les asesina.  Ese ha sido el método tradicional.  Pero con el avance de la civilización y el bochorno e incomodidad que producen los “observadores internacionales”, las oligarquías han recurrido a un método casi infalible desde hace tiempo: comprarlos.              (Chanza política: “Vamos a recuperar las playas de Costa Rica”)
            El hombre libre es un producto que siempre se dará en el proceso educativo, por más manipulado que sea este.  Así que el objetivo NO es que no haya ese tipo de ciudadanos sino que sean el menor número posible y que la inversión en comprarlos no sea mucha.  Para eso les otorgan becas, puestos públicos de nombramiento o elección, afiliación política en partidos en donde son objeto de mimos y prebendas.  Así les quiebran la voluntad sin que ellos se den cuenta.  Como son hombres íntegros, sienten que no es lícito morder las manos de los que les han proporcionado toda clase de bienes materiales y un escabel desde donde figurar.  Entonces se convierten en colaboradores pasivos del sistema (no denuncian pudiendo hacerlo, callan); están ahí aunque no participan abiertamente, están atrapados, son prisioneros de su gratitud.  No alaban ni apoyan al sistema, pero saben que tienen que guardar silencio porque fueron comprados, aunque nunca se atrevan a aceptarlo.  Si Hitler, Trujillo o Stalin les dieron una beca para hacerse ingenieros o economistas, NO PUEDEN dejar de reconocer ese hecho, aunque sepan el juicio que la historia tiene de sus benefactores.                                                       (Otro chiste político: “Pondremos fin a la corrupción y vamos a ordenar el gasto público”)
            Es por eso que las Oligarquías, valiéndose del Estado, han realizado la domesticación de las masas por medio de la escuela pública.  Ellos saben que la enorme mayoría saldrá de esta según lo planeado, con un programa cívico grabado en el disco duro de su mente, y que actuarán conforme con este.  Convertidos en ciudadanos dóciles al sistema, en gente que no protesta porque no ve más allá de sus narices; el sistema los alienó desde niños.  Y todos sabemos lo permanentes que son las cosas que nos hacen creer en la infancia: religión, fe, miedos o lo que sea, quedan indeleblemente grabados en nuestra consciencia.  Aunque nos eduquemos y racionalicemos la insensatez de nuestras creencias atávicas, JAMÁS podemos librarnos de su influencia.  Ese es el objetivo que persigue el Estado por medio de la instrucción pública, pues saben que es casi infalible cuando de las masas se trata.  Este método es tan eficaz y sutil, que las personas comunes educadas en él, resultan incapaces para detectar sus objetivos verdaderos, a menos que hagan un cuidadoso examen de este.   Es tan eficiente que incluso se permiten la ironía de decir que una de las metas de la educación nacional (de cualquier país) es obtener ciudadanos CRÍTICOS y conscientes de la realidad.  Una burla sangrienta comparada con lo que sucede en la sociedad.  Pero si esta cualidad aparece en algunos estudiantes, de inmediato la eliminan mediante los diversos mecanismos creados para producir al “ciudadano dócil”, objetivo único de la escuela pública.           (Guasa electorera: “Estamos seriamente preocupados por la educación nacional”)
            Esto es labor de decenios que involucra la sensiblería popular, el patrioterismo y otros vicios cívicos que se han exaltado en los pueblos, pero plegados al interés de la plutocracia.  Con los programas escolares se sigue el mismo procedimiento: se inventa el culto y el “santo”, y este suele ser algún ministro de educación al que se le atribuye el calificativo de “Reformador de la Enseñanza”.  Don Ceferino Salvatierra, vidente de la enseñanza pública que…  etc. etc.  Fabricada la deidad, su obra se convierte en parte de los fetiches nacionales sagrados que nadie se atreve a cuestionar.  El insigne don Manuel Hurtado y Grijalva, reformador de la Instrucción Pública nos legó el tesoro de nuestro sistema educativo y bla, bla.  Hecho el mito, consumado el crimen.  Como en las religiones.  Las leyendas solo necesitan tiempo y unos pocos cultores obstinados para que se conviertan en divinas e intocables.  Es por eso que nuestros sistemas de instrucción pública jamás son revisados profundamente en busca de metodologías modernas y pragmáticas.  Siempre están atados a lo que dijo don Mauro, don Gabriel o el ilustre don Juan de la Serena.  Preclaros caballeros de moral cristiana, compasivos con el populacho, pero miembros de las oligarquías nacionales.   Gente que sabía lo que era de “conveniencia” para el humilde pueblo.      (Burla política: “Vamos a mejorar el sistema educativo)
            Esa es parte de la estrategia mediante la cual se mantienen vigentes estructuras anticuadas de “educación”.  Sistemas que solo tienen una finalidad que, embozada tras las máscaras del nacionalismo, la religión y los valores históricos, no es más que un método para preservar el establishment sin variación alguna: los ricos completos, y los pobres quietos y en su lugar.  Sin aspiraciones que les puedan dañar el cerebro o su moral.  La domesticación escolar es producto de años de labor maliciosa y no va a cambiar fácilmente, pues sus primeras víctimas son nada menos que los que la llevan a cabo.   “La propiedad privada es un derecho sagrado”.   Eso dicen las leyes que se enseñan en las escuelas y colegios y es uno de los valores cívicos que hay que respetar.  Forma parte de la instrucción pública y es un componente de los programas escolares que los gobiernos hacen acatar a bayoneta calada.   Y eso está muy bien para los propietarios.   Pero ¿qué hay de los que NO tienen propiedad alguna?  Vean la sutileza de un sistema diseñado para unos pocos, pero bajo la falacia de regla aplicable a todo el mundo.   ¿Es respetable ese principio cuando muy pocos tienen en exceso, y muchos, demasiado poco?     La escuela pública dice que sí.          (¿Cómo funciona esto en su país?)
            Fraternalmente                                                                           Blog:  http://lachispa2010.blogspot.com/
                                    Ricardo Izaguirre S.                                          E-mail: rhizaguirre@gmail.com
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743 Los Picapiedra


743       “LA CHISPA”         (4 enero 2010)
Lema: “En la indolencia cívica del ciudadano, se fundamentan los abusos del Poder”
PERSONAJES INOLVIDABLES: LOS PICAPIEDRA
            Cuando aún no había llegado la televisión a Costa Rica, alcanzó enorme popularidad en el mundo, esta serie que llegó a copar toda una era que llega hasta nuestros días del año 2010; ya no con el furor y la emoción que nos producía en aquellos lejanos días de la inocencia televisiva, pero todavía con la dulzura y candidez con la que nos conquistó en su momento.  Reinó en un tiempo cuando era posible ver cualquier programa con nuestros hijos sin temor a pasar una vergüenza que no pudiéramos explicar.   Los Picapiedra formaban un concepto general de una sociedad primitiva que en realidad era moderna, pero inserta en una edad remota imposible de definir ni por aproximación.  Coexistían con todos los bichos imaginables de las más diversas épocas, y a la vez, disponían de la tecnología caricaturizada de nuestros días: aviones, carros, cuernófonos, licuadoras, cámaras, agua corriente, cine y tele, escuelas y todo lo que conocemos.   Eran familias tecnológicamente modernas, pero trasladadas a un pasado aceptable y seguro. 
            Rodeados de un elenco de lo más variado, el peso de la trama gravitaba sobre dos parejas cuya amistad estaba por encima de las diferencias que surgían casi siempre por culpa del gruñón Pedro.  Vilma era su esposa, su contrapeso, la representación de la sensatez, tolerancia, bondad e inteligencia; sin embargo, tremendamente manipuladora y aprovechada de la escasez de talento de su marido.  Vilma era la nerd de la comedia.  Lista, vivaracha y astuta, era el ideal de cualquier mujer moderna en el manejo de las relaciones conyugales.  Pedro era una bola de plastilina en sus manos y, sin desconocerle la “autoridad”, hacía lo que le daba la gana con él.  Ambos formaban un dúo encantador; amantes fieles y dedicados, eran capaces de todo por conservar su matrimonio.  Él, simplón a más no poder, era el modelo de padre y marido dedicado y respetuoso.  Ella, pícara, inteligente y llena de malicia, era el timón del rumbo que tomaba su hogar. 
            Como complemento de ellos estaban los Mármol, Pablo y Betty, una pareja tierna y bondadosa, y los mejores amigos con los que podían contar Vilma y Pedro.   Las dos mujeres hacían una yunta que era la máxima expresión de lo que ya se insinuaba con fuerza en la sociedad norteamericana: “The women’s liberation”.   Aunque no se atrevieron a salirse por completo del marco de lo que en USA se consideraba como el modelo de la familia típica, se insinuaba en ella (con mucha sutileza) cómo la mujer podía hacerse con el mando y la dirección de la casa.  Y es ese sentido, la serie tenía cierto carácter subversivo y en concordancia con los tiempos de rebeldía que se estaban viviendo.   Pablo y Pedro simbolizaban la ingenuidad y la torpeza, matizadas con una serie de virtudes que los convertían en personajes dignos de admiración, lástima, cariño, cólera y ganas de matarlos.  Pablo era el canto épico a la amistad y la tolerancia; humilde, bonachón, simpático y magnánimo, era la víctima propiciatoria de los abusos de Pedro quien, sin dejar de quererlo, sacaba partido de la inocencia y buena voluntad de su incondicional amigo. 
            Vilma y Betty formaban una pareja ideal de amigas: correctas, coquetas, muy femeninas, viciosas de las compras y los “baratillos”, siempre tenían muy claros cuáles eran sus objetivos en la vida.  Y sobre todo, en sus matrimonios.  Su amistad estaba por encima de todo, incluso a pesar de las rupturas que se producían entre sus maridos.  Ambas eran el paradigma de la esposa moderna, lista y educada; de aquellas damas que saben qué es lo que conviene a su condición de mujeres, cónyuges y madres, a su lugar y papel de guías y sostenes del hogar.  Admirábamos la astucia, picardía e inteligencia de Vilma; la candidez, dulzura y encanto de Betty; la sencillez casi infantil de Pablo y su capacidad para soportar a un Pedro insolente y aprovechado. 
            Sin embargo, Pedro era (es) un personaje entrañable que forma parte de todos los hombres, y por eso nos identificábamos con él y gozábamos de sus triunfos que, en cierta forma, eran los nuestros.  Para mí, era mi héroe y siempre deseaba que saliera lo mejor librado de todos los enredos en los que, por majadero, siempre se veía envuelto.  Casi todos nos veíamos en él como en una cierta especie de espejo que reflejaba nuestra personalidad, porque Pedro Picapiedra es la parte negativa y positiva que todos tenemos.   Ese simpático panzón, tenía y tiene todos los rasgos humanos más distintivos de lo que somos los hombres.  Algunos solo potenciales, otros, activos de la forma más brutal.  Fanfarrón, arrogante  y grosero a la vez, era capaz de transformarse en el ser más dulce y amoroso de Bedrock cuando se enfrentaba a los enfados de Vilma.
            Creo que todos llevamos por dentro a un Picapiedra fachendoso, imprudente, bocón y testarudo.  También al buen amigo, esposo y parte valiosa de la sociedad.  Al buen trabajador y miembro útil y respetable de la comunidad.  Solo es cuestión de que se produzcan las condiciones necesarias para que esas virtudes hagan eclosión.  Y esa es la gran diferencia que nos mantiene alejados de ser una buena imagen de Pedro; la mayoría carecemos del valor y la honestidad de este personaje para reconocer nuestros errores e incapacidad ante cualquier reto a los que él se enfrentaba en cada aventura.  Sobre todo, a su coraje para sincerarse con su familia y amigos.   Pedro es el ideal del hombre común y corriente de esa mayoría de la que formamos parte.  Todos estamos representados en él, y es por eso que nos alegran sus triunfos y nos deprimen sus fracasos momentáneos; por bruto y testarudo nos sacaba de quicio, pues en esa conducta vemos la imagen de lo que solemos ser en nuestras vidas.  Sus derrotas y victorias las sentimos nuestras porque él es la proyección de mucho de lo que somos.   Alegre y desenfadado, chichoso y rezongón, tierno e ingenuo, es un abanico completo de rasgos contradictorios del cual todos participamos en alguna medida.  Nuestro querido Pedro es lo que NO queremos ser, pero que, sin embargo, lo somos.  También es lo que queremos ser, pero que tampoco lo somos a plenitud.  Él no es un héroe todopoderoso e inalcanzable en sus virtudes; es la totalidad de un ser humano normal y cotidiano, asequible a todos los hombres, y por eso nos identificamos con él y lo amamos para siempre.  Pedro y compañía, siempre estarán en nuestros recuerdos.
            Picapiedrescamente
                                          Ricardo Izaguirre S.                            E-mail: rhizaguirre@gmail.com
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869 Salud pública


869    “LA CHISPA”     (16 diciembre 2010)
Lema: “En la indolencia cívica del ciudadano, se fundamentan los abusos del Poder”
SALUD PÚBLICA
            Es inaceptable la deficiencia en los servicios médicos de un país, pues la naturaleza de lo que está en juego no admite dilaciones ni disminución de la calidad: se trata de la vida de los ciudadanos.   No hay excusa alguna que justifique la mediocridad en este tipo de obligación social del Estado.  Si se puede invertir más de 300 millones de dólares en una carretera de mala calidad y acabado, no hay razón alguna para que el Gobierno sea mezquino con la necesidad más urgente y básica de todo pueblo: la SALUD.  La inversión en los  programas sanitarios no debe ser escatimada.  El bienestar del pueblo DEBE estar por encima de cualquier otra consideración, y el imperativo del Ministerio del ramo, es brindar esa atención de la forma correcta.  No “de lo mejor que se pueda o permita el presupuesto”, sino de la manera correcta.   Esta actividad, dada su naturaleza tan delicada, no debe ser rehén de la política, los cabildeos o los intereses de los sindicatos, asociaciones o colegios profesionales.  La salud de la ciudadanía es un derecho legal, político, constitucional y social; pero sobre todo, humanitario.  Es por eso que tal actividad no puede ni debe estar limitada por consideraciones de tipo fiscal, como si se tratara de obras que pueden postergarse para mejores tiempos.  En este campo NO HAY MAÑANA.  Es ya. 
            Por muchas razones de todos conocidas, podemos afirmar que la atención médica nacional requiere una reestructuración profunda no solo en la parte económica, sino también en la filosofía que anima esta actividad que va mucho más allá de la cuestión técnica o profesional.  Pero para simplificar el asunto, lo dividiremos en dos aspectos: material y profesional, de cuya conjunción equilibrada surge la calidad de este auxilio.  El primero es de fácil solución, pero el segundo, se presenta mucho más difícil, complejo y cargado de intolerancias previsibles en un gremio cuyos objetivos económicos no suelen ser muy claros para el observador externo.  Con el crecimiento de la MEDICINA PRIVADA se ha ido creando una mentalidad dual en estos profesionales, y el principio básico del servicio humanitario per se, le ha ido dando paso a una nueva forma de encarar el oficio: la rentabilidad.  Situación que desvirtúa la esencia prístina de esta actividad y la transfiere al campo del comercio, de la economía.  Del deseo de enriquecimiento. 
Sin embargo, la salud pública no debe ser prisionera de ningún interés económico, político o sindical, y el grupo de médicos NO DEBE ser el rector exclusivo de lo que debe hacerse o no en este campo.  Puede ser el asesor más calificado, pero NO el que decida qué es lo que más conviene en sus líneas generales de crecimiento y financiación; sobre todo, si tal o cual medida va en contra de sus ingresos monetarios.  Y en la actualidad, con la privatización de estos servicios, ESO PESA DEMASIADO.  La asistencia hospitalaria ha pasado de ser una prestación humanitaria gratuita, a un negocio muy productivo y, por lo tanto, eso es un contrapeso que compromete la ecuanimidad de las opiniones de ese colegio.  Con el advenimiento de la medicina privada, el médico dejó de ser neutral y, por lo tanto, no debe ser la única opinión que la sociedad y gobierno tomen en cuenta en los problemas y carencias que se suscitan en este campo.  
Dado que la atención hospitalaria se divide en dos áreas, PRIVADA Y PÚBLICA, y el grupo que atiende ambos sectores es el mismo y tiene intereses en ambas, es lógico pensar que sus inclinaciones estarán del lado que es más remunerativo; y este es el de la medicina pagada.  Una o diez operaciones en un hospital público solo son cubiertas por su salario, mientras que en una clínica particular, esto puede reportarle millones.  Así que cuanto “cliente” pueda referirse a hospitales privados, mejor.  Esa es una realidad que nadie puede negar o minimizar.  Entonces ¿cuáles son las directrices que el Estado debe seguir para que los servicios de salud masiva sean adecuados?  En vista de que la tendencia es hacia la expansión de la medicina privada, debemos suponer que los médicos NO tomarán medidas que puedan fortalecer o mejorar los servicios públicos de salud.  Al contrario.  Eso es algo de sentido común que no requiere esfuerzo alguno para ser entendido. 
Estos colegios son, en cada país latino, una especie de república dentro de cada estado nacional.  Gente que parece estar por encima de la ley, y cuya palabra suele tener una potestad que nadie se atreve a contrariar.  Embozados en la “autoridad médica”, su palabra suele ser mucho más que una suma de conocimientos profesionales para convertirse en voz divina.  Y eso no es saludable en ninguna organización social.   El médico NO es la palabra suprema en cuestiones de salud o la organización de estos servicios.  Es un profesional como otro cualquiera (ingeniero, abogado, economista) que puede aconsejar y recomendar, pero su criterio NO es infalible ni tiene por qué ser aceptado sin más razones que el principio de autoridad.  En la planificación de la salud pública, el Estado debe consultar a todos los estratos de la población, y no debe partir de la conclusión de que en este tema solo tienen derecho a hablar los profesionales de esa rama.   Y mucho menos, cuando sus intereses económicos pueden distorsionar claramente sus puntos de vista en cuanto a la calidad de la asistencia.  Incluso sería deseable que los gobiernos consultaran con  médicos internacionales que puedan asesorar a los ministerios de salud directamente.  Sin el tamiz ni la presión de los doctores nativos.
En última instancia, siempre debemos recordar que el pueblo es el que paga, y a su vez, el que recibe y valora la atención que recibe.  La medicina pública NO ES UNA CARIDAD QUE EL SEGURO le hace al pueblo buenamente.  Tampoco el servicio personal del galeno es un favor sino una doble obligación de parte de este.  Primera, porque le pagan. Y segunda, porque es su compromiso ético.  Así, pues, estamos ante un problema que NO DEBE ser analizado únicamente por médicos y profesionales de ese campo, pues ellos no son LOS DUEÑOS del sistema, sino una pequeña parte de este.  Toda la comunidad debe ser involucrada en la búsqueda de soluciones que, sin perjudicar los intereses profesionales de los doctores, también obligue a estos a brindarse generosa y aplicadamente en su labor.  Además, a no creer que son dioses y que están haciéndole un “favor” a los pacientes que atienden dentro del sistema general.  No se debe servir a dos patronos.
                                                                                 (Amigos: ¿cómo funciona esto en sus países?)           
RIS                            E-mail: rhizaguirre@gmail.com
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874 Los rieles del desarrollo

874    “LA CHISPA”        (24 diciembre 2010)
Lema: “En la indolencia cívica del ciudadano, se fundamentan los abusos del Poder”
LOS RIELES DEL DESARROLLO
            En la “Chispa” 868 nos referimos a la infraestructura en general, pero en esta, solo nos ocuparemos de los ferrocarriles.  Ya hemos señalado que todo el mundo de vanguardia está buscando alternativas viales al desarrollo una vez que haya desaparecido el petróleo.  O cuando sea acaparado solo por Estados Unidos y China.  Europa cuenta con el petróleo de Rusia, pero esa dependencia puede llegar a ser muy peligrosa para su libertad y alta forma de vida.  Por eso se están preparando en todo sentido: nuevas formas de energía, transporte y producción.  Y es obvio que el transporte aéreo, con el mismo combustible, se hará prohibitivo a las poblaciones en general.  Los europeos lo saben muy bien, y dado que su continente es pequeño y plano, la alternativa inevitable es el transporte terrestre.  Todo les queda a tiro de escopeta.  Ir de Madrid a Moscú es un paseo divertido, barato y educativo.  Incluso ir a la lejana China será bastante rápido.  Además, está la posibilidad de que en el ínterin, se descubra algo que nos permita irnos por Internet a cualquier parte del mundo (ciencia-ficción).  Pero mientras eso no se dé y dependamos del petróleo, tenemos que ir buscando formas de energía realista, prácticas, económicas, eternas y bajo nuestro control.  Los precios del petróleo son un lastre para todas las economías de los países que no lo tienen.   Además, produce subordinación.
            La energía de origen hidroeléctrico suele ser la más barata, familiar y de duración tan larga como el ambiente mismo.  Solo puede ser alterada por las variaciones en el ciclo hidrológico, el cual depende del cuidado que tengamos con nuestro medio.  Algo por demás sencillo.  En Costa Rica, como en casi todos los países de la América Latina, contamos con ese recurso que, si lo utilizamos de manera racional, puede considerarse como inagotable.  Hay otras fuentes como la energía nuclear, eólica y térmica, pero estas demandan inversiones enormes tanto en dinero como en tecnología que no está a nuestro alcance.  Además, mucha dependencia de los países industrializados.  La energía hidroeléctrica es la más conocida y sobre la cual tenemos una larga experiencia.  Así, pues, se puede decir que gracias a las abundantes precipitaciones, en este país tenemos la capacidad para generar enormes cantidades de electricidad de origen hídrico.  Solo basta con ver las cuencas hidrográficas hacia cada uno de los mares para darnos cuenta de las gigantescas posibilidades que tenemos para la electrificación total. 
            Electricidad para usos domésticos, industriales, comerciales y de transporte colectivo de personas y carga.  Fíjense que lo que se necesita de vías férreas para articular la columna vertebral del transporte de carga y pasajeros es relativamente poco.  Al inicio deberán unirse el Caribe con el Pacífico en una línea recta entre Limón y Puntarenas, pasando por Alajuela; y de allí, dos ramales hacia San José y Cartago, y otro hasta la zona norte: los Chiles, San Carlos e incluso la frontera.  Luego vendría la línea entre las fronteras de Panamá y Nicaragua.  De Sixaola a la Barra.  De Peñas Blancas a Paso Canoas pasando por Quepos y Golfito, Liberia etc.  Con proyecciones a todas las zonas agrícolas, turísticas e industriales.  Esa sería la Hache de Acero.  Posteriormente podrían unirse las puntas de las rutas fronterizas y se completaría el Círculo de Acero.  Vía férrea a lo largo de ambos mares y fronteras.  Y sobre el papel, esa ferrocarrilización no llegaría ni a los dos mil quinientos kilómetros.  Y al pasar el tiempo, se podrían construir cuantas vías fueran necesarios según el crecimiento de cada zona; es más, se podrían hacer estos ramales para desarrollar determinadas regiones a las que hoy es imposible o muy difícil llegar.  Cientos de pueblos, ciudades y regiones productivas unidas por un sistema de transporte “GRATUITO” en el largo plazo.  Con energía limpia e inagotable que nos daría la casi total independencia del petróleo; de la sangría de la factura petrolera. 
            Desde luego que habría el agregado necesario de las carreteras, pero su papel no sería el principal sino el complemento de la red ferroviaria.  Y como ya se dijo, deben ser ferrocarriles de PRIMERA CALIDAD, construidos para que duren siglos.  Como dice mi amiga española Dolores: “Los pueblos pobres no podemos darnos el lujo de construir carajadas mal hechas”.   Si nuestros profesionales NO TIENEN LA CAPACIDAD para hacerlos, pues debemos contratar empresas extranjeras (sin chorizos) que los vengan a hacer.  Que sepamos que esas vías no se cortarán, caerán o se verán interrumpidas por uno de los tantos miles de temporales y aguaceros que tenemos en la época lluviosa.  No deben ser vulnerables a los derrumbes o los “lavados” de las aguas.  Obras de calidad, como las que se hacen en Europa, USA, China y Japón.  Deben ser vías “INDESTRUCTIBLES” que nos garanticen que la economía no se derrumbará con los primeros aguaceros de mayo.  Obras que serían el legado más precioso que podemos dejarles a los que vendrán, seguros de que el país se seguirá moviendo mientras los dioses nos quieran y sean magnánimos con las lluvias con las que bendicen a este pueblo.  Es hora de que pongamos los ojos en el futuro de una manera verdaderamente nacionalista.  Sin privilegiar los intereses temporales de grupos que, quiéranlo o no, tendrán que desaparecer tarde o temprano.  El monopolio del transporte de carga y pasajeros está destinado al fracaso en el largo tiempo.  Es el imperativo que nos impondrá el costo de “la cosa negra”.  Entonces ¿Por qué tenemos que esperar hasta que lleguemos al borde del abismo?
            Los pueblos previsores son los que sobreviven en las mejores condiciones a pesar de las adversidades del destino.  Y aunque es cierto que la vida es hoy, eso no implica que debamos ser indolentes ante una tragedia futura que ya está bien avisada.  El petróleo se agotará tarde o temprano; pero antes de que eso suceda, será acaparado por los grandes, a los que les importamos un tacaco.  Estados Unidos consume diariamente cerca de 30 millones de barriles; por ahí o más anda la China.  También la rica Europa.  La India ya se sumó a ese selecto grupo de los grandes depredadores; en poco tiempo lo hará Brasil.  Y entre todos estos, se harán dueños de todo ese combustible, eso es inevitable.  Ese es el porvenir y, por lo tanto, no debemos esperar que esa situación nos sorprenda y nos hunda en la tragedia.  Construyamos nuestro futuro con los FERROCARRILES.  No hay otro camino mejor que el de hierro.  Tenemos recursos hídricos en cantidades de mayoreo.
            Ferrocarrileramente
                                             Ricardo Izaguirre S.       E-mail: rhizaguirre@gmail.com
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domingo, 2 de enero de 2011

868 Trenes y desarrollo


868   “LA CHISPA”       (15 diciembre 2010)
Lema: “En la indolencia cívica del ciudadano, se fundamentan los abusos del Poder”
TRENES Y DESARROLLO
            Hoy vi en el diario “El País” la noticia de la inauguración del tren AVE de Madrid a Valencia.  ¡Qué envidia!  Y como en la “Chispa” anterior se trató sobre las obras de infraestructura y su importancia para el desarrollo, nos pareció propicio este comentario.  Eso es lo que hacen las sociedades de avanzada: trabajos que lo consoliden.  Pero más que eso, todos ellos han comprendido la importancia del transporte colectivo de personas, y masivo de carga, por medio de los ferrocarriles.  Es rápido, seguro, barato y durable, pues su mantenimiento no es ni la décima parte de lo que cuesta el de una red de carreteras.  Y peor si se trata de las que hacemos aquí, que siempre son el producto de componendas entre amigotes del gobierno y empresas conocidas de estos.  Todo es chorizo, un pariente o compinche de alguien que está en el gobierno, gestiona para que el contrato se le dé a tal o cual firma que, a su vez, le dará a este una buena “mordida”.  Aquí hay millares de esos parásitos enquistados en las estructuras gubernamentales, o con “patas” en los altos círculos del poder.  Desde los presidentes para abajo, todos participan de este fraude que el pueblo tiene que pagar.  Y el resultado son obras de deficiente o mala calidad.   La nueva autopista es uno de los muchos ejemplos.
            Sin embargo, las malas carreteras que hacemos no es el problema mayor, sino que hemos equivocado la escogencia del servicio.  Ahora sabemos que nos impusieron esa elección, pero también podemos hacer la modificación necesaria y volver a los ferrocarriles, opción por la que se están decidiendo todos los países de punta.  A los que las petroleras NO PUEDEN COMPELER, como nos han hecho en la América Latina.  Aquí nos hicieron destruir nuestros sistemas ferroviarios para privilegiar la actividad petrolera, sus derivados y las otras industrias relacionadas.   Nos convirtieron (a la fuerza) en consumidores de petróleo y nos sumaron al mercado cautivo de esa actividad.  Lo mismo que les hicieron a los chinos con el opio.  Somos clientes obligados de la gasolina, diesel, alquitrán y todos los subproductos de la cosa negra.  Y por si eso fuera poco, utilizamos carros, camiones y todo tipo de vehículos fabricados en el bloque industrializado.  Además, gastamos millones y millones en repuestos.  Un negocio con un solo ganador.   Por eso nos forzaron a desmantelar nuestras redes de trenes para promover un chanchullo que solo era favorable a esa gente.
            Aquí tenemos la ruta férrea a Limón, con casi un siglo de servicio, que bien podría estar funcionando a plenitud; lo mismo que la de Puntarenas.  Pero hay enormes intereses de la “empresa privada” para que eso no suceda.  Están los transportistas y los cientos de business que giran alrededor del petróleo y los importadores de vehículos.  Y por encima de todos, el Gobierno y su angurria insaciable de impuestos.  Aquí los Estados NO tienen interés en los pueblos sino en lo que dispongan las respectivas oligarquías, pues estas eligen aquellas áreas más productivas para ellos, y los ferrocarriles NO LOS SON.    
            Europa se mueve por tren.  Todas esas naciones poseen grandes redes ferroviarias que transportan el 80% o más de la mercancía y pasajeros que ahí se movilizan.  Y cada día crean más y más vías a través en todo el territorio europeo.  ¿Por qué será?  Porque este tiene innumerables ventajas sobre los otros medios de transporte.  El costo del material rodante es muy bajo en relación con su durabilidad; un vagón de carga puede durar cincuenta o más años.  Lo mismo uno de pasajero o una locomotora.  Pueden trasportar gigantescas cargas durante todo el año sin interrupciones notorias; no producen atascaderos, los accidentes son mínimos y el mantenimiento es muy barato.  Y pueden ser nacionales con participación de capital privado.  O solo nacionales.  Pero lo mejor de todo es la posibilidad de que sean INDEPENDIENTES de los agentes negativos externos como el petróleo, material con el que pueden asfixiarnos en el momento que los grandes decidan “taparnos la manguera”.  La mayoría pueden ser ELÉCTRICOS, como en el caso de Costa Rica, en donde podemos generar energía hidroeléctrica hasta para “tirar para arriba”.  Y esa es la situación de la mayoría de las naciones de nuestra región.  Solo hay que construir represas (infraestructura).  Y además, queda la alternativa de las plantas de energía nuclear, solar, eólica o cualquier otra tecnología del futuro. 
            Una red ferroviaria eficiente es la panacea.   Y en Costa Rica podría tener el plus de que esta se convirtiera en una especie de “canal seco” para trasladar mercancía y pasajeros.  Pero un ferrocarril “de verdad”, no uno que se lave cada vez que llueva.  Una ruta de doble vía entre Limón y Puntarenas y que pase por Alajuela como estación central.  Y desde los dos puertos, podría extenderse hasta ambas fronteras en los dos océanos.  ¿Por qué no?  Zonas que hoy están abandonadas, bien podrían incorporarse  al desarrollo y la producción nacional.  Eso hizo el ferrocarril del Oeste en los Estados Unidos: fue el pionero del engrandecimiento de esos vastos territorios de la Unión.  Y ese sí era un gran reto.  ¿Cuánto hay de Limón a Puntarenas?  Escasos 300 kilometritos.  Y esa minucia es la ruta de la vida comercial de Costa Rica, la cual depende de dos miserables trochas que se “desbarrumban” con los primeros aguaceros de mayo y nos hacen zozobrar durante toda la estación lluviosa.  ¿Nos permitirán eso las petroleras y los transportistas?  Lo más seguro es que NO.  Pero la conveniencia de este sistema de transporte está a la vista para cualquiera que tenga una onza de sesos dentro del coco.   Solo tenemos que pensar en lo que están haciendo Europa, China, Japón e incluso los Estados Unidos (los reyes de los furgones).  Todo el mundo moderno se está “ferrocarrilizando” para atenuar el impacto de la factura petrolera, o la realidad de su futuro agotamiento.
            ¿Por qué tenemos que seguir siendo víctimas de un plan urdido por las petroleras?   Aunque los trenes tuvieran que movilizarse por medio del diesel, su costo sería mucho menor, pues una sola locomotora puede arrastrar cien vagones con cien contenedores estándar.  Y eso sería mucho menos combustible que si ese transporte se hiciera por medio de cien cabezales.  No dejemos que sean solo los gobiernos que, a voluntad y beneficio de grupos, decidan cómo invertir nuestros recursos en obras de infraestructura poco productivas para todos los habitantes.                      Los trenes son ecológicos.     
            Ferrocarrilescamente                                                 (¿Cómo anda esto en sus países?)
                                            Ricardo Izaguirre S.          E-mail: rhizaguirre@gmail.com
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867 Infraestructura para siempre


867    “LA CHISPA”     (14 diciembre 2010)
Lema: “En la indolencia cívica del ciudadano, se fundamentan los abusos del Poder”
INFRAESTRUCTURA PARA SIEMPRE
            Sin esta NO HAY PROGRESO.  (Lo dijo un tal Pero de apellido Grullo).  Y si esto es tan claro y simple, ¿por qué los países “en vías de desarrollo” no se dedican a crear esos fundamentos del avance verdadero?  Bien pueden elegir una década como plazo a la construcción de una infraestructura EFICIENTE y DURABLE.  Algo así como la que hicieron los romanos que planearon para la “eternidad” del Imperio.  Que no solo sea eficiente en su momento de creación, sino que contemple todas las posibilidades de adaptación a las demandas del futuro.  Si se hace un puente, que este no sea solo para los CIEN carros de hoy, sino que pueda adecuarse a los MIL del mañana.  Este problema se debe encarar con visión futurista, milenaria y no provisional.  Mientras eso no suceda, seguiremos siendo “banana republics”; suplidores precarios de materia prima, artículos artesanales, mano de obra barata, tiliches de indios y productos agrícolas de escaso e inestable valor.  Para el verdadero crecimiento necesitamos infraestructura moderna y futurista.  Y ¿qué es eso?  Pues, en primer lugar, fuentes energéticas propias y nativas que nos den autonomía total y que nos liberen de esa dependencia caprichosa del petróleo, lastre que consume un alto porcentaje de nuestra producción y esfuerzo.  Electrificación de todo el país mediante energía hidroeléctrica, eólica, solar y térmica, pues una sociedad sin electricidad es la negación del progreso, y hace que la industria y el comercio se queden solo en un bosquejo primitivo e insuficiente que no alcanza ni para el consumo nacional.   Televisión y comunicaciones modernas, baratas y permanentes al servicio de todos los factores que generan riqueza; tv educativa a gran escala.  Internet absoluta y al día, con acceso a todo el mundo.  Un país sin “conexiones” está en desventaja ante los que las tienen, pues la información es la clave de todo (P.G.)                                                                                         Una banca ágil, práctica y moderna forma la columna vertebral de la economía y, por lo tanto, esta debe ser bien dirigida hacia los programas de desarrollo (comercial, industrial y agrícola).  Una instrucción superior tecnológica es imprescindible, pues sin gente preparada, todo intento es inútil o muy limitado.  Además, esta debe ser accesible a todos en forma gratuita o muy barata.  La educación, en todos sus niveles, NO DEBE SER UN NEGOCIO PRIVADO sino una responsabilidad total del Estado.  Por lo menos, en las primeras etapas del programa nacional de avance.  Debe crearse un sistema médico capaz de afrontar las demandas de la población nativa, y de brindar servicios al turismo de manera eficiente.  Que el visitante no se sienta como Stanley en el África.  El país debe construir buenos puertos marinos capaces de manejar volúmenes de carga superiores a lo que se exporta e importa en la actualidad.  Y con posibilidades de ampliación.  Las áreas industriales, agrícolas y turísticas deben ser prioridad en las vías de comunicación.  No es aceptable que con los primeros aguaceros se derrumben todas las carreteras y que infinidad de lugares queden incomunicados y todo  se venga al suelo.  Se debe construir no solo buenos aeropuertos internacionales en las costas (playas), sino en todo lugar de producción.  Si los productos NO se pueden llevar a los mercados, es lo mismo que nada. 
            No es aceptable que un país con pretensiones de turístico tenga SOLO UN AEROPUERTO mediocre e insuficiente para el tráfico internacional.  Toda la infraestructura debe ser de la mejor calidad, planificada para que dure toda la vida.  Y siempre con la vista en el futuro.  Aunque sea solo una, pues no se trata de hacer estructuras precipitadas y de mala calidad solo para que un gobernante pueda blasonar y colgarle una placa con su nombre en la pared o donde sea.  Eso debería ser prohibido, pues el autor de toda construcción pública es el pueblo y no el gobernante de turno.  No es con su dinero que se hizo esto o aquello.                                  La causa del tercermundismo es que hasta hoy vamos haciendo las obras que eran necesarias ayer.  ¿Por qué no hacemos buenas y durables carreteras?  ¿No sabemos cómo?  ¿Desconocemos la tecnología?  Si es así, contratemos empresas extranjeras que sepan y den garantía (de gobierno a gobierno) de que las harán en el tiempo estipulado y bajo las condiciones requeridas.  Que estas licitaciones no se conviertan en una serie de chorizos subterráneos en donde todo se resuelve con patas, mordidas, amistades y parentelas de los que están en el gobierno.  Para que después no sirva lo que hicieron atropelladamente y con pésimos materiales.  Y como nadie devuelve las propinas, las cosas quedan mal hechas.  “Asesorías legales”, les dicen. 
            Las vías de comunicación son la base del progreso, pues por ellas es donde se mueven los productos hacia los mercados (nacionales e internacionales).  Y esa es la razón por la cual deben ser abundantes y de la mejor calidad que se pueda.  No se debe desperdiciar los recursos haciendo trochas, puentes precarios de un solo carril y otras tantas aberraciones que son clásicas en los países de la América Latina.  Cosas provisionales como tiendas de campaña, que son una pesadilla que nos da ese tinte característico de naciones cuartomundistas, irreales y como de opereta.  Es por eso que no le inspiramos respeto a nadie y no nos toman en serio cuando hablamos de desarrollo.  Aeropuertos enzacatados llenos de vacas y caballos pastando; o verdaderos lodazales en donde aterrizar es una proeza en la que se arriesga la vida.  Senderos suicidas en laderas de montañas (les decimos carreteras), en donde el menor error o falla mecánica significa la muerte.  Puertos ridículos en los que solo puede atracar un barco, mientras los demás esperan días.
            Mientras no encaremos seriamente este problema de la infraestructura, estamos condenados a ser naciones “en vías de desarrollo”, como burlescamente nos dicen los habitantes del mundo avanzado.  El progreso es algo integral que no admite insuficiencias en ningún aspecto.  Tenemos que contar con fuentes de energía, comunicaciones, banca moderna, vías de acceso y salida, buenos y abundantes puertos y aeropuertos. Gobiernos honestos y conscientes de su papel director. Legislación moderna y adaptable a los cambios.  Gente preparada e instituciones sociales de alto nivel que garanticen la permanencia de esos logros.  Ser primermundistas no es fácil, pero tampoco imposible.  Desde luego que eso no cae del cielo simplemente porque nos guste, sino porque hemos hecho, por mucho tiempo, un gran esfuerzo coordinado en una sola dirección y con una meta bien definida.            (¿Qué creen ustedes en sus países?)
            Tercermundescamente
                                                 Ricardo Izaguirre S.                  E-mail: rhizaguirre@gmail.com
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sábado, 25 de diciembre de 2010

737 Feliz Navidad?


737   “LA CHISPA”                (24 diciembre 2009)
Lema: “En la indolencia cívica del ciudadano, se fundamentan los abusos del Poder”
¿FELIZ NAVIDAD?  
            Es lo clásico, lo que siempre se dice para esta época, que es como cualquier otra.  Tiempo de dilapidación, hartazgos y borracheras memorables.  Velada para compartir con los “seres queridos”, de regalos, de buenos deseos escritos en papel.  Momento de cerrar el círculo familiar, comer el pavo, el jamón, los vinos, los dulces, los presentes; hora de recordar la Natividad y las peripecias que pasó la Sagrada Familia; instante de evocación de un simbolismo profundo que hemos vulgarizado tanto, que parece divorciado por completo de la lección que deberíamos derivar de él.  Fiesta de cantos, de amor, de recuerdos y propósitos; de adioses y memorias de los que ya se han ido, de abrazos y sonrisas, de promesas e intenciones.  Jornada de felicidad.  La efeméride del acto histórico más significativo para la cristiandad, la cual nos enseña tantas cosas tan diferentes de lo que hacemos en esta noche.   “Ama a tu prójimo como a ti mismo”, lo hemos reducido únicamente a nuestras propias familias; ahí termina el alcance de nuestra interpretación del mandato más sublime del Maestro.  Una celebración espiritual que hemos convertido en una bacanal romana, repleta de un materialismo ofensivo y desprovisto de todo gesto de hermandad.
            Es hoy que damos gracias al Altísimo por las viandas que vamos a disfrutar, y a la vez, cuando descargamos la consciencia y trasladamos nuestro cotidiano deber con el prójimo, mediante una oración, a ser responsabilidad de Dios: “Te pedimos ¡oh Señor!, que proveas alimentos a aquellos que no tienen nada”.   A pesar de que sabemos que Dios no le da nada a nadie, suponemos que nuestra indolente y acomodaticia petición es la adecuada alternativa al deber que hemos evadido todos los días, todos los meses, todos los años.  Hacemos responsable a la Deidad de la carencia que tienen nuestros hermanos, y pretendemos que con una mecánica petición, está resuelto el problema: el hambre de millones de niños del África, Asia y la América Latina van a desaparecer con la encomienda que le hacemos a Dios.  “Bendice y derrama tus bienes sobre los pobres, te lo pedimos en nombre de tu hijo Jesucristo.  Amén”.   Un alivio de la consciencia, y ya podemos atiborrarnos tranquilamente mientras miles mueren de hambre por todo el mundo.  Pero, ¿puede una oración dicha al desgaire sustituir al deber?   Mientras comemos y bebemos hasta vomitar y enfermarnos, multitudes de personas no tienen nada que llevar a la boca.  Y Dios NO los va a ayudar ni llevarles comida, por más que creamos (o no) que la oración que hacemos con ese propósito pueda tornarse realidad.  Nuestra petición solo es un intento inútil para evadir al dedo acusador de la consciencia.  ¿Qué hicimos este año en beneficio de nuestros hermanos más necesitados?   ¿Hicimos algo que no fuera solo por “YO”?
            Cuando esta noche nos dispongamos al hartazgo y la bebida, debemos recordar que hay legiones de gente con hambre y enfermos de hambre de todo: de comida, de justicia, de salud, educación, cariño y tolerancia; talvez eso nos amargue algo la fiesta, pero nos hará ser un poco fraternales aunque solo sea por unos instantes; es probable que nos avergüence y que “algo” dentro de nosotros (la consciencia) nos obligue a hacer un repaso honesto de cuánto hemos cumplido nuestro deber con los más necesitados y desposeídos de la fortuna.  Cuando piensen que con los miles de dólares que dilapidaron en regalos se podría paliar por varias semanas el hambre de docenas de niños, talvez sientan un poco de pena.  Si meditan en el desperdicio que hacen en licores finos y comidas de lujo, mientras en el mismo barrio hay personas afligidas y en necesidad de lo mínimo, es posible que empiecen a vibrar con el verdadero espíritu de la Natividad.  Si entran en sintonía y logran comprender el concepto de hermandad, habrán entrado en el sutil mundo de la Navidad Verdadera, que nada tiene que ver con el boato y la mascarada en lo que la hemos convertido.  En realidad deseo que se atraganten de amargura, si es posible, cuando en cada bocado de las delicias que comerán, sientan el dolor y la desesperanza de legiones de prójimos sometidos al martirio de la carencia de un plato de comida en esta noche de la Natividad del Hombre, el portador del mensaje de Fraternidad Universal.
            La verdad es que no les deseo esa feliz navidad tradicional; no quiero colaborar con esa farsa que nada significa en relación con lo que, supuestamente, estamos celebrando este día.  No quiero ser cómplice de una actitud que nada tiene que ver con el mensaje que nos llega desde aquel sitio remoto y que, lejos de ser un jolgorio desenfrenado, es el recordatorio del compromiso y obligación que tenemos con nuestros hermanos más necesitados.   ¿Hemos cumplido con él?  ¿Hemos hecho algo por alguien?   Sin pretextos, sin explicaciones… ¿O hemos estado demasiado imbuidos en “mis problemas, mis cosas, mi familia, mi, mi, mi?   Igual que yo, espero que estén angustiados y no puedan comer con tranquilidad, a menos que hayan estado a la altura del mandamiento.   Es hora de la meditación y el enfrentamiento con ese juez de cuyo ojo no podemos escapar ni aunque nos metamos debajo de la tierra.  Podemos mentir, contar historias, fanfarronear o endilgarnos conductas postizas, simular que somos buenas personas, pero no podemos engañarnos.  Y por más oraciones que hagamos en esta noche, si no hemos cumplido con nuestros hermanos más pobres, todo será inútil.  No podremos entrar en la fraternidad de los hombres buenos, de los elegidos, de aquellos que han hecho su tarea en silencio, sin fanfarria y con humildad. 
            Así, pues, que mi Feliz Navidad va prensada entre dos signos de interrogación.   No es un deseo libre e irrestricto, y aunque a ustedes no les desvele ni impida que coman y beban felizmente, espero que en cada bocado que traguen, sientan que hay millones de estómagos que no tienen nada, y que nada esperan de nadie, y que las oraciones no se comen.  Si consigo eso, habré hecho parte de mi tarea.  Y si ustedes meditan sobre esto, habrán hecho parte de la suya y podrán cenar en paz.  Todos estamos obligados a entender qué cosa es la Natividad y cuál su significado; pero si ni siquiera lo intentamos, solo estaremos participando en una fiesta vulgar sin ningún sentido espiritual.  En esta fecha debemos someternos a un severo escrutinio de consciencia, y si no lo pasamos, no tenemos derecho a disfrutar de esta ceremonia que es mucho más que un festín de licor, comida y regalos materiales.  Es el resumen anual de lo que hemos hecho por nuestros prójimos; y si el balance es favorable, entonces, y solo entonces ¡Feliz Navidad!  De lo contrario, ¡placentera comilona y borrachera!
            Fraternalmente
                                      Ricardo Izaguirre S.                              E-mail: rhizaguirre@gmail.com